El plazo de la oferta, por un im­porte de 150 mi­llones de eu­ros, ex­pira la pró­xima se­mana

La Caixa Geral de Depósitos estudia una oferta de Liberbank por su filial española

El mayor banco luso no des­carta una alianza es­tra­té­gica antes de irse de España

Caixa Geral
Caixa Geral

Aunque re­chace hacer cual­quier co­men­tario ofi­cial sobre la anun­ciada pre­sen­ta­ción de una oferta de Cajastur por el Banco Caixa Geral (BCG), el banco pú­blico luso Caixa Geral de Depósitos (CGD) no oculta que su fuerte apuesta por el mer­cado es­pañol, con­si­de­rado como es­tra­té­gico hasta hace pocas fe­chas, tiene los días con­ta­dos. Su venta es una de las im­po­si­ciones de la "troika" FMI/UE/BCE, en el ám­bito del plan de res­cate de 78.000 mi­llones de euros para Portugal. Así, además de la pri­va­ti­za­ción de la eléc­trica EdP y de REN (la ges­tora de las redes ener­gé­ticas na­cio­na­les), cuyo con­trol pasó a manos chinas (China Three Gorges et State Grid, res­pec­ti­va­men­te), y de otras anun­ciadas para los pró­ximos meses (aerolínea Tap, Aguas de Portugal, trans­portes pú­bli­cos, etc.), el go­bierno de Lisboa tuvo que cortar de raíz las am­bi­ciones de ex­pan­sión in­ter­na­cional de la CGD, cuyo único ac­cio­nista sigue siendo el Estado.

De ahí, por lo tanto, la puesta en venta del BCG y la oferta de compra del español Liberbank (Cajastur, Caja de Extremadura, Caja Cantabria), que ha presentado una oferta de 150 millones de euros y que según el diario luso Público expira la próxima semana. CGD lleva dos décadas en España: en 1991 se hizo con el Banco de Extremadura y la red española del Chase Manhattan Bank, cuya fusión dio lugar al Banco Luso Español y que en 2006, tras la integración de Banco Simeón, adoptó el nombre de Banco Caixa Geral, que tiene 211 oficinas y una plantilla de 1.100 personas.  

Pese a los resultados sistemáticamente negativos de la filial española, la CGD siempre insistió en la importancia estratégica del mercado español, no tanto por la clientela dom´rstica, sino porque España absorbe casi un tercio de las exportaciones portuguesas y es hoy el principal inversor extranjero en Portugal, sino también porque la estrategia del banco público luso pasaba por presentarse como el mejor agente y interlocutor de las empresas portuguesas instaladas en España (más de medio millar) y de las españolas en Portugal (unas 1.500).

Tanto es así que antes de que estallara la crisis, y sobre todo antes de que el país tuviera que ponerse bajo la tutela de la "troika", que es quien dicta ahora la política del gobierno en todo lo concerniente al gasto público, a la actividad financiera y a la reestructuración económica, la CGD insistía una y otra vez en que solo esperaba una oportunidad para hacerse con un banco mediano español. Y fue solo por falta de medios y más aun quizás de coraje por parte de sus máximos responsables, que dejó escapar varias oportunidades, primero el Atlántico, y después el Guipuzcoano.

En todo o caso, el futuro del BCG no está en las manos de la administración de la CGD, sino del gobierno de Lisboa, y más concretamente de la Secretaria de Estado de las Finanzas Maria Albuquerque, que ejerce el poder de tutela sobre el banco controlado al 100% por el Estado. Por lo tanto, aunque sea el presidente de Caixa BI Jorge Tomé quien lleva unos seis meses estudiando la oferta presentada inicialmente por Cajastur y confirmada después por el nuevo Liberbank, fruto de la fusión con Caja Extremadura y Caja Cantabria, la última palabra sobre la estrategia internacional de la CGD la tendrá el gobierno portugués y siempre bajo la supervisión de la "troika".

Lo que sí está claro es que la CGD intentará convencer al primer ministro Passos Coelho y a la  secretaria de Estado de las Finanzas de que aunque el BCG solo represente un volumen anual de negocio de 10.000 millones de euros y que no es todavía rentable (los últimos años recibió inyecciones de liquidez por parte de la "casa madre" que según Publico representan el equivalente de 45% del déficit publico), la presencia del banco público en España tiene una dimensión estratégica para los intereses nacionales.

Buena prueba de ello, por ejemplo, es que la crisis no tuvo gran impacto negativo sobre las relaciones comerciales luso-españolas y no frenó la inversión española en Portugal ni el interés que tienen las empresas nacionales por el mercado español, que es un mercado seis veces mayor que el luso y donde necesitan todo el apoyo técnico y financiero de una entidad pública como la CGD, que cumula dos décadas de experiencia en España.   

Proximidad geográfica

De hecho, lo primero que hace toda empresa portuguesa con ambiciones de expansión internacional es acercarse al mercado español, porque es el más cercano y por afinidades culturales y lingüísticas (en el caso de Galicia). Así, antes de dar el salto a otros países, optan por ganar pulso y experiencia en España, que consideran el mejor mercado para probar sus marcas. El éxito de Sonae es buena prueba de ello: ya tiene en España un centenar de tiendas Zippy (moda infantil), Worten (electrónica) y Sport Zon (prendas deportivas).

Lo que hará pues CGD, frente a la imperiosa necesidad de renunciar a su estrategia de expansión internacional, y a la espera de tiempos mejores, será utilizar el BCG como moneda de cambio para mantener alguna presencia en España. La idea que lleva meses fermentado en la alta dirección del banco público, comenta algún analista, es que podrían utilizar el interés de Liberbank por el BCG para negociar una "alianza estratégica" con algún banco español.

La CGD puede argumentar, en defensa de su estrategia de expansión, que ya la tendría más desarrolladla y quizás con resultados positivos si no fuera en grande parte por la intervención de los gobiernos de turno: los dirigentes políticos llevan años utilizando la institución para salvar decisiones catastróficas (por ejemplo, la nacionalización del pequeño banco BPN, donde la CGD tuvo que inyectar unos 5.000 millones de euros), para colocar "amigos" en altos puestos bien remunerados y para financiar operaciones sin rentabilidad.

Y ahí están los malos resultados cosechados el último ano: por la primera vez en sus 130 años de historia, la CGD sufrió una pérdida de casi 500 millones de euros, atribuida a los 1.600 millones de euros de provisiones. El banco público, que tiene de actuar muchas veces como "bombero" al servicio del poder político, destinó 827 millones a la cobertura del crédito moroso y otros 349 millones a las minusvalías de la cartera de inversiones en títulos de grandes empresas  nacionales como  Portugal Telecom y el mayor banco privado del país BCP.

Además de la venta de la filial en España, la CGD estudia desprenderse igualmente de su actividad aseguradora, Caixa Seguros,  cuyo principal "novio" seria Mapfre, que lleva tiempo esperando una buena oportunidad en el país vecino, donde inicio su actividad internacional pero donde aun  controla menos de 3% del mercado.  Hace poco, Mapfre estuvo a punto de comprar otra pequeña aseguradora lusa, Vitoria, que al final paso a manos francesas, pero se rumorea que lo que de verdad le interesa es Caixa Seguros.

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