Objetivo a corto plazo: re­ducir las mi­nus­va­lías en Iberia, SOS y Mecalux

Rato busca dos directores para hacer una gran operación en Caja Madrid a partir de 2011

Busca un res­pon­sable del área co­mer­cial y otro para sacar con éxito Cibeles a Bolsa

Rodrigo Rato
Rodrigo Rato

Rodrigo Rato, pre­si­dente de Caja Madrid desde el 28 de enero, tiene muy claro que el pro­ceso de re­es­truc­tu­ra­ción de las cajas de ahorro no va a ter­minar el 30 de ju­nio, como quieren el Banco de España y la Unión Europea (en cuanto a la uti­li­za­ción de re­cursos pú­bli­cos). A partir de esa fe­cha, co­men­zará una se­gunda fase de fu­siones en el sec­tor, mucho menos guiadas por ne­ce­si­dades ur­gentes o por es­tra­te­gias de corto plazo, y con el ali­ciente de una re­forma de la le­gis­la­ción que va a per­mitir a las cajas captar más y mejor re­cursos en los mer­cados y que va a re­ducir el peso au­to­nó­mico en con­cen­tra­ciones in­tra­rre­gio­na­les. En esa se­gunda etapa vendrá lo más in­tere­sante, las grandes ope­ra­ciones de con­cen­tra­ción tipo Santander Central Hispano o Bilbao Vizcaya Argentaria. Y ahí Rato y Caja Madrid quieren estar en con­di­ciones de tener mucho que de­cir. Para ello, ne­ce­sita pri­mero poner su propia casa en or­den. Labor que re­quiere de la in­cor­po­ra­ción desde otras en­ti­dades de di­rec­tivos con ex­pe­rien­cia, que sean de la má­xima con­fianza del pre­si­dente.

Éste es el planteamiento que subyace en los movimientos que está dando Rato para reorganizar de arriba abajo la Caja Madrid que ha heredado de Miguel Blesa. El nuevo presidente quiere hombres de confianza en los cuatro núcleos de poder en la entidad. Para controlar el consejo de administración y para llevar las cuestiones más sensibles con los partidos políticos y con los sindicatos, Rato ya cuenta con José Manuel Fernández Norniella, clave en el pacto que le ha llevado a la presidencia de la caja y al que ha ascendido de consejero a vicepresidente, en detrimento de Estanislao Rodríguez Ponga, director general de Tributos y secretario de Estado de Hacienda con Cristóbal Montoro de ministro y él de vicepresidente económico. Como secretario general, quiere a Juan Costa, ex secretario de Estado de Economía en el primer Gobierno de Aznar, luego secretario de Comercio y Turismo y también ministro de Ciencia y Tecnología y a quien se llevó al Fondo Monetario Internacional como asesor cuando fue nombrado director gerente. La oposición de Mariano Rajoy y de otros destacados miembros del aparato nacional del PP va menguando ante la insistencia de Rato.

Para el negocio bancario, Rato busca un profesional con experiencia como director general. Ha tanteado sin éxito a José Ignacio Goirigolzarri (ex consejero delegado del BBVA) y a Federico Outón (Banesto), entre otros. Pero el perfil que más le gusta es el que representa Enrique García Candelas en el Santander. El cuarteto se completaría con otro fichaje, éste procedente de algún banco de inversión probablemente, para encargarse de las participaciones industriales y financieras, con la misión de sacar una renovada Cibeles a Bolsa con garantías de éxito.

Pero Rato no quiere pisar demasiados callos en el organigrama de Caja Madrid, ni entrar en él como un elefante en una cristalería. Para curarse en salud, ha encargado a PricewaterhouseCoopers el diseño de una nueva estructura operativa de Caja Madrid, que debe estar listo antes del verano y que va a servir de coartada para los fichajes que Rato tiene en mente. Al mismo tiempo, la firma de búsqueda de directivos Seeliger y Conde ha sido contratada para examinar a la alta dirección, integrada por una veintena de profesionales (todos ellos fichados o promocionados por Blesa), y especialmente a los siete miembros del Comité de Dirección: Matías Amat, Ildefonso Sánchez-Barcoj, Ramón Martínez, Juan Astorqui (Comunicación), Ricardo Morado, Carmen Contreras (Obra Social), y Rafael Spottorno (Fundación Caja Madrid).

A la espera de los correspondientes informes, Rato ya está manos a la obra. Ha encargado a Credit Suisse la venta del 40% en la mexicana Hipotecaria Su Casita, una de las operaciones estrella de Blesa. Esta operación supone reordenar Cibeles, el hólding creado por Blesa en abril de 2008 a imitación de Criteria (del que Rato fue consejero) pero limitado a participaciones financieras, como el 15% de Mapfre (en la que Rato ya se sienta en el consejo) o el 83% del norteamericano City National Bank of Florida. Precisamente, con el dinero que obtenga de Su Casita, unos 175 millones de euros, quiere adquirir el 17% que no controla en el banco estadounidense, otra de las grandes operaciones de Blesa.

Además de poner orden en Cibeles, cuya salida a Bolsa se empezaría a pensar a partir de 2011, Rato quiere aclarar la situación de las participaciones industriales de la caja, algunas concentradas en Corporación Caja Madrid y otras, como el 23% de Iberia, no. La atención de Caja Madrid está volcada en tres participadas que producen un impacto negativo en el balance de Caja Madrid: Iberia, Mecalux y SOS. En Mecalux hay unas minusvalías de 68 millones de euros con la OPA de exclusión, como ya desveló CapitalMadrid. En Iberia, las minusvalías ascienden actualmente a unos 160 millones, aunque se espera su conversión a números rojos cuando la fusión con British Airways alcance una velocidad de crucero. Y en SOS Cuétara, que parece una de las peores inversiones de Blesa (en dura pugna con Mecalux), todo está pendiente de cómo evolucione la venta del grupo alimentario.

Además, Caja Madrid ha puesto a la venta el 20% de la empresa de energía renovable Genesa, cuyo 80% está en manos de EDP. Lazard, banco de inversión en el que recaló Rato tras abandonar el FMI, ha conseguido el mandato, en una decisión no exenta de polémica.

Todos estos movimientos tienen una finalidad: ordenar Caja Madrid, incrementar su solvencia, hacerla más competitiva. A corto plazo, Rato quiere que la caja esté concentrada en la lucha contra la morosidad y en la captación de negocio. Pero el objetivo a medio plazo es protagonizar una gran operación, que ponga a Caja Madrid a la altura e incluso por encima de La Caixa. Rato tiene planes ambiciosos, a la espera de que la primera fase de fusiones deje paso a una segunda etapa con operaciones de mayor calado y que sin duda plantearán enormes problemas políticos y de gestión. Entre los posibles objetivos: las cajas gallegas y las levantinas, juntas o por separado.

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