Monitor de EE.UU.

Los HFT re­vo­lu­cionan el tra­ding en la pri­mera Bolsa del mundo

¿Quién decide en Wall Street?

Los me­dios eléc­tro­nicos per­miten re­ducir pér­didas o ma­xi­mizar be­ne­fi­cios en es­casos se­gundos

Wall Street
Wall Street

Son doc­tores en cien­cias fí­si­cas, in­ge­nieros o ma­te­má­ti­cos; al­gunos no han ne­go­ciado en su vida un tí­tulo de renta va­ria­ble, ni leído un ba­lance o una cuenta de re­sul­ta­dos, pero saben di­señar al­go­ritmos para operar en los mer­cados a mayor ve­lo­cidad de lo que lo puede hacer un ser hu­mano. Son la nueva ge­ne­ra­ción de Wall Street, los ce­re­bros que están de­trás de los fondos de alta fre­cuencia (conocidos por sus si­glas en in­gles HFT), ca­paces de re­vo­lu­cionar el mer­cado, como lo de­mos­traron en mayo pa­sado cuando el Dow Jones se des­plomó hasta 1.000 pun­tos, al pa­recer por ór­denes pro­ve­nientes de uno de esos fon­dos, pro­vo­cando uno de los su­cesos que pa­sarán a la his­toria de Wall Street porque pro­ba­ble­mente marcó un antes y un des­pués en la ope­ra­tiva de los mer­ca­dos.

La máquina inteligente se abre paso en la Gran Pizarra y los expertos tienen pocas dudas de que acabará siendo la dueña y señora de los mercados de la poscrisis. "El futuro de Wall Street está en los ordenadores. El hombre simplemente tendrá un papel de inspector y  serán las máquinas las que peleen en el mercado", señala uno de esos jóvenes formado como ingeniero financiero, una titulación nueva que están ofreciendo las universidades estadounidenses con gran éxito, y que trabaja como analista cuántico.

El 6 de mayo pasado se recordará como uno de esos días negros en la historia de los mercados financieros. El entorno no podía ser peor para lo que sobrevino. La crisis de la deuda europea estaba en su apogeo y había temores de que sus efectos pudieran alcanzar a Estados Unidos. Los desequilibrios fiscales de algunas economías europeas encendieron las alarmas ante la eventualidad de que Grecia pudiera verse abocada a una suspensión de pagos, lo que desataría una crisis de confianza en la eurozona con consecuencias catastróficas para la tenue recuperación de la economía mundial.

A primera hora de la tarde la bolsa neoyorquina caía alrededor de un 3% en una sesión más de nervios e incertidumbre por la evolución de los acontecimientos que llegaban del Viejo Continente. A las tres menos cuarto de la tarde, hora de Nueva York, la sacudida fue tan enérgica que recorrió el país de Este a Oeste dejando una estela escalofriante de pánico. El Dow Jones de Industriales se desplomó súbitamente 600 puntos, después 700 y en unos minutos los 1.000 puntos. Valores como Procter and Gamble, uno de los valores más estables, llegó a perder un 50% en segundos. Hasta que el mercado corrigió -- acabó perdiendo 347 puntos -- el mundo pudo asistir incrédulo cómo la tecnología puede desatar en 16 minutos exactos el pánico y desplomar el mayor mercado de valores del mundo. Fue lo que los técnicos denominaron un "flash crash", cuya responsabilidad está investigando la SEC sin que todavía la haya aclarado, pero que, según muchos, apunta a operadores de alta frecuencia que usan ordenadores muy veloces para negociar millones de títulos en un abrir y cerrar de ojos.

Esta operativa se ha convertido en un lucrativo negocio que mueve miles de millones de dólares y que concentra entre el 50 y el 70% del volumen diario negociado en las bolsas estadounidenses desde despachos muy distantes de Wall Street, porque una de las características de estos fondos es que la mayoría se encuentra en ciudades como Chicago, Kansas City o Austin. Sus críticos los acusan de desestabilizadores y de crear una peligrosa división en el mercado, que para muchos observadores es ya una realidad, entre quienes poseen su tecnología y el resto. La brecha tecnológica ya está abierta en Wall Street, ahora lo que falta por comprobar es si la máquina es una amenaza para el mercado por sus potenciales efectos sistémicos.

 

Artículos relacionados