Tras la re­nuncia de Quintás, Isidre Fainé toma las riendas in­terinas en el sector

Rato maniobra para que Amado Franco, presidente de Ibercaja, no se ponga al frente de la Ceca

Su nom­bra­miento di­fi­cul­taría una ope­ra­ción entre Caja Madrid y la en­tidad ara­go­nesa

Amado Franco
Amado Franco

En uno de los con­sejos de ad­mi­nis­tra­ción de la Confederación Española de Cajas de Ahorros (Ceca) más tensos que se re­cuer­dan, hasta el punto de que por la tarde el pre­si­dente Juan Ramón Quintás pre­sentó su di­mi­sión irre­vo­cable (debía aban­donar el cargo el 19 de ma­yo), la cues­tión de la su­ce­sión queda pen­diente para el 20 de abril. El día antes de la asam­blea ge­neral de la Ceca habrá con­sejo con un solo asunto en el orden del día: la su­ce­sión de Quintás. Casi cuatro horas de reunión en Sevilla, para con­me­morar el 175 aniver­sario de Cajasol, no han ser­vido para poner de acuerdo a los 26 re­pre­sen­tantes de las cajas de aho­rros sobre quién debe su­ceder a Quintás. Ante la di­mi­sión de éste, el pre­si­dente de la Caixa y vi­ce­pre­si­dente pri­mero de la Ceca, Isidre Fainé, asume la pre­si­dencia in­terina hasta el día 20. Pero gana peso que tenga que añadir a sus múl­ti­ples ta­reas la de pre­sidir la Confederación de Cajas.

El sondeo previo que hizo Quintás arrojaba un cierto consenso sobre Amado Franco, presidente de Ibercaja. También gustaban en el sector otros dos nombres: Carlos Egea, de Cajamurcia, y Manuel Menéndez, de CajAstur. Desde el Gobierno, con aquiescencia del PP, CiU y PNV, se soltó el nombre de Isidre Fainé, presidente de La Caixa. Un nombre que ganó apoyos, pese a la norma no escrita de que el presidente de la Ceca no lo sea de una gran caja. Fainé, presidente de la caja de ahorros más grande de España, es visto por el Gobierno y por los partidos políticos como el interlocutor más válido dentro del sector de cara a la gran reforma que se avecina. Entre medias, Braulio Medel, presidente de Unicaja, se ha postulado para volver a ejercer la presidencia de la Ceca. Unos valoran su cercanía al PSOE, lo que le quita votos de las cajas ligadas al PP.

Para tratar de restar apoyos a Amado Franco, se le reprocha su vinculación a su antecesor y ex presidente de la Ceca, Manuel Pizarro, y por extensión al PP. Pero el presidente de Ibercaja nunca se ha destacado precisamente por sus opiniones políticas, sino que es un hombre que ha desarrollado toda su trayectoria profesional en la entidad de ahorro aragonesa. Muchos ven la mano de Rodrigo Rato, ex vicepresidente económico en los Gobiernos de José María Aznar y actual presidente de Caja Madrid, y que fue el primero en abandonar el consejo de la Ceca (no se quedó al almuerzo con el presidente de la Junta de Andalucía).

A Rato, amigo personal de Manuel Pizarro (a quien apoyó tanto en Ibercaja, como en la Ceca o en la eléctrica Endesa), no le interesa que Amado Franco acceda a la presidencia de la Ceca ya que la caja de ahorros aragonesa es uno de sus objetivos para ganar tamaño y acercarse más a La Caixa, ante las resistencias de los Gobiernos autonómicos de Galicia y de la Comunidad Valenciana a que Caja Madrid absorba Caixa Galicia, la CAM o Bancaja. La integración de Ibercaja en Caja Madrid no sólo supondría una mayor dimensión. Es que abrillantaría las ratios, los balances y la cuenta de resultados de la segunda entidad de ahorro de España. Y aportaría a Caja Madrid un grupo de ejecutivos muy bien preparados y agresivos, que espolearía al organigrama que Rato ha heredado de Blesa y que en su opinión es manifiestamente mejorable.

Lo que está en juego no es, por tanto, sólo un nombre al frente de la Ceca. Sobre el tapete está la reestructuración del sector de cajas, que va demasiado despacio para el Banco de España y para el Gobierno. Pero el problema de esa lentitud no está tanto en las cajas como en la actitud de las comunidades autónomas, que bloquean operaciones interregionales. El nuevo presidente de la Ceca deberá afrontar esa reforma de la Ley de Órganos Rectores de Cajas, la famosa Lorca, que tratan de pactar el Gobierno y los partidos políticos, con un PP que dice una cosa pero que en sus comunidades autónomas (Galicia, Comunidad Valenciana, Castilla y León) se hace otra.

En el proceso para designar al candidato más adecuado, contrastan los miembros de la CECA que consideran que debe proceder de una caja de las medianas, al entender que representa mejor los intereses de todo el sector, con los que proponen que para dialogar con el Gobierno en el escenario actual es necesario que el elegido sea el presidente de una gran caja para que tenga el respaldo suficiente en un agitado escenario de reestructuración de cajas.

Es evidente que el nuevo presidente deberá asumir el reto de guiar a las cajas en el complejo proceso de reestructuración del mapa bancario, un camino jalonado por controvertidos intereses políticos, que, en muchas ocasiones, se anteponen a los criterios puramente económicos. Algunas entidades temen la instauración de cuotas participativas con derechos políticos, que reforzarían el capital de las cajas pero que abren la puerta al tabú de la privatización o que los bancos terminen haciéndose con el control de éstas. Otras consideran que este instrumento agilizaría la adquisición de unas cajas por otras.

Más que el candidato, "no me importa que haya uno, tres o cinco", para Quintás "lo verdaderamente importante es que, una vez que sea elegido el presidente, el sector adopte la formación tortuga, que era la formación disciplinada que, con sus escudos, hacía invulnerable a las legiones romanas". "La existencia de distintas alternativas, visiones y programas, enriquece, y lo que es fundamental es que eso no dividiera después al sector, pero benditas sean las diferencias si dan lugar a que afloren mejores programas", añade. Además, ha aclarado que durante la reunión ha primado el debate sobre "qué es lo que le convenía al sector, que es la mitad del sistema bancario, que tiene 200 años y tiene que elegir una estrategia de éxito, como ha sido siempre".

Quintás recuerda que el consejo "estaba sólo obligado a deliberar, algo que se cumplió" en la reunión de ayer, pero admite que "si hubiera existido unanimidad se hubiera elegido ya". Y resta importancia a la tensión del consejo: "Fue una de las reuniones que en sus 16 años de mandato con más satisfacción ha salido, porque han participado todos los presidentes de las cajas". Según él, "más que hablar de candidaturas y candidatos, se ha debatido sobre qué es mejor para el sector y qué es lo que convenía a las cajas".

Para Quintás, el nuevo presidente de la Ceca "debe recibir la confianza de todo el sector y además debe dedicarse a liderarlo para enfocar de la mejor forma posible los problemas reales del sector". Recuerda que "alguno de los mejores presidentes que tuvo la Ceca ganó el puesto por un voto". Quintás insiste en que "la democracia es aceptar lo que diga la mayoría y que la minoría se pliegue a la voluntad de la mayoría".

Las cajas han decidido destinar a reservas el 73% del beneficio de 4.120 millones de euros en 2009, lo que mejora el capital básico del 6,92% al 7,16%; el Tier 1 del 8,03% al 9,15%, y la ratio BIS del 11,04% al 12,05%, cuando se exige el 8%. El director general de la Ceca, Juan Antonio Olavarrieta, destaca que se ha destinado a la Obra Social 1.108 millones de euros, lo que supone un descenso del 30,4% respecto al ejercicio precedente, pero un aumento sobre el beneficio, ya que pasa del 25,4% al 26,9%. El porcentaje destinado a Obra Social aumenta ligeramente "para equilibrar el descenso de resultados", precisa Olavarrieta, quien resalta que "de esta manera, la labor social de las cajas se verá menos afectada por el descenso de los beneficios".

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