La trans­por­ta­dora lusa pre­para su pri­va­ti­za­ción en una si­tua­ción de­li­cada

El matrimonio Iberia-British descalabra el futuro de Tap Air Portugal

La fu­sión con Iberia fue con­si­de­rada en tiempos como la mejor so­lu­ción para Tap

TAP
TAP

El fu­turo de Tap Air Portugal preo­cupa - y mucho - a las au­to­ri­dades lu­sas, que ante la im­pe­riosa ne­ce­sidad de re­ducir el dé­ficit y la deuda ex­te­rior tienen de­cido avanzar los pró­ximos meses con un am­bi­cioso plan de pri­va­ti­za­ciones que in­cluye la tras­por­ta­dora aérea na­cio­nal. Para Tap, la si­tua­ción es muy com­pli­cada: además de sus pér­didas (285 mi­llones de euros en el 2008 y 3,5 mi­llones el úl­timo año) y de una deuda muy abul­tada (1.300 mi­llo­nes), la com­pañía aérea ca­rece al día de hoy de ar­gu­mentos para se­ducir a los in­ver­sores po­ten­ciales que tanto ne­ce­sita, na­cio­nales o ex­tran­je­ros, para ga­ran­tizar su fu­turo. Un fu­turo que se pre­senta com­pli­cado, no sólo por la fra­gi­lidad fi­nan­ciera y por los pro­blemas es­truc­tu­rales del grupo, sino tam­bién por la fu­sión de Iberia y British Airways, que apenas podrá frenar el desa­rrollo del "hube" de Lisboa y la ac­ti­vidad de Tap en su mer­cado clave del Brasil.

Se dijo durante mucho tiempo que el futuro de Tap tenía que pasar inevitablemente por una fusión con Iberia y que hubiera generado unas sinergias importantes en la Península Ibérica, en el mercado europeo y en los países de habla portuguesa (Palop en la terminología lusa), principalmente en Brasil, que es donde la transportadora aérea portuguesa realiza casi un tercio de sus ventas. Sin embargo, la operación no pudo cuajar por razones políticas: mientras Iberia exigía tener el "control total" de la gestión del grupo fusionado (eso fue lo que dijo en 2006 el entonces presidente Fernando Conte), en Lisboa nadie estaba dispuesto a consentir que la compañía aérea nacional perdiera su independencia y adoptara los colores españoles.

Lo que sí habia hecho Tap, en 2000, tras dos años de negociaciones, fue poner su destino en manos de la Swissair, integrando la alianza Qualyflyer, hasta que se dió cuenta que lo único que había conseguido con ello fue llevar pasajeros a los aviones suizos mientras que los suyos volaban medio vacios. Pero fue Swissair quien tomó la iniciativa, en febrero del 2001, de denunciar el acuerdo con Tap, donde tenía previsto quedarse con 34% del capital. Traumatizada por la experiencia, Tap reclamó a Swissair una indemnización de 269 millones de euros y en 2005, tras haber descartado Onerworld y Sky Team, apostó por la Star Alliance liderada por Lufthansa, en una clara manifestación, pues, de que ya no quería oír hablar más de una alianza con Iberia.

Por el camino quedó igualmente la alianza lusa española con Globalia, que había asumido en el 2004 la gestión de la fílial conjunta de "handling" Groundforce. La operación dejó muy mal sabor de boca a Tap, que no pudo encontrar un nuevo socio estratégico para Groundforce, que es hoy en día la causa principal de las pérdidas del grupo. Así, el último año, que fue uno de los más duros para el sector, Tap registró con la actividad de transporte de pasajeros un resultado positivo de 57 millones de euros pero que no fue suficiente para cubrir las pérdidas sufridas por Groundforce  y también las derivadas de la ruptura de la alianza con Globalia.

Y ahora, es el matrimonio a grande escal de Iberia y British Airways que suena como amenaza para la transportadora aérea lusa, que ya había encajado mal el acuerdo "code share" (vuelos compartidos) firmado en el 2008 por la compañía española y la británica, de cara a una mejor utilización conjunta de los "hubs" de Madrid y de Londres. Así, además de la perspectiva de una mayor agresividad comercial de Iberia y de British Airways en la Península y en Reino Unido, que constituyen respectivamente el segundo y el tercero mercado más importante de Tap en Europa, lo que está en juego es la utilidad práctica del "hub" transatlántico de Lisboa.

Tap hizo los últimos años un esfuerzo muy importante para consolidar el "hub" de Lisboa, que es fundamental para su futuro, lo cual está muy condicionado por la intensidad de los vuelos directos a Brasil, donde realiza ya casi un tercio de sus ventas.  Así, es inevitable que la fusión de Iberia y British Airways suene como una amenaza para los "intereses estratégicos" de Tap, que están también muy focalizados en los mercados de las antiguas colonias africanas como Angola y Mozambique. Lo más lógico, dicen los expertos, es que Iberia y British Airways operen con una mayor agresividad comercial a partir de los "hubs" de Madrid y de Londres, utilizando para ello los 400 millones de euros anuales de sinergias que cuentan obtener a partir del 2015.

Lo cierto es que la nueva situación solo podrá tener efectos negativos para Tap: al representar una mayor competencia para el "hub" transatlántico de Lisboa y para la actividad de Tap en Europa y en Brasil, sobre todo si la competencia hispano-británica se traduce en una bajada de precios, lo más probable es que la transportadora lusa tenga ahora mayores dificultades para encontrar el "socio estratégico" que lleva tiempo buscando con vista a su privatización. Así,  ante la imposibilidad de un acercamiento a Iberia y a British Airways, el futuro de Tap podría pasar por alianzas cruzadas con la brasileña TAM y la angoleña TAAG, a menos que caiga en manos de Lufthansa, que sería la solución ideal porque quedaría en la familia Star Alliance.

Lo que sí está descartado, en principio, es la liquidación de la compañía: aunque venga a encontrar mayores dificultades para ganar terreno en Brasil, Tap tiene ya una posición muy consolidada en el mercado brasileño y podrá reforzar su situación en las antiguas colonias africanas, con lo cual tendría garantizado su futuro. La privatización programada para los próximos meses, también podría representar una buena oportunidad para la transportadora aérea portuguesa. Y si al final se decanta por una fusión, Tap ya sabe que siempre podría mantener su "personalidad" y su "identidad" nacional, que fue lo que hicieran Iberia y British Airways, teniendo como referencia el modelo del matrimonio consolidado de Air France-KLM.

 

 

Artículos relacionados