La cons­truc­tora ne­ce­sita ur­gen­te­mente di­nero para no en­trar en pér­didas por sus in­ver­siones

La emisión de bonos de ACS, una huida hacia adelante de Florentino en su guerra con Galán

Trata de pre­sionar a Iberdrola con una he­rra­mienta fi­nan­ciera más ba­rata que el cré­dito ban­cario

Florentino Pérez
Florentino Pérez

Casi ningún ana­lista, salvo los que es­taban en el ajo de los ru­mo­res, en­ten­dieron el lunes por qué ACS anun­ciaba, con mu­chos meses de an­te­la­ción, la pre­vi­sible emi­sión de bonos de la em­presa para fi­nales de año. El co­mu­ni­cado de la cons­truc­tora a la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV) se pro­ducía des­pués de in­tensos ru­mores sobre la bús­queda de di­nero adi­cional por parte de la em­presa pre­si­dida por Florentino Pérez. Al final era ver­dad, pero además puede ser uno de los ne­go­cios más ren­ta­bles de la so­cie­dad. Siempre, claro está, de que le salga bien, porque el mer­cado no está para ruidos y menos si la em­pesa que busca di­nero es porque ya debe una bar­ba­ridad a los bancos en fun­ción de su apa­lan­cado ba­lance. Y si Florentino y sus so­cios los Albertos y los March, ga­nan, ¿quién pierde? ¿El fu­turo bo­nista? No es futbol pero se le pa­rece.

La guerra que mantiene Florentino Pérez con Ignacio Sánchez Galán, presidente de Iberdrola, por poner a la constructora en el consejo de la eléctrica tiene debajo la bonita cifra de casi 360 millones de euros en beneficios para ACS, que supondrían, ni más ni menos que un incremento de casi el 20% sobre el nivel de resultados de 2009 y mucho más sobre el de 2010 cuando no pueda aplicar plusvalías tan importantes como las obtenidas por ventas en años anteriores.

Todo se reduce a una historia de tipos de interés derivada de una lucha por apuntarse resultados. En la actualidad, ACS, con el 12,6% (directo e indirecto) del capital de Iberdrola, está fuera del consejo de la eléctrica, por decisión de la junta de esta última. Como la participación no llega al 20%, porcentajemínimo para consolidar resultados por puesta en equivalencia, la única manera de que la constructora pudiera apuntarse en sus cuentas la parte que le corresponde de los beneficios contables de Iberdrola sería que se le reconociera influencia en la gestión, cosa imposible fuera del consejo.

La reciente ley antiblindajes aprobada por el Congreso podría solucionar esto el próximo año, cuando entre en vigor, porque obligaría a Iberdrola a quitar la limitación de los derechos de voto y Florentino Pérez podría lograr finalmente colocar a ACS en el consejo de la eléctrica. Pero por si los plazos se alargan o las cosas se atascan en la justicia, el camino más corto es llegar al 20%, aunque eso tiene su precio. Concretamente, con la capitalización de ayer, a ACS le costaría unos 2.200 millones de euros comprar el 7,4% que le falta en la eléctrica para llegar a esa cantidad. ¿De dónde sacarlos con los bancos acreedores detrás de la oreja? ¿Y con los mercados exhaustos de liquidez por los esperados recortes del BCE?

Una solución para conseguirlos es ir a los bancos. Pero ahí las negociaciones pueden ser difíciles. Además de que las entidades financieras han cortado el chorro de los créditos, ACS ya suscribió en julio de 2009 un préstamo sindicado de 1.500 millones de euros para reestructurar su deuda y alargar hasta 2012 el vencimiento de otro de igual cuantía que debía ser devuelto a la banca (37 bancos y cajas) en julio de 2010, es decir, dentro de dos meses.

Ante esa coyuntura, la emisión de bonos convertibles es una solución normalmente más cara que acudir al crédito bancario. Pero en este caso no importa mucho y hasta puede salir mejor. En estos momentos, con los datos de ACS en la mano, el coste medio de su deuda es de, aproximadamente, un 5,1% de interés sobre el principal. Un bono a ese precio puede colocarse sin mayores dificultades porque los inversores se lo quitarían de las manos. Además se puede dar la opción de convertirlos en acciones, cosa que la constructora no tiene decidido.

Lo que ocurriría en las cuentas de ACS sería que, si con ese dinero y un poco más que arrimara de su generación de caja o un pequeño préstamo bancario se hiciera con el 20% de Iberdrola, en lugar de los 200 millones que ingresa en dividendos de la eléctrica, podría apuntarse un beneficio, con las cifras de 2009, de 565 millones de euros, equivalentes al 20% del resultado neto de Iberdrola. La constructora debería pagar, como corresponde a cualquier emisión de bonos, los intereses correspondientes que, si fueran igual de altos que los que ahora paga a la banca, supondrían algo más de 200 millones de euros.

Con estas cifras en la mano, la rentabilidad de esta inversión de ACS sería de entre el 9,5% y el 10%, cifra que supera ampliamente al coste de la deuda adquirida con los bonistas y que adicionalmente le permitiría un mayor control en la gestión de la eléctrica cuando la ley antiblindajes surta efecto en su consejo de administración.

Unas cuentas que, sin embargo, no satisfacen a los analistas y que colocan a la ACS de Florentino en una posición harto difícil. Quizá por ello sus viajes a los aledaños a la Moncloa hayan generado más peocupación que otra cosa. La consigna, en su día, fue clara. A nadie interesa que la primera constructora de este país, con la que está cayendo, entre también en la cola de los problemas de Zapatero.

 

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