LA ESTALACTITA

El incidente Gallardón

La crisis abre una fi­sura in­su­pe­rable entre los po­lí­ticos y la so­ciedad

Alberto Ruíz Gallardón
Alberto Ruíz Gallardón

El ho­ri­zonte po­lí­tico es­pañol está cada día más tur­bio. El pre­si­dente Rodríguez Zapatero es cons­ciente de que la le­gis­la­tura está ago­tada, pero le atan al palo mayor de la Moncloa los com­pro­misos ad­qui­ridos en Bruselas, com­pro­misos de re­formas que es­pantan a una gran parte de su par­tido. La ya vieja con­signa -¡Es la eco­no­mía, es­tú­pi­dos!- ad­quiere un aire omi­noso para los cua­dros del PSOE que quieren ade­lantar las elec­ciones para es­capar a la in­mo­la­ción que exigen los mer­ca­dos. Joaquín Almunia lo dijo en te­le­vi­sión, por si al­guien no se había en­te­rado. Las re­formas pen­dientes -negociación co­lec­tiva, la­bo­ra­les, pen­sio­nes- deben adop­tarse en cues­tión de se­manas y, como mu­cho, me­ses. El ca­len­dario no lo fijan los in­tereses elec­to­rales del Gobierno, del par­tido, viene im­puesto por las ne­ce­si­dades de fi­nan­cia­ción de la eco­nomía es­pañola.

La crisis que, obviamente, golpea más a los que menos tienen porque no tienen con que protegerse, ha abierto una profunda fisura entre amplios sectores de la sociedad y el sistema político democrático. El ascenso social de las clases medias, básicamente un acceso al consumo que hoy se le empieza a negar por falta de ingresos, se ha detenido con la crisis. El riesgo para las clases medias de caer en la pobreza, algo que se conoce bien en el modelo liberal de Estados Unidos, aparece en el horizonte social español. La división social se agudiza. A los partidos les sorprende que la protesta se formule al margen de los discursos ideológicos convencionales. No se dan cuenta que la sociedad de consumo arrasó hace años con la propaganda/publicidad político/ideológica para sustituirla por reclamos que ofrecían una mayor participación en el bienestar general. Las clases medias/medias se van de crucero, algo reservado hace algunos años a los más ricos.

La mutación que está experimentando la economía española, inmersa en un proceso irremediable de globalización, tendrá las consecuencias sociales y políticas que todos los cambios de modelo implican. La violencia del cambio, un cambio violento puede ser un cambio rápido, acelerado, puede llevar a algunos sectores a responder también con violencia. La caída en la pobreza siempre es una caída violenta, emocionalmente. Sectores educados, entre ellos muchos universitarios con legítimas aspiraciones a progresar socialmente, se niegan a aceptar esa realidad amarga. Y buscan culpables cerca. Los banqueros, los políticos y sus lacayos: los medios de comunicación. El aparato mediático/propagandístico acota la legitimidad de la protesta a la expresión "pacífica" de la disidencia. Ocupación de plazas públicas y privadas, como las de la CEOE, insultos y abucheos a los cargos electos etc.... Es decir, un movimiento que avanza ante la omisión de la autoridad.

El incidente Gallardón eleva, y revela, el grado de irracionalidad que alimenta el conflicto. El alcalde de Madrid, que habitualmente pasea por la noches a su perro por la calles próximas a su domicilio en el centro de la capital, se vio cercado por un grupo convocado, redes sociales mediante, para protestar por las restricciones que el Ayuntamiento había establecido sobre el ruido, con motivo de la celebración del día del Orgullo Gay. España, gracias a la legislación impulsada por Rodríguez Zapatero, y Madrid, como capital, han sido y son referentes mundiales para la comunidad homosexual. Un referente internacional para una comunidad que ha sufrido, y sufre, la irracionalidad, los prejuicios y la violencia de los sectores más reaccionarios a la libertad individual. Que los abusos no sólo por ruidos, sino por suciedad, higiene y seguridad, hayan sido acreditados por los vecinos del barrio de Chueca, donde se celebra esas jornadas de orgullo, no parece discutible. Es una fiesta masiva, que convoca a decenas de miles de personas, y que exige una cierta regulación basada en las experiencias previas.

Lo imprevisto y lo notable es que, nuevas tecnologías mediante, se convoque y se reúna un grupo para acosar, en su ámbito privado, a una político recién reelegido por mayoría absoluta. La dinámica, las tácticas, métodos y procedimientos de los indignados, como todo movimiento, generará reacciones. La comunidad gay, la oficial, se ha desmarcado inmediatamente del incidente. Es consciente de que la ruptura de ese acuerdo intangible que excluía, fuera del el País Vasco y de algunas universidades de Cataluña, el acoso físico como forma de protesta puede tener consecuencias imprevisibles. La historia de la comunidad homosexual, al menos en Madrid, es la historia de un éxito en los últimos siete años. El incidente Gallardón lo que revela es lo rápido que se contagian las conductas prepotentes cuando la autoridad decide ponerse de perfil. El riesgo es que cuando la autoridad de la cara la historia de España vuelva a donde solía.

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