Corcóstegui retrasa su incorporación a Banca Cívica a febrero de 2012

Por la cláu­sula de in­com­pa­ti­bi­lidad con el Santander Central Hispano

Ángel Corcóstegui
Ángel Corcóstegui

El golpe de efecto que Enrique Goñi, di­rector ge­neral de Caja Navarra y co­pre­si­dente de Banca Cívica, tuvo de cara a la sa­lida a Bolsa del grupo for­mado tam­bién por CajaCanarias, Caja Burgos y la se­vi­llana Cajasol y con la vista puesta sobre todo en los in­ver­sores ins­ti­tu­cio­nales ex­tran­jeros tar­dará ocho meses más en ha­cerse reali­dad.

Ángel Corcóstegui, que fue vicepresidente y consejero delegado del Santander Central Hispano, no podrá incorporarse al consejo de administración de Banca Cívica, del que fue nombrado el 13 de junio como consejero independiente, hasta febrero del año que viene. Corcóstegui aceptó el nombramiento, pero dejó muy claro que había una cláusula de incompatibilidad suscrita con su antiguo banco, ahora Santander.

La cuestión se remonta nada menos que a febrero del año 2002. Ángel Córcóstegui, considerado junto a Alfredo Sáenz, vicepresidente tercero y consejero delegado del Santander (y a quien sustituyó, dejando la presidencia de Banesto a Ana Patricia Botín, ahora en el Santander Reino Unido), como el discípulo aventajado del malogrado presidente del Banco de Vizcaya, Pedro de Toledo, pactó con Emilio Botin su marcha de la entidad. Corcóstegui, que ‘sufrió' la fusión entre el Vizcaya y el Bilbao y la situación creada por el fallecimiento de Pedro de Toledo, abandonó el BBV y se marchó en el año 1994 como primer ejecutivo del Central Hispano, presidido por José María Amusátegui. Fue una persona clave en la fusión con el Santander, que colocó a Emilio Botín en la cima de la banca española.

Pero pronto hubo divergencias entre los directivos del Central Hispano, que se consideraban absorbidos por los del Santander. La salida de Corcóstegui del Santander Central Hispano, que recibió 108 millones de euros como compensación, llevó incluida una cláusula de no competencia que le impedía asumir funciones ejecutivas o de consejero en cualquier otra entidad financiera durante los siguientes diez años. Lo habitual en esos casos es un plazo de dos años (que es el tiempo que se exige en el Banco de España, por ejemplo), pero se pactó un tiempo más prolongado al considerar también la elevada compensación recibida.

Esa cláusula sigue vigente hasta febrero de 2012, ya que Corcóstegui declinó hablar con Emilio Botín o con el consejo de administración del Santander para tratar de acortarla unos meses y facilitar su incorporación al consejo de Banca Cívica. También pesó en la decisión de Corcóstegui toda la polémica suscitada por su marcha, y la anterior (agosto de 2001) del copresidente del Santander Central Hispano José María Amusátegui, que recibió una indemnización de 56 millones de euros. Abogados ligados al fallecido consejero de Banesto y azote habitual de las juntas generales de accionistas del Santander, Rafael Pérez Escolar, llevaron el caso a la Audiencia Nacional, que absolvió tanto a los directivos del antiguo Central Hispano como al Santander.

El 13 de junio, Banca Cívica anunció a bombo y platillo la incorporación de Ángel Corcóstegui a su consejo de administración, junto al presidente de Itínere y del G-14, Pedro Pérez, ex secretario de Estado de Economía en Gobiernos de Felipe González. Pero a los responsables de Comunicación de Banca Cívica se les olvidó mencionar el ‘pequeño detalle' de que Corcóstegui no podía hacer efectiva su incorporación hasta febrero de 2012. Esta cuestión sí apareció en el folleto informativo de la salida a Bolsa de Banca Cívica.

El fichaje de Corcóstegui como consejero de Banca Cívica, aunque no haya tomado posesión de su cargo, ha sido clave para la salida a Bolsa de la primera fusión virtual de cajas de ahorro. Especialmente, para la captación de inversores institucionales, tanto nacionales como extranjeros.

Y su incorporación definitiva al consejo de administración de la segunda fusión de cajas que logró salir a Bolsa (tras Bankia, ya que CaixaBank, la primera caja en cotizar, no es fruto de una integración de entidades de ahorro) se antoja fundamental para consolidar como accionistas al centenar de fondos y otros inversores institucionales (30%, extranjeros, 20% británicos, y 10% norteamericanos) que entraron en el banco en ese momento. Sobre todo, para atraer nueva inversión institucional.

De hecho, un viejo conocido de Corcóstegui, Ram Bhavnani, quiere realizar una inversión mayor en Banca Cívica cuando las circunstancias de los mercados y de la financiación mejoren. Muy relacionado con CajaCanarias por sus negocios en Tenerife (Casa Kishoo), para Bhavnani el hecho de que uno de sus mejores amigos en la banca española, como Ángel Corcóstegui, se incorpore definitivamente al consejo de administración de Banca Cívica es el empujón para acometer la operación.

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