Europa es la gran asig­na­tura pen­diente de Francisco González

El BBVA busca un socio australiano para tratar de entrar en el Reino Unido

Quiere pujar por ofi­cinas del Royal y del Lloyds TSB y por ac­tivos del Northern Rock

Francisco Gonzalez
Francisco Gonzalez

El National Australia Bank (NAB) y el Banco Bilbao Vizcaya Argentaria (BBVA) man­tienen con­ver­sa­ciones bas­tante avan­zadas para ul­timar la crea­ción de una so­ciedad con­junta para tratar de en­trar en el mer­cado fi­nan­ciero del Reino Unido. El primer paso de esa alianza entre el se­gundo banco es­pañol y el pri­mero de Australia, si fi­nal­mente cris­ta­liza, es pre­sen­tarse a la puja por las 318 su­cur­sales en el Reino Unido del Royal Bank of Scotland Group, an­tiguo socio es­tra­té­gico del Santander. Precisamente esa alianza, vital en su mo­mento para el mayor grupo ban­cario es­pañol (especialmente en la ex­pan­sión in­ter­na­cional y en la compra de Banesto) y tam­bién para el bri­tá­nico (financió la OPA sobre el NatWest), se rompió al com­prar el Santander en so­li­tario el Abbey National Bank, en­tidad com­pe­ti­dora de su socio en el Reino Unido.

El problema es que esa sociedad conjunta, por mucho que se reparta el capital al 50%, nacería muy desequilibrada. El BBVA apenas cuenta con tres sucursales en el Reino Unido, y no tiene infraestructura para gestionar esas 318 sucursales del Royal, en el hipotético caso de que ganara la puja. El NAB, en cambio, controla dos bancos dedicados al segmento minorista en el Reino Unido: Clydesdale y Yorkshire, que suman 340 sucursales. Por tanto, necesita mucho más un socio el BBVA que el grupo australiano, aunque según el diario británico "The Times" ha sido el NAB el que se ha acercado al banco español con esa propuesta. Una idea que tiene toda la pinta de que consiste en que el BBVA va a pagar la factura de la adquisición de las 318 sucursales procedentes del Royal Bank of Scotland, mientras que el NAB pondrá la infraestructura y la red actual en el país.

BBVA y NAB, juntos o por separado porque el banco español maneja también otras opciones, se van a encontrar con un duro competidor. Nada menos que el Santander, que considera el Reino Unido un mercado estratégico pese a contar allí con los antiguos Abbey, Alliance & Leicester y activos del Bradford & Bingley. El tercero en liza, Virgin Money, la financiera del grupo de Richard Branson, ha optado por retirarse de esa puja.

El proceso oficial de due diligence no ha empezado todavía, pero las ofertas definitivas hay que presentarlas a mediados del próximo mes. Las 318 sucursales tienen un precio de partida de 1.500 millones de libras, aunque se han presentado ofertas preliminares con 2.000 millones. Esas sucursales acumulan 23.600 millones de libras en activos y suponen hacerse cargo de unos 6.000 empleados. "The Times" considera al Santander el mejor colocado para hacerse con esa red de sucursales, ya que el banco que preside Emilio Botín considera ésta "un elemento clave" para sus planes de expansión en el Reino Unido.

El Royal Bank of Scotland, con el que el Santander y el holandés Fortis compartieron con desigual fortuna la aventura de la adquisición del ABN Amor, terminó necesitando una inyección de dinero público, lo mismo que su socio holandés, aunque éste ha devuelto parte de las ayudas. Con el 83% de su capital en manos del Estado británico, la Unión Europea obligó al Royal a desprenderse de activos. La presencia pública en el capital propició que Bankinter comprara el 50% que tenía el Royal en Línea Directa Aseguradora. El adelgazamiento a cambio de autorizar las ayudas públicas supone vender redes de sucursales en Inglaterra y Gales, la red NatWest en Escocia y algunos activos más.

Pero no es la única entidad financiera que ha tenido que ser rescatada por el Estado británico. Ni tampoco la única que tiene que desprenderse de activos para que Bruselas no ponga pegas a esas ayudas públicas. El Lloyds Banking Group, controlado en un 41% por el Estado, también tiene que vender 600 sucursales en un plazo máximo de cuatro años por exigencia de la Unión Europea. Y el Northern Rock, cuya quiebra fue el aldabonazo de la gravedad de la crisis financiera internacional que comenzó en el verano de 2007 con el derrumbe de las hipotecas subprime en Estados Unidos, también tiene un severo plan de venta de activos, diseñado por el Gobierno británico para recuperar el dinero público invertido.

La alianza entre BBVA y el NAB tiene la vista puesta también en estas dos oportunidades de adquisición en el Reino Unido. Una sociedad conjunta puede utilizarse como plataforma para comprar otros negocios bancarios en el Reino Unido que se coloquen el cartel de se vende.

Lo que llama la atención es que el BBVA tenga que recurrir a un socio australiano para tratar de entrar en el Reino Unido, cuando el Santander lo hizo en solitario (aunque con la experiencia que le dio la alianza con el Royal), y para intentar aprobar al menos una de las asignaturas pendientes de Francisco González, la expansión por Europa. El presidente del BBVA no supo ganar el pulso por la italiana Banca Nazionale del Lavoro (se lo quedó finalmente BNP Paribas) y en Portugal juega un discretísimo papel.

 

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