La re­baja drás­tica del 'rating' so­be­rano dis­para las alarmas

Portugal predica con el ejemplo y alcanza un histórico pacto político contra la crisis

Gobierno so­cia­lista y opo­si­ción con­ser­va­dora se dan la mano for­zados por la ex­trema si­tua­ción

José Sócrates y Passos Coelho
José Sócrates y Passos Coelho

( Lisboa ) Lo mismo que en las co­rridas de toros -que en Portugal ter­minan no con la muerte sino con la "pega" del animal por los cuer­nos- los par­tidos po­lí­ticos lusos ac­tuarán como los "forcados": apar­cando la ri­va­lidad po­lí­tica y las di­fe­ren­cias ideo­ló­gi­cas. Ante la pre­sión de los mer­cados tras la re­baja de la nota de la deuda pú­blica na­cional por las agen­cias de ra­ting in­ter­na­cio­na­les, el Gobierno so­cia­lista y la opo­si­ción de de­re­chas se han dado la mano, en un his­tó­rico pacto po­lí­tico, para sacar el país de la cri­sis. No se ha se­guido el mo­delo es­pañol, donde José Luis Rodríguez Zapatero y Mariano Rajoy no en­cuen­tran forma de ac­tuar unidos y alargan aún más el foso que los se­para. Pero sus res­pec­tivos ho­mó­logos lu­sos, José Sócrates y Passos Coelho, apuestan por la "colaboración" y el "diálogo" per­ma­nentes con un doble ob­je­tivo: tran­qui­lizar a los mer­ca­dos" y ace­lerar la re­duc­ción de la deuda y del dé­ficit pú­blico. Así, además de una res­puesta rá­pida con­junta, de­ciden coger la crisis por los cuer­nos, sin caer pues en la ten­ta­ción de lanzar sobre los "especuladores" todas las culpas de la si­tua­ción ac­tual.

Lo cierto es que la decisión de Standard and Poors (S&P), rebajando de golpe dos niveles la nota de la deuda lusa (del A+ paso al A-), ha disparado todas las alarmas. Y poco vale ahora clamar a los cuatro vientos en contra de los "especuladores". Portugal tiene una situación económica y financiera muchísimo más sana que la griega, pero lo que hizo S&P fue colocar el "rating" de Portugal en su más bajo nivel histórico, y además con un "outloook" negativo, lo que significa que el "rating" luso podría bajar aún más los próximos meses. Mientras tanto, Portugal es ya el segundo país de la zona euro con el peor rating, al mismo nivel del que tenia Grecia a finales del 2009 cuando tuvo que solicitar la ayuda de la UE.

En términos práctivos, lo que ha hecho S&P ha sido advertir a los portugueses que, sin unas medidas de austeridad todavía más drásticas que las ya adoptadas por el Gobierno socialista en el Plan de Estabilidad y Crecimiento (PEC) enviado a Bruselas, no habrá más remedio que ponerse en manos de la UE y quizás también en las de la del FMI. Y nadie olvida que eso fue lo que ya ocurrió hace tres décadas (1983), tras el fracaso económico de la "revolución de los claveles". Lo que hicieron entonces los socialistas (PS) en el poder y los social demócratas (PSD) en la oposición (lo mismo que ahora), fue aparcar sus divergencias para sacar en conjunto el país del atolladero y preparar su entrada en la Comunidad Europea (1986).

Lo que harán pues José Sócrates y el nuevo líder del PSD Passos Coelho, será lidiar el toro de la crisis y de la deuda con "realismo" y "pragmatismo". Ante el riesgo manifiesto de una quiebra financiera, ambos dirigentes sólo tienen prácticamente una solución: adelantar y reforzar aún más la aplicación de algunas de las medidas más impopulares del PEC. Así, tanto el Estado como los portugueses tendrán que apretarse el cinturón aun más del previsto en el PEC, y muy rápidamente, sin esperar 2011. Lo más probable es que el gobierno tenga que reducir aún más el gasto público corriente y "congelar" los grandes proyectos de inversión público-privada  como el AVE Lisboa-Madrid, y tiene ya pactado con el PSD una reducción del gasto social.

Así, aunque manifiesten sus preocupaciones de "justicia social", José Sócrates y Passos Coelho se pusieran de acuerdo para recortar las prestaciones sociales, y más concretamente para luchar contra los "abusos", a través un refuerzo de la fiscalización y de auditorías. Y ante el previsible inevitable incremento de la tasa del paro, que ya está por encima de los 10%, lo que hará el gobierno socialista con el apoyo de la oposición social-demócrata será recortar el subsidio del paro... para que los parados se sientan menos confortables y se esfuercen más en buscar un empleo, aunque esté mal pagado. Y para "tranquilizar a los mercados", Sócrates y Passos Coelho no descartan medidas drásticas en otros dominios sensibles, como la salud.

Sin embargo, el problema de fondo planteado por S&P y los "especuladores" queda aún sin solución. Y es que tras años y años de irresponsabilidad, durante los cuales la administración y la población practicaran mas la política de la cigala que la del hormiga, gastando y viviendo por encima de sus ingresos y haciendo con que reformas tan urgentes como las planteadas en la educación, la justicia, etc.,  quedaran aplazadas "sine die", el país vecino parece condenado a una "muerte lenta". Así, aunque la economía lusa ya no esté en "recesión técnica", el ritmo de crecimiento previsto este año y el próximo es casi de estagnación, con lo cual el incremento de los ingresos del Estado será reservado prácticamente al pago de la deuda.

Lo que hizo S&P fue pues colocar Portugal como víctima propiciatoria de los mercados, ya en primera línea, casi a la par de Grecia, y con este dato alarmante: hace solo cuatro meses, cuando Atenas tuvo que ponerse a mendigar la ayuda financiera de la UE, el "rating" de su economía  y el "riesgo" de la deuda griega estaban al nivel actual de los de Portugal. Y por mucho que se acuse a los "especuladores" de haber provocado esta situación, queda claro que en el caso de que Portugal se vea también forzado a ponerse en manos de Bruselas y de los tecnócratas del FMI que solo traen malos recuerdos a los portugueses, la próxima víctima seria España, poniendo así aún más en riesgo la arquitectura y hasta la supervivencia del euro.

En todo o caso, algunos economistas lusos ya ponderan seriamente a posibilidad o el riesgo de ver Portugal apartado de la zona euro hasta tener las cuentas públicas saneadas. Con lo cual, ya se habla sin tapujos de la restauración eventual del "escudo", pero solo como moneda nacional, para uso interno y con una fuerte desvalorización de al menos 25% en relación al euro, que se mantendría como divisa para los pagos al exterior y de los intereses de la deuda.

Las empresas exportadores recuperarían así de golpe la "competitividad" perdida los últimos años, mientras que lo población tendría que apretarse aún más el cinturón, con unos salarios amputados en la misma medida de la desvalorización del nuevo "escudo" en relación al euro.

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