GEOESTRATEGIA

Primeros interrogantes sobre el futuro de Libia

Hace falta un Mediterráneo Sur unido y fuerte

Tripoli, Libia
Tripoli, Libia

Ya están abiertos todos los in­te­rro­gan­tes, y el más in­tri­gante no es: ¿cuándo y dónde será lo­ca­li­zado el co­ronel Gadafi? Veamos una serie de ellos, cada uno con una re­le­vancia par­ti­cular para la se­gu­ridad y los in­tereses de Europa y, por tanto, para los de España. ¿Seguirá Libia el ca­mino de Afganistán e Iraq, de la li­be­ra­ción a la guerra ci­vil? Afganistán e Iraq eran y son dos países pro­fun­da­mente di­vi­didos por ra­zones ét­nicas y re­li­gio­sas. Como so­ciedad esen­cial­mente tri­bal, en Afganistán el factor di­vi­sivo prin­cipal es de tipo ét­nico: la po­bla­ción pastún del este y sur del país cons­ti­tuía el apoyo fun­da­mental del ré­gimen ta­li­bán, y de allí sa­lían y salen sus di­ri­gen­tes, jueces y mi­li­cias ar­madas para im­poner la ley y el orden bajo una in­ter­pre­ta­ción ex­tre­mista de la sharía o ley is­lá­mica.

La población afgana es, en su inmensa mayoría, de confesión sunnita, por lo que la opresión religiosa es un vehículo de hegemonía étnica más que un proyecto sectario. El Iraq pre y post-.Sadam se halla dividido por afiliaciones sectarias: la casta dominante sunnita representaba el 20% de la población, las masas chiitas oprimidas el 60% o más, y otras religiones el resto. Al romperse el régimen de Hussein, las masas chiitas no aprovecharon la oportunidad de su liberación para afianzarse políticamente por medios pacíficos, sino para perseguir a los sunNitas, cristianos, etc., en lo más parecido a una guerra de religión que conocemos en el siglo XXI.

Libia está muy dividida desde el punto de visto étnico. Sus tribus son entidades orgánicas que absorben y canalizan las aspiraciones populares. Sus "ancianos" o líderes son los auténticos representantes del pueblo. Hay tribus de oprimidos y tribus de opresores. En un sentido muy general, el este del país, con capital en Bengazi, era territorio oprimido, y el occidente opresor. Junto a la población árabe mayoritaria hay en Libia minorías tribales de bereberes, tuaregs, tubùs, etc. Con una población casi totalmente sunnita, el factor religioso divisivo lo constituye la fuerte implantación del salafismo extremista en la parte oriental del país. Libia ha dado una proporción característicamente alta de terroristas y militantes a al-Qaida. A éstos se atribuye el asesinato del general que se perfilaba como primer jefe militar de los rebeldes, Abdel Fatah Younis. Debe esperarse, pues, en el periodo post-gadafista, fuertes tensiones intertribales por el control político de territorios, ciudades, pueblos, instituciones etc. Esta situación de pan-secesionismo era manipulada en tiempos coloniales por las potencias europeas para ejercer su control sobre el territorio y mantener un cierto grado de paz. Y luego fue Gadafi quien utilizó el modelo. Este método de dominio sigue ahí disponible para quien quiera y pueda adoptarlo.

Así, pues, si no se quiere que Libia caiga por la misma pendiente que Afganistán e Iraq, de guerra civil y lucha sectaria, deberá aparecer pronto en Libia una autoridad fuerte, legitimada de alguna forma por los mismos libios y la comunidad internacional.

¿Qué fuerzas extranjeras o internacionales protegerán el proceso de formación de una autoridad legítima libia? Ha sido la OTAN la que ha hecho la contribución estratégicamente decisiva al derrocamiento del régimen gadafista, mientras que los rebeldes libios han actuado como fuerza táctica de choque. Sobre esto los aliados no deberían hacer ninguna concesión a la opinión internacional adversa. Sin OTAN habría habido un baño de sangre en Libia, y el régimen se habría afianzado por otros cuarenta años bajo una dinastía Gadafi, y rusos, chinos, árabes y africanos hubieran seguido haciendo negocios con Libia, al igual que europeos y norteamericanos, y recibiendo, según los casos, subsidios o contratos y concesiones petrolíferas. Ahora bien, sin los rebeldes, la OTAN no habría tenido autoridad alguna para intervenir, así que la alianza debe seguir contando con la anuencia de la autoridad que representa a los rebeldes, el Consejo Nacional de Transición (CNT) para proporcionarle a ésta el marco de seguridad y la estabilidad que le permitan emprender la reconstrucción (y la democratización si es posible) de Libia. Es muy probable que la CNT desee contar todavía con el apoyo de la OTAN, por lo menos en las primeras fases de inestabilidad militar y social. No se olvide que los rebeldes no fueron capaces de formar un mando militar jerarquizado, y que todas las partidas guerrilleras y una gran parte de la población se han hecho con cantidades inmensas de armamento. Pero la continuación de la tutela de la OTAN se encuentra con que el mandato que le otorgó la ONU tiene fecha de caducidad y se limita a una zona de exclusión aérea.

**¿Qué otros organismos y naciones deberían participar en la reconstrucción de Libia? **Llegará un momento en que otros organismos y países exijan jugar algún "as" sobre Libia. Sin duda querrán tener mucho que decir Francia y Reino Unido, que han llevado el peso militar principal, así como Turquía entre los aliados, y los países de la Liga Árabe, y aún China y Rusia, que no contribuyeron a la intervención internacional. Un papel preeminente parecería corresponder a Egipto como primer país árabe y vecino inmediato de Libia.

¿Habrá premios y castigos para los que ayudaron y los que no ayudaron? Posiblemente "los que no" hayan de sufrir algún tipo de castigo de la nueva autoridad libia, o al menos cierta discriminación a favor de los que ayudaron, a la hora de renovar las licencias de explotación del petróleo vigentes, o de conceder otras nuevas. Pero es dudoso que este deseo de sanción sea llevado demasiado lejos, puesto que cualquier prolongación de la misión de seguridad en Libia por cuenta de Occidente debe encontrar su refrendo en una resolución de las Naciones Unidas. Para ese momento, la OTAN dejará de ser el instrumento adecuado, y pasaría a serlo la Unión Europea y naciones árabes significativas como Egipto y Arabia Saudí, todo bajo la acuciosa inquisición de Rusia y China. Lo último que necesita Occidente es que se le pueda acusar, una vez más, de llevar a cabo sus intervenciones militares con la mira puesta en la explotación del petróleo árabe. En cuanto a Rusia, no sabemos si los rebeldes guardarán resentimiento por el hecho de que han tenido que combatir contra armas rusas, y por la colaboración política entre Trípoli y Moscú, que data de los tiempos en que Gadafi era el abanderado del nacionalismo árabe antioccidental. China, desde luego, no va a consentir que sus intereses en Libia (inversiones de $20.000 millones) sean soslayados, y sin duda (rebosando de reservas como está) puede estar más que deseosa de seguir invirtiendo en el petróleo y en la reconstrucción de Libia.

¿Seguirá Obama apoyando la operación libia? Como se recordará, lo que el presidente autorizó fue el apoyo de las fuerzas norteamericanas a la operación de la OTAN, no una intervención directa contra Libia. (Haría falta un sofista muy avezado para distinguir una cosa de otra...) En todo caso, lo hizo sin buscar la aprobación del Congreso y contra una fuerte oposición bipartidista. Sin embargo, hay un tema residual que puede tener un interés particular para los Estados Unidos. Como se recordará, en el atentado contra el Pan Am 103 que cayó en 1988 sobre Lockerbie murieron más de doscientos pasajeros, muchos de ellos estadounidenses. Parece ser que entre ellos viajaban, según informa Stratfor, agentes del servicio secreto, así que no sería extraño que sus compañeros tengan un interés especial en capturar a cuantos tuvieron algo que ver con el atentado, y especialmente un tal al-Megrahi, que fue liberado el pasado año de su prisión en el Reino Unido en un arreglo bastante dudoso explicado por motivos de salud, aunque dicho señor reapareció recientemente en Libia, junto a Gadafi, con una aparente salud de hierro.

¿Qué interés estratégico tienen Europa y España en Libia? Es obvio. Libia es la pieza suelta de la ribera sur del Mediterráneo, y resultaba aún más excéntrica después de las revoluciones de Túnez y Egipto. Europa necesita vitalmente una ribera sur del Mediterráneo que constituya un socio comercial y político significativo, y no meramente marginal como ahora. Es la ausencia de socios de importancia en la ribera sur lo que hace que se pueda hablar de "países periféricos de Europa" para aludir a los de la ribera norte del Mediterráneo. El fracaso de la tan invocada unidad del Magreb y la de éste con el Mashrek al oriente es un índice de ineptitud de los países árabes para incorporarse al mundo moderno, y por lo tanto un freno al desarrollo de una comunidad de naciones del Mediterráneo, próspera y pacífica.

 

Antonio Sánchez-Gijón es analista de asuntos internacionales.

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