GEOPOLÍTICA NACIONAL

Similitudes y diferencias entre Escocia y Cataluña

Comparativamente, España sal­dría peor pa­rada que el Reino Unido

Seguidores del Barça
Seguidores del Barça

Los re­fe­rentes ex­ternos del na­cio­na­lismo ca­ta­lán, más fiel­mente sos­te­nidos a lo largo de los años, han sido los dos re­fe­rendos pro-in­de­pen­dencia ce­le­brados hasta ahora, con re­sul­tados ne­ga­ti­vos, en la pro­vincia ca­na­diense de Quebec (1980 y 1995), y la se­cular agi­ta­ción de los na­cio­na­listas es­co­ceses en pro de cons­ti­tuir un es­tado se­pa­rado del de los in­gle­ses, ga­leses e ir­lan­deses que se in­te­gran en el resto del Reino Unido.

El caso de Escocia domina hoy el imaginario nacionalista catalán debido a una serie de factores. Uno de ellos es que el caso canadiense no para de producir frustración. En las recientes elecciones generales en la provincia canadiense francoparlante el Partido Quebequés obtuvo un modestísimo resultado, que no alentaba las ganas de intentar un tercer referéndum pro independencia. Desde Barcelona había, pues, que mirar a otra parte.

En Escocia, el gobernante Partido Nacionalista Escocés (SNP), liderado por Alex Salmond, llevó en el programa electoral con el que obtuvo el poder la convocatoria de un referéndum de independencia de Escocia, a celebrar durante su mandato, y que según el reciente acuerdo con el gobierno del Reino Unido, presidido por el conservador David Cameron, se celebrará en 2014.

El caso de Escocia ha sido siempre más estimulante para los independentistas catalanes que el quebequés, por dos razones. Primero, porque el imaginario propio de los romanticismos nacionalistas escocés y  catalán, así como sus literaturas "folk", contemplan sus tierras como países irredentos, que perdieron sus libertades hace cientos de años, y se hallan todavía sujetos a las leyes impuestas desde fuera  por reinos más fuertes y populosos.

La segunda razón es de tipo político e institucional: Escocia y Cataluña forman parte de estados que son miembros de la Unión Europea. Salmond ha prometido a sus seguidores que una Escocia independiente continuaría siendo miembro de la Unión, cosa también garantizada por los catalanes independentistas ("un estado propio de Cataluña en Europa", según Mas). Como escoceses y catalanes (sigue el razonamiento de los nacionalistas de uno y otro país) ya son ciudadanos de la UE, la secesión no puede privarles del derecho de seguir siendo lo que ya son. Dado que la Unión sólo se concibe, por principios y por estatuto jurídico, como formada por ciudadanos libres, la Unión debe aceptar automáticamente la incorporación del estado independiente deseado por la mayoría de sus ciudadanos, si ha sido aprobada en un referéndum de independencia.

Somero examen geopolítico

Escocia pone ahora sus ojos sobre Cataluña tanto como Cataluña sobre Escocia. Los nacionalistas de uno y otro país no ven sino paralelos y semejanzas entre los dos casos. Un somero examen de esta cuestión bajo categorías geopolíticas demuestra que, en efecto, hay un desarrollo paralelo previsible entre los dos casos (en el supuesto de las dos secesiones) pero también diferencias radicales entre ellos.

El efecto paralelo lo podemos sintetizar así: la formación de dos nuevos  estados independientes (Escocia y Cataluña) disminuiría automáticamente el peso económico de los dos estados-madre, Reino Unido y España, y por lo tanto su influencia y, si se quiere, también su poder político, tanto en Europa como en el resto del mundo. Mientras el Reino Unido perdería quizás el 10% del poder económico, España perdería aproximadamente el 20%, reflejando ambos porcentajes, aproximadamente, el peso económico que Escocia y Cataluña tienen dentro de sus reinos respectivos. Por parte del RU la nueva situación causaría una disminución proporcional de la influencia de la City de Londres. En el caso de España, la resta del peso económico catalán haría que probablemente  perdiera su puesto en el G-20, ya que con el 80% de su PIB restante se vería sobrepasada por unos cuantos países emergentes, ansiosos de nuevas formas de reconocimiento internacional, que podrían reclamar por sus atributos cuantitativos superiores a los españoles.

En otro orden, la contribución que ambos países hacen con sus fuerzas armadas e instalaciones territoriales en Escocia y Cataluña a la Alianza Atlántica dejarían de considerarse activos aportados por los dos países a la defensa común, a no ser que fuesen puestas en arriendo esas mismas instalaciones como bases extranjeras a los estados que hoy son titulares de ellas, lo cual es algo que posiblemente sus respectivos pueblos no desearían. Si los nuevos estados renuncian a dotarse de unas costosas fuerzas armadas, su pertenencia a la Alianza sería poco probable, aunque quisieran ingresar en ella. En todo caso, España y Reino Unido "valdrían" menos como activos materiales de la Alianza con una Escocia y una Cataluña independientes.

Enfoque geográfico de la geopolítica

Si los efectos ya descritos de unas Escocia y Cataluña independientes son comparables porque pertenecen a una misma clase de efectos (económicos y estratégicos), las semejanzas terminan ahí si los casos son examinados bajo un criterio geopolítico más inclinado del lado de la geografía.

La formación histórica, tanto de España como del Reino Unido, se produjo a través de los siglos mediante los flujos de personas, recursos, soldados e ideas entre sus respectivos espacios geopolíticos, situados en la periferia del continente, y el abigarrado conjunto de poderes que iban cristalizando y transformándose en el espacio continental europeo, sobre todo en su parte occidental. La facilidad de acceso y su frecuencia a los centros de poder y mercados del continente (donde vivía la gran mayoría de la población europea) eran vitales para el desarrollo de unas entidades políticas definidas en el Reino Unido y en España.

La masa geográfica principal del Reino Unido (Inglaterra) siempre gozó de un acceso naval casi completamente libre al continente, mientras que la dirección contraria era casi impracticable. La masa geográfica principal de España (digamos Castilla y sus reinos) siempre tenía condicionados los accesos al continente por la posición que los pueblos que ocupaban y ocupan las dos principales vías de entrada al continente, por los dos extremos de los Pirineos, quisieran adoptar respecto del poder político principal de la Península.

De una forma o de otra, el acceso de la masa territorial peninsular a Europa a través de sus comunicaciones terrestres ha dependido de la posición que tomaran respecto de esos tráficos los pueblos que ocupaban los puntos de acceso al continente, es decir, catalanes y vascos, dos pueblos con sus lenguas propias e historiales de tipo institucional particulares, pero secularmente integradas en el cuerpo político de España. Una secesión en Cataluña y en el País Vasco condicionaría la evolución del resto de la Península (y en esto habría que incluir a Portugal), en cuestiones tan trascendentales como libertad de tránsito de personas y mercancías, seguridad fronteriza, tráficos ilegales, terrorismo, etc., con reflejo en las economías y grados de bienestar, en España y también en Portugal

El Reino Unido no sufriría la misma condicionalidad en sus accesos al continente, porque Escocia es marginal a este respecto, dada su lejanía y la proximidad de Inglaterra a las costas europeas.

En resumen, por un hipotético acceso de Escocia a su independencia, el Reino Unido perdería incomparablemente mucho menos que España perdería con una Cataluña independiente, en términos de disponibilidad sobre los recursos que hoy les permiten superar sus condicionantes de tipo geopolítico, los cuales hoy pueden controlar con total libertad dada su plena soberanía como estados.

Quizás sea ese tipo de consideraciones la razón de que los catalanes independentistas observen una marcada diferencia de tono en las respuestas británica y española a las intimaciones secesionistas de parte de los escoceses, por un lado,  y de vascos y catalanes por otro. No se asiste con el mismo grado de flema cuando a uno le anuncian que le van a amputar un dedo que cuando quieren amputarle un pie.

Apunte al margen para la historia anecdótica

Hace unos diez años aproximadamente, con motivo de una reunión de alto nivel de la Alianza Atlántica celebrada en Barcelona, el entonces presidente de la Generalidad Jordi Pujol invitó a un almuerzo a las personalidades "atlánticas", entre ellas, y  en primer lugar, el secretario general de la OTAN, el escocés de nacimiento lord Robertson, y el ministro español de Defensa, Federico Trillo. Lo recuerdo muy bien: en su discurso el presidente Pujol le dijo a Robertson, mientras le daba incontable número de palmaditas en la espalda, que el día en que Escocia fuese independiente, habría llegado también la hora para la independencia de Cataluña.  Dicho, naturalmente, como medio en broma...

 

Artículos relacionados