Las po­si­ciones cortas baten ré­cord en el tí­tulo

Los vaivenes de Gamesa o cómo los especuladores magnifican las noticias

Las apuestas a la baja se to­paron con un buen acuerdo en Estados Unidos

Gamesa
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Gamesa ha per­dido en Bolsa un 21,99% en lo que va de año (con datos al cierre del viernes 9 de mar­zo). En eso ha in­fluido, sin duda, la in­cer­ti­dumbre que se cierne sobre el sector eléc­trico en ge­neral y sobre las com­pañías más de­di­cadas a las re­no­va­bles en par­ti­cu­lar. Pero la fuerza de los vai­venes que ha su­frido en las úl­timas se­manas solo es acha­cable a la di­ná­mica de es­pe­cu­la­ción en la que ha en­trado el mo­vi­miento de sus ac­ciones en los mer­ca­dos, con los ju­ga­dores a corto ha­ciendo presa en ella y mag­ni­fi­cando, hacia arriba o hacia abajo, cual­quier no­ticia re­la­cio­nada con su ac­ti­vi­dad. El úl­timo epi­sodio de este diente de sierra se ha pro­du­cido en las once se­siones bur­sá­tiles que me­dian entre el 23 de fe­brero y el pa­sado vier­nes, día 9 de marzo. En la pri­mera de estas jor­na­das, la del día 23, Gamesa se dejó más del 12% del valor en Bolsa tras pre­sentar los re­sul­tados de 2011.

En la última, la del pasado viernes, se disparó casi un 10% tras cerrar una operación de venta de generadores en Estados Unidos. En ambas fechas hubo gran actividad en operaciones bajistas sobre el valor y los datos objetivos seguramente no justifican por sí mismos oscilaciones tan elevadas.

El 23 de febrero, Gamesa presentaba unos resultados de 2011 que, a pesar de las incertidumbres que se ciernen sobre el sector, registraban un beneficio neto de 51 millones de euros (un 2% superior a la de 2010). Ello fue posible gracias a que las ventas del grupo crecieron un 10%, hasta los 3.033 millones de euros, impulsadas por la recuperación de la fabricación. El resultado neto de explotación (Ebit) fue de 131 millones de euros (también un 10% superior al de 2010). En su comparecencia ante los analistas, Gamesa destacó que las ventas de aerogeneradores supusieron 2.875 millones de euros y que el 92% de ellas provinieron del exterior.

Es verdad que las cifras no eran para organizar grandes fiestas pirotécnicas, pero eran razonables. Fuentes del mercado consultadas por Capitalmadrid aseguran, sin embargo, que lo que realmente llevó a los inversores a deshacer posiciones en Gamesa fue la previsión que hizo de ventas de aerogeneradores para 2012, que eran muy conservadoras. Un informe elaborado por analistas sobre los resultados y los planes de la sociedad, señalaba que, efectivamente, el sector de la energía eólica tiene riesgos derivados de las incertidumbres legislativas, pero que en el lado contrario, el objetivo europeo de que en 2020 el 20% de la energía consumida en la Unión sea renovable beneficiará a Gamesa a largo plazo. El análisis resaltaba también el esfuerzo realizado por la compañía para internacionalizar su negocio. Pero el valor se desplomó.

Seguramente no es casualidad que en el recuento que hizo la CNMV en día 24 de febrero, un día después del desplome, saliera a la luz que Gamesa estaba sujeta a la mayor invasión de especuladores bajistas (posiciones cortas, las llaman) de su historia. La suma de las posiciones que superan el 0,5% del capital (que hay que publicarlas) más las que individualmente supongan entre el 0,2% y el 0,5% (que deben ser comunicadas), suponía nada más y nada menos que el 9,442% del capital de la sociedad. Pero la realidad es todavía más dura, ya que el saldo acumulado de operaciones con acciones de Gamesa a crédito, es decir, las compras y ventas pactadas mediante préstamos de acciones (suelen ser de especulación sobre precios, normalmente a la baja) afectan en la actualidad al 22% del capital de la compañía. Todo parece indicar que el 23 de febrero había muchas apuestas a la baja y si el valor subía algunos inversores, entre ellos seguramente más de un fondo de alto riesgo, iban a perder dinero, cosa que finalmente no pasó, porque acabó imponiéndose el pesimismo.

Y después, hacia arriba

Este último viernes se produjo justo el efecto contrario al del 23 de febrero anterior. Gamesa comunicó a la CNMV que había cerrado una operación para vender cuatro parques eólicos en Estados Unidos (240 aerogeneradores) con una potencia total de 480 megavatios, por un importe de 900 millones de dólares (unos 700 millones de euros, que suponen la cuarta parte de todo lo vendido en generadores durante 2011). El acuerdo, suscrito a través de sus filiales norteamericanas con la eléctrica canadiense Algonquin Power & Utilities, prevé, además, dejar en manos del grupo español la operación y mantenimiento de estos cuatro parques, situados en los estados de Iowa, Pensilvania, Texas e Illinois, durante veinte años.

 El comunicado de Gamesa añadía que la operación generará un resultado neto de explotación (Ebit) de 35 millones de dólares (unos 26,5 millones de euros). A este respecto, hay que tener en cuenta que la cifra supone algo menos de la cuarta parte del Ebit logrado por el grupo en 2011. La noticia rompía, al menos para 2012, el maleficio que los mercados habían puesto sobre la cabeza de Gamesa en forma de un estancamiento de las ventas de aerogeneradores. Su apuesta exterior funciona y la cifra descolocó a algunos analistas pero, sobre todo, a los bajistas.

La avalancha de órdenes de compra fue de tal calibre que la CNMV suspendió la cotización durante dos horas tras el anuncio de la sociedad. Al reanudarse, llegó a superar el 11% de subida, aunque a última hora se relajó algo y se quedó en el 9,73% para el conjunto de la sesión. Si el 23 de febrero, el día del desplome, habían cambiado de manos 23,2 millones de acciones (el 9,3% del capital), el pasado viernes se movieron 13,7 millones de títulos (el 5,5% del capital) pero con un efecto en la cotización muy parecido, aunque de signo contrario.

Aquí lo que pasó, según las fuentes consultadas por Capitalmadrid, fue que los cortoplacistas que habían apostado a la baja con vencimientos próximos vieron que las buenas noticias les iban a pasar una factura importante en forma de pérdidas. Para intentar minimizar el impacto tenían que comprar acciones de forma inmediata para cubrir los préstamos adquiridos, antes de que la cotización se disparase. Este tipo de actuaciones de los tenedores de posiciones cortas, bien conocidas en los mercados, lo que producen al final es que el valor queda sujeto durante unas horas a una auténtica avalancha de peticiones de títulos en el mercado, con lo que finalmente sube más de lo que razonablemente habría cabido esperar, al igual que cualquier mala noticia, aunque en realidad no pase de regular, es capaz de hundir la cotización por lo contrario, sin que se hayan tenido en cuenta los fundamentales de la compañía.

Los analistas del Banco Sabadell vaticinaban hace pocos días en un informe que Gamesa es una clara candidata a salir del Ibex 35 en los próximos meses, debido a su baja capitalización bursátil. A nadie le gusta salir de la parte noble del escaparate de la Bolsa, pero es probable que si la sociedad pasa del Ibex al Mercado Continuo, las garras de los tomadores de posiciones cortas cambien de objetivo y las cotizaciones de la sociedad se ajustarían algo más a sus verdaderos potenciales como empresa.

 

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