EL MONITOR

Seguro: y ahora, las compañías aseguradoras

Las agen­cias de ca­li­fi­ca­ción ame­nazan con re­bajar la ca­li­fi­ca­ción a 15 en­ti­dades

Standards & Poor's
Standards & Poor's

Las agen­cias de ca­li­fi­ca­ción pa­rece que se han pro­puesto poner a Europa contra las cuer­das. Esas mismas em­presas que en 2008 de­cían hasta el día de su quiebra que Lehman Brothers, el banco de ne­gocio es­ta­dou­ni­dense des­apa­re­cido, era de total con­fianza y me­recía la má­xima ca­li­fi­ca­ción cre­di­ticia sin que hasta el mo­mento se haya puesto en duda la cre­di­bi­lidad de sus ana­listas ni de las pro­pias agen­cias, ahora se per­miten el lujo un día sí y otro tam­bién de ba­jar, o ame­nazar con ha­cerlo, el ra­ting o la ca­li­fi­ca­ción cre­di­ticia de la ma­yoría de los es­tados de la Unión Europea, de la deuda que emiten y, tam­bién y sobre todo, de sus prin­ci­pales en­ti­dades fi­nan­cieras pri­va­das.

Estas agencias, que ni olieron la crisis de las hipotecas "subprime", no tienen responsabilidad ninguna, ya que se dedican simplemente a expresar sus opiniones sobre la capacidad o voluntad de un emisor de cumplir sus obligaciones financieras. Como alguna de las grandes agencias de calificación reconoce en su página web, "la asignación de las calificaciones de crédito no es una ciencia exacta", ya que hay eventos y desarrollos futuros que no se pueden prever, por eso afirman que "las calificaciones no deben considerarse como garantías de la calidad del crédito".

Simplemente opiniones que pueden hacer caer el valor en bolsa de una determinada empresa o disparar la prima de riesgo de la deuda de un país, con todas las repercusiones negativas que ello conlleva, pero eso sí, sin ninguna responsabilidad del que opina. Es como dice la vieja expresión española de "tirar la piedra y esconder la mano" o, como dicen en Argentina "tocar el timbre y salir corriendo".

La pasada semana la agencia Standard & Poor's (S&P) anunció que se planteaba rebajar la calificación de prácticamente todos los países de la eurozona. Esta rebaja podría afectar incluso a los países más potentes hasta el momentos, que son aquellos que todavía ostentan una calificación de triple A, que es la máxima que da la agencia -que no hace mucho tenía España- y que actualmente solo la tienen Alemania, Austria, Finlandia, Francia, Holanda y Luxemburgo. Esta amenaza, que en el caso de España puede representar una rebaja de su "rating" de hasta dos escalones con las consiguientes repercusiones en sus instituciones financieras, supone que las posibilidades están al 50% para que en el plazo de 90 días la agencia baje la calificación de alguno o de todos estos países.

Después de los bancos

Inmediatamente después de poner en duda la solvencia de los estados, S&P también avisó de que revisaría para una posible rebaja a un buen número de bancos, entre ellos 15 españoles. Y todavía habrá que darle las gracias a esta agencia de que solo sean 15, porque unos días antes otra de estas grandes agencias de calificación, Moody's, había amenazado con rebajar el "rating" de la deuda de un total de 87 bancos de 15 países europeos, de los que 21 eran españoles.

Estas advertencias las hizo la agencia de calificación muy pocos días antes de la reunión del pasado día 9 y algunos políticos la tomaron a modo de amenaza para ver si de una vez por todas llegaban a un acuerdo y ponían fin a la crisis de la deuda. Fuera o no amenaza, parece ha dado sus frutos y ha habido una cierta "fumata blanca". Los líderes europeos, con la excepción del primer ministro británico, alcanzaron un acuerdo, calificado por algunos como una refundación de la Unión Europea, que, entre otras cuestiones, incluye unas serie de reglas fiscales, como que el déficit estructural anual de cada Estado no podrá superar el 0,5% de su PIB; que los estados con déficit demasiado elevado tendrán que mandar un informe al Consejo y a la Comisión para explicar cómo van a corregir los desajustes, o que los estados deberán plantear a Bruselas previamente sus planes de emisión de deuda.

Además se crean dos fondos de rescate, uno de ellos permanente, con un techo de medio billón de euros entre ambos, que será revisable en marzo del próximo año. Las decisiones de ese fondo de rescate permanente se tomarán por mayoría cualificada del 85% del capital y solo Alemania, Francia e Italia tendrán derecho de veto y España que aspiraba a tenerlo también de momento se ha quedado con las ganas. También habrá sanciones automáticas para los países que superen el límite del 3% de déficit.

Con toda esta serie de medidas la UE pretende frenar definitivamente la crisis de la deuda y de momento parece que sí ha conseguido apaciguar a los mercados, aunque habrá que esperar a ver cómo reaccionan en los próximos días y a ver cómo evoluciona la prima de riesgo.

Pero se ve que esto no es suficiente a juicio de las agencias de calificación, porque tras la reunión de los líderes europeos y los acuerdos alcanzados, la propia Standard & Poor's ha emitido otro comunicado en el que las amenazadas ahora son las aseguradoras europeas. Se ve que les toca el turno y ahora son 15 las entidades de seguros del Viejo Continente a las que S&P ha situado en perspectiva negativa, que es lo mismo que colocarlas en la picota.

En su nota, S&P señala que, "dependiendo de los resultados que obtengamos de nuestra revisión de los gobiernos de la eurozona, las calificaciones a largo plazo de estas aseguradoras podrían descender uno o dos escalones y las notas a corto plazo de algunas podrían ser degradadas en un peldaño".

Dos españolas

De estas 15 entidades dos son españolas, Mapfre y Nacional de Reaseguros, mientras que las 13 restantes son la alemana Allianz, que es la mayor de Europa; las británicas Aviva y Unipol Group; las francesas Axa, Caisse Centrale de Reassurance y CNP Group; las italianas Generali y Cattolica di Assicurazione; las irlandesas IPB y RSA; la portuguesa Millenniumbcp-Ageas Group y las eslovenas Pozavarovalnica Sava y Triglav Group. Varias de estas aseguradoras tienen una importante presencia en nuestro país a través de filiales o sucursales.

 

En el caso de Mapfre, S&P ya le rebajó un escalón su rating tras el recorte de la calificación del Reino de España a mediados de octubre, y la dejó en A, que de momento es su actual calificación, desde A+. El argumento de la agencia en esa ocasión se basó en que las inversiones de la aseguradora y de sus filiales están ligadas al mercado español o a otros con ratings inferiores. "Para nosotros, los rating de una aseguradora están determinados por la visión del riesgo país", según S&P, y en el caso de Mapfre, más del 45% del negocio procede de España, señaló entonces la agencia. Con el nuevo aviso la calificación de Mapfre podría ser rebajada en dos escalones, lo mismo otras grandes aseguradoras europeas, como Allianz, Axa o Aviva. En el caso de Nacional de Reaseguros, cuya calificación actual es de A+, la rebaja podría ser de solo un escalón, lo mismo que en Unipol o Cattolica.

La calificación que otorgan estas agencias es un referente para los inversores sobre las posibilidades que tienen de que los emisores hagan frente a sus compromisos, pero sin ningún compromiso para las propias calificadoras. Por tanto, la amenaza a las entidades financieras por parte de las agencias de calificación es consecuencia de la que previamente había hecho lo mismo sobre los propios países y ya se sabe que bancos y aseguradoras, sobre todo éstas últimas, son grandes consumidores de deuda pública y tiene en sus carteras grandes cantidades de bonos a largo plazo, con lo que si se rebaja la calificación al emisor de esos bonos, también tendrían que bajársela a los tenedores de esos títulos.

Mantener inversión

Pero, a pesar de lo que digan las agencias de calificación, las compañías de seguros españolas, que son grandes inversores en renta fija a largo plazo, van a seguir invirtiendo en renta pública, es algo consustancial con su propio negocio. Sería impensable imaginar que una aseguradora española no tuviera deuda de su propio país, que en definitiva es quien supervisa y regula el negocio del seguro.

De hecho, la crisis de la deuda pública, en el caso concreto de nuestro país, ha disparado la prima de riesgo (que mide el diferencial entre el bono español a 10 años y el alemán al mismo plazo) hasta sus máximos, llegando a estar por encima de los 500 puntos básicos a mediados de noviembre, con lo que la rentabilidad de la deuda en algunas emisiones a largo plazo se ha acercado al 7% (concretamente el 6,975%), que es el nivel más alto desde 1997. Y en la deuda a corto no ha bajado del 5% en los últimos tiempos. Una rentabilidad excelentes, pero que si no cambia la cosa tropezarán en un futuro con la nueva legislación de seguros europea, Solvencia II.

 

Hay algunas aseguradoras, como es el caso de AXA, que han reducido drásticamente la venta de seguros de vida en España por el elevado diferencial al que se cotiza la deuda pública española frente a la alemana. Javier de Agustín, consejero delegado de AXA, declaraba hace pocas fechas a un periódico catalán que "la nueva regulación europea de Solvencia II, que obliga a valorar las inversiones financieras de la compañía en función del precio de los activos sin riesgo, hace que para el grupo sea inviable ofrecer el seguro de vida tradicional... o al menos hacerlo a un precio competitivo: ahora los ofrecemos a un precio un 30% más caro que compañías españolas que no tengan que tener en cuenta ese factor de riesgo".

 

A ver si cuando entre en vigor Solvencia II, que de momento ha sufrido varios retrasos y según todas las opiniones no lo hará antes de 2014, se ha solucionado definitivamente el problema de la deuda española y vuelve a ser considerada como un activo sin riesgo, con lo que las aseguradoras que hayan comprado los títulos emitidos por el Tesoro últimamente habrán hecho un buen negocio y obtendrán una excelente rentabilidad.

 

Jorge Holgado

 

 

 

jholgado1@gmail.com

 

 

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