GEOPOLÍTICA

Los gastos de defensa deberían entrar en el balance de los déficit

Francia, Reino Unido, EE UU y España res­tringen sus pre­su­puestos

Consejo Nacional de Seguridad
Consejo Nacional de Seguridad

Las crisis de los dé­ficit fis­ca­les, más la del euro, obligan a los países eu­ro­peos a reor­denar a fondo las prio­ri­dades de sus po­lí­ticas de gasto. En España, el can­di­dato más pro­bable a pri­mero de la lista es su po­lí­tica de de­fensa, y más con­cre­ta­mente las in­ver­siones en ar­ma­mento. Puede que la de Libia haya sido la úl­tima gran ope­ra­ción con­junta de se­gu­ridad de los países oc­ci­den­ta­les, ahora que la re­ti­rada total de Estados Unidos en Iraq se con­su­mará antes de final de año, y que la fuerza in­ter­na­cional des­ple­gada en Afganistán em­pe­zará pronto a re­ple­garse para la re­ti­rada total en 2014.

Sin embargo, no es recomendable poner la mano en el fuego por que Iraq y Afganistán vayan a quedar pacificados y estables después de las respectivas retiradas. Examinemos ahora algunos casos de planificación político-estratégica que necesariamente se verán revisados a la luz de la salida de la crisis, si es que efectivamente la crisis tiene salida.

El primero de ellos es el tratado de Seguridad y Cooperación franco-británico, firmado hace poco más de un año por David Cameron y Nicholas Sarkozy en el mejor de los climas de entendimiento; un entendimiento que hizo posible que tres meses después el presidente francés lanzara la iniciativa de intervención en Libia, para ser secundada con entusiasmo por el premier británico. El tratado fue tildado con ironía "l'entente frugale", remoquete de la histórica "entente cordiale" entre los dos países, pensada para prevenir cualquier movimiento hostil de Alemania, en la primera mitad del pasado siglo.

El objetivo del tratado es asegurar la interoperabilidad de las fuerzas armadas de ambos países, al menor costo posible. Los acuerdos básicos consistieron en la creación de un cuerpo expedicionario de combate para las operaciones de tierra, disponible en 2015 (8.000-9.000 hombres), y un grupo de combate naval formado por sus dos marinas.

El tratado comprendía una serie de proyectos destinados a elevar las capacidades de las respectivas fuerzas armadas y su interoperabilidad, y a promover la base tecnológica e industrial de sus economías. Sin el clima de cooperación creado por este tratado es muy probable que la operación de Libia no hubiera sido lanzada. La cooperación de las dos fuerzas armadas fue muy útil a los fines del tratado. Desde los primeros días de combate conjunto se identificaron problemas de comunicación entre las fuerzas en presencia, que fueron superados poco a poco. Se evidenciaron dificultades en la información mutua de inteligencia, y en reconocimiento y vigilancia aéreas. En materia de inteligencia los franceses fueron más audaces; recibieron información de combate desde efectivos desplegados en tierra. También se manifestaron insuficiencias clamorosas, como la del suministro de combustible en vuelo, que hubo de ser suplido por los Estados Unidos. Funcionó bien el apoyo mutuo en la ejecución de las misiones.

El tratado prevé el desarrollo de un avión no pilotado (Unmanned Aerial Vehicle) de altitud media y planeo largo, antesala según se espera de la creación de un UAV de combate. Los UAV son ya una realidad operativa en las fuerzas de Estados Unidos, y les permiten combatir sin arriesgar efectivos humanos.

Un motivo racional de los dos países, Francia y RU, para intensificar su colaboración bilateral es la de que las alternativas son peores desde un punto de vista económico: la producción unilateral es prohibitiva, y la producción multinacional es disfuncional porque generalmente dispara los costos después de aprobados los proyectos.

En España, falta de control sobre los programas

El caso de España es ejemplar a este respecto. En las cuatro últimas legislaturas (dos del PP, dos del PSOE), el ministerio de Defensa se comprometió a desarrollar 19 Programas Especiales de Armamentos (casi todos multinacionales), por valor de eu23.960 millones. Las obligaciones correspondientes fueron contraídas en su mayor parte por los gobiernos del PP (más de eu16.000 millones), con el objetivo de corregir los atrasos en que incurrieron los gobiernos de Felipe González. Las nuevas obligaciones de los dos últimos gobiernos socialistas fueron de algo más de euros 3.600 millones. Pues bien, la Secretaría de Estado de Defensa estima que los costos habían aumentado casi tres mil millones en 2009, y que los programas acabarán costando entre 33.000 y 36.000 millones. Retengamos estas cifras para hacer luego un enlace mental con la cuestión del déficit público, pero de momento escuchemos un poco de autocrítica.

Es la propia secretaría de Estado mencionada la que echa la culpa de parte de los sobrecostos a la incapacidad de gestión de la administración de la que forma parte. Uno se acuerda aquí de la reciente observación de la Sra. Merkel sobre que un problemas de la economía española es su baja productividad. Pues bien, la S de E dice al respecto de los sobrecostos: este problema se debe en parte a "la notable situación de debilidad de la propia Administración en la gestión de los programas, que propicia que los contratistas adquieran un excesivo poder". Y a continuación se da un golpe de pecho, en nombre de la gestión ministerial de la Sra. Chacón: "No se ejerce un control riguroso, siendo habituales los retrasos y los sobrecostes, sin que esa dinámica implique exigencia de responsabilidad y depuración de la misma".

La situación creada por el ministerio de Defensa para que la gestione el Sr. Rajoy es preocupante. Los programas se financian con créditos sin interés del ministerio de Industria, y Defensa le debe 15.000 millones que, naturalmente, le resultará muy difícil de pagar porque sus presupuestos ordinarios no hacen sino bajar de año en año. La estrategia actual de Defensa para enfrentar sus deudas consiste en lograr extender los plazos finales de pago desde el 2025 al 2030, reducir el número de unidades adquiridas (aviones, carros de combate, etc.) pagando por ello una penalización, y vendiendo a terceros algunos de los efectivos contratados. También va a ser difícil mantener el número de 130.000 militares previsto en la ley de la Carrera Militar, del 2007.

Problema universal

La presión para la reducción de los presupuestos de defensa es universal. El "supercommittee" del Congreso de los Estados Unidos para la reducción fiscal prevé cortes de casi $500.000 millones para los próximos diez años.

A primera vista los gastos militares y de defensa son una de las causas de los déficits presupuestarios. Hay, sin embargo, otro modo de mirar esta cuestión. Las fuerzas armadas y las inversiones en defensa (al menos las de la alianza occidental) contribuyen a la seguridad y la estabilidad mundiales, que tan propicias han sido para los negocios internacionales, los "mercados", los fondos de pensiones, los bancos, los inversionistas, el comercio y la industria. Representan el costo de transacción de todas las operaciones económicas mediante las cuales han prosperado no sólo los países occidentales, sino en general la comunidad internacional.

El conocimiento de este nuevo paradigma de comprensión de la estructura del sistema internacional se lo debo a un "ensayista político", Paul Trouillas, quien lo plantea en su artículo "Marchés financieres et sécurité mondiale", publicado en Le Monde el 1 de diciembre. Su tesis es sencilla: los países occidentales no solo financiaron y ganaron para la democracia la Guerra Fría, sino también las de Yugoslavia, las civiles de África, etc., y sostienen la lucha contra el terrorismo, y todas ellas "las financian por el déficit presupuestario y la deuda". En algunas otras guerras (Afganistán, Iraq) sólo se ve el precio pagado en sangre, pero se olvida su abrumador costo fiscal.

Y resumiendo, Trouillas dice: "No se gana nada obligando a Francia a pedir prestado para financiar sus operaciones militares en África y en el mundo. No se gana nada obligando a Italia a cesar su participación en la guerra de Afganistán por razones financieras".

Este es un modo justo de ver las cosas. De ver las cosas de Alemania, por ejemplo. Defendida durante casi cincuenta años por los presupuestos de sus aliados occidentales frente al bloque comunista, y garantizada su paz y unidad por la Alianza, ha podido reconstruirse y prosperar, al tiempo que reducía sus presupuestos de defensa, y hasta permitirse, en este año, abstenerse de intervenir en la operación libia.

Todos esos inputs deberían computar en el cálculo de cualquier déficit.

Antonio Sánchez-Gijón es analista de asuntos internacionales.

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