Mejora no­table de la im­plan­ta­ción de las em­presas fo­rá­neas en Portugal

Los portugueses, encantados con los bancos y las empresas españolas

Las gue­rras de ac­cio­nistas y los pro­blemas con la Justicia com­pro­meten la imagen de las en­ti­dades lusas

El Corte Inglés en Portugal
El Corte Inglés en Portugal

Hace solo unos años atrás, nadie hu­biera po­dido ima­ginar en Portugal que lle­garía el día en que los por­tu­gueses se pon­drían a mirar con sim­patía las em­presas es­pañolas ins­ta­ladas en el país. Y hasta lo más abiertos a la in­ver­sión es­pañola veían como muy im­pro­bable que la buena imagen po­pular de unas pocas marcas como Zara o El Corte Inglés pu­diera al­canzar tam­bién un día los grandes bancos es­paño­les. Sin em­bargo, eso fue lo que pasó: solo hay que pa­searse por las ca­lles de Lisboa o de Oporto, por ejem­plo, para ver como los por­tu­gueses miran ahora con na­tu­ra­lidad y hasta con ca­riño las ofi­cinas de los bancos es­paño­les. Lo más lla­ma­tivo es el cambio ra­dical de la imagen del Santander. Hace una de­cena de años, tras la compra del Banco Totta y Açores, su lle­gada pro­vocó en Portugal una enorme ola na­cio­na­lista y an­ti-es­pañola, mien­tras que hoy en día el Santander Totta es sen­ci­lla­mente el "número uno" en tér­minos de iden­ti­fi­ca­ción emo­cio­nal, de pres­tigio y de con­fianza, según Brand´s Magnetic Fields 2009.

El cambio de actitud de los portugueses tiene ciertamente mucho que ver con el dinamismo comercial y quizás más aún con las buenas prácticas de los bancos españoles instalados en el país. Además del Santander Totta, eso se aplica igualmente al Banco Popular, que en 2003 se hizo con el control del pequeño Banco Nacional de Crédito (BNC), adquirido al "rey mundial del corcho" Américo Amorim. Aunque sin la misma intensidad del Santander y del Popular, la marca BBVA también está presente en el país vecino y ahora podría sacar buen provecho del cambio de clima favorable a la banca española para adquirir una mayor visibilidad: el Banco Português de Negócios (BPN), que fue nacionalizado a finales del 2008 con un "agujero" de 1.800 millones de euros, será puesto a la venta en los próximos meses. 'la Caixa' ostenta por su parte un 30,1% del tercer mayor banco privado luso, el BPI, y no descarta alcanzar los 33%, pero sin participación directa en la gestión de la entidad, que conserva así su "independencia".

En todo caso, la "hispanización" de la gestión y de la imagen de los bancos bajo control español es mirada ahora en Portugal con la misma naturalidad con que se contemplaría el fenómeno por parte de alguna entidad británica, norteamericana o francesa. Y en relación con el Santander, además de los resultados positivos cosechados en Portugal con una estratégica comercial dinámica, agresiva e innovadora (el último año el beneficio neto alcanzo los 531 millones de euros), también se valora mucho en el país vecino que Emilio Botín haya confiado la responsabilidad ejecutiva del Abbey Nacional a un portugués como Horta Osorio. De ahí el gran impacto que tienen las intervenciones del presidente de Abbey, no sólo cuando reconoce que el sistema financiero luso resistió bien a la crisis sino también cuando advierte que las autoridades tendrían que poner rápidamente remedio a algunas situaciones muy delicadas.

No hay que olvidar, en efecto, que Portugal tiene dos bancos en dificultades y sin que la crisis tenga nada que ver en ello. La nacionalización del BPN fue provocada por las malas prácticas de sus antiguos administradores, empezando por el ex presidente Oliveira Costa. Acusado de numerosas acciones ilícitas, pasó seis meses en prisión preventiva y se encuentra ahora en una situación de arresto domiciliario, a la espera del juicio. Además de un "agujero" de 1.800 millones de euros, provocado por errores de gestión y por operaciones financieras ilícitas, para evitar la quiebra el BPN tuvo que recibir inyecciones de liquidez por unos 4.000 millones de euros, por parte de la institución pública Caixa Geral de Depósitos (CGD). Programada para este año, la venta del BPN será realizada por concurso público, reservado sólo a entidades financieras nacionales y extranjeras: hay ya algunos candidatos, como Montepio Geral, pero otros novios potenciales, como el BBVA, esperan aún la publicación del pliego de condiciones.

La situación del Banco Privado Português (BPP), es aún más critica: intervenido por el Banco de Portugal (BdP), el llamado "banco de los ricos" lleva ya un año en proceso de liquidación, y sin que sus clientes hayan podido recuperar sus depósitos. Para mantener la entidad a flote, a la espera de un comprador o de su liquidación, el gobierno socialista tuvo que convencer a los grandes bancos (CGD, BCP, BES, BPI, Santander Totta...) para que pusieran 450 millones de euros, con la garantía del Estado. Una operación que no fue del agrado de Bruselas y que tendrá que quedar resuelta lo mas tardar el próximo 3 de marzo, con el reembolso del préstamo. Y habrá además que convencer los clientes del BPP, con más de 1.000 millones de euros invertidos en productos de retorno garantizado que perdieron la mitad de su valor, para que pongan sus activos devaluados en un nuevo fondo, con lo cual contarían con la garantía del Estado para recuperar por lo menos 250.000 euros... dentro de cuatro o diez años.

Fue pues ante situaciones como las del BPN y del BPP que muchos portugueses cambiaron de actitud en relación con la entrada en Portugal de los grandes bancos españoles, que ofrecen la imagen o la garantía de una gestión profesional innovadora, rigorosa y eficaz. La inestabilidad de otras instituciones financieras lusas actuó en el mismo sentido: mientras el Santander Totta se consolidaba y veía aumentar su prestigio, el BCP y el BPI luchaban a golpes de OPA. Lo más penalizado fue el BCP, que es el mayor banco privado del país y que lleva ya mucho tiempo en el ojo del huracán, por sus divisiones internas y igualmente por las malas prácticas financieras de sus antiguos máximos responsables, que tendrán que rendir cuentas a la Justicia. Hace unos días, el tercero mayor accionista del BCP Joe Berardo interpuso una querella contra el ex presidente Jardim Gonçalves y otros antiguos administradores, a los cuales reclama más de 1.300 millones de euros, por una serie de actos de gestión ilícita y muy dañosa para el banco.

La imagen de los bancos nacionales también está siendo muy afectada por actuaciones de cariz político-financiero de las que huye el Santander Totta. Por ejemplo, a la opinión pública no le sienta nada bien ver que en estos momentos de crisis el BCP tenga 3.500 millones de euros de de créditos (80% del valor de mercado de la institución) concentrados en media docena de grupos y de inversores, como las constructoras Mota Engil, Teixeira Duarte y Soares da Costa, la cementera Cimpor, Joe Berardo o el magnate de prensa Joaquim Oliveira. Sólo el grupo Mota-Engil, que tiene como presidente al antiguo ministro socialista de las obras publicas Jorge Coelho, tendría una deuda acumulada con el BCP ya superior a los 1.200 millones de euros, y que según denunció la prensa lusa está siendo investigada por las autoridades.

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