Monitor de Latinoamérica

El grado de ban­ca­ri­za­ción es aún muy li­mi­tado, muy por de­bajo de EEUU

La banca latinoamericana aguanta la crisis

Salvo en Venezuela y México, las en­ti­dades fi­nan­cieras están vi­viendo un mo­mento dulce

Banca Latinoamericana
Banca Latinoamericana

Por pri­mera vez la banca la­ti­noa­me­ri­cana ha su­pe­rado con éxito la prueba de una crisis fi­nan­ciera in­ter­na­cional sin ser arras­trada al va­cío. Latinoamérica ha aca­bado apren­diendo de las crisis an­te­riores y de­mos­trado que con la banca no se juega, como su­cedió en la crisis ban­caria me­xi­cana de me­diados de los 80 en que a punto es­tuvo de lle­varse la eco­nomía por de­lante. Un cuarto de siglo des­pués, el sector ban­cario de los prin­ci­pales países de la re­gión ofrece sa­lu­da­bles ni­veles de sol­vencia en con­traste con el eu­ro­peo, un en­fermo asis­tido del que los in­ver­sores des­con­fían. Una ex­cep­ción a la regla son Venezuela, por las pre­siones in­ter­ven­cio­nistas del Gobierno de Hugo Chávez y México, cuya eco­nomía per­ma­nece muy vin­cu­lada al po­de­roso ve­cino del Norte. En ambos paí­ses, el banco que más sufre es el es­pañol BBVA de Francisco González.

Los expertos destacan que el sistema bancario latinoamericano ha aguantado las sacudidas de la crisis gracias a que es un modelo tradicional de banca comercial y minorista que, como el español, está menos expuesto a los vaivenes de los mercados financieros, y a que ha aprendido lo vital de una regulación y supervisión eficientes, sin olvidar los importantes progresos en estabilidad institucional y política, que han permitido asegurar marcos legales más creíbles y previsibles a los inversores.

La paradoja es que mientras los bancos latinoamericanos se enfrentan con relativo éxito a la primera crisis financiera internacional desde los años 30, la banca europea, cuna histórica del negocio, que desembarcó en la región, seguida de la estadounidense y canadiense, a finales de los 90 para iniciar una expansión sin precedentes en países como México, Brasil, Chile y Argentina, no consigue recuperar el favor de los inversores y analistas.

A pesar de las pruebas de fortaleza, publicadas para evitar una desconfianza aún mayor, la banca europea sigue pagando muy caro sus problemas de crecimiento, solvencia y liquidez. Muchos analistas sostienen que hay algunos modelos de negocio insostenibles e irrealizables, y que los contribuyentes y los reguladores no pueden tolerar que la situación actual se alargue de forma indefinida. Además, el sector se enfrenta al dilema de tener que reforzar su base de capital, al tiempo que recibe presiones para que abra el grifo del crédito. P

or otro lado, subsisten serios problemas de liquidez en casi todos los países, resueltos por las inyecciones de liquidez del BCE, pero esta dependencia, señalan los analistas, no puede durar mucho tiempo. Es otra de las incertidumbres que quedan sin respuesta: ¿qué puede pasar si el BCE corta el grifo de las subastas? Lo más probable es que no suceda en el corto plazo, de hecho los mercados interbancarios ya están repuntando, pero la vulnerabilidad de los bancos europeos en financiarse revela que son todavía  un flanco muy débil para la economía de la zona.

 Tras resistir el envite, la banca latinoamericana debe ahora demostrar que es capaz de navegar en la crisis y que sabe hacer negocios en una región que está creciendo a ritmos del entorno del 5 por ciento por el frenesí exportador de materias primas y la entrada de inversiones extranjeras. Según los analistas, sus desafíos inmediatos son facilitar crédito a las empresas y a los consumidores, diversificar su financiación y afianzar una base de capital sólida.

El crecimiento económico que registra la región, con tasas del 9% en Brasil, y del entorno del 4% en México, Chile y Argentina, hacen prever que la demanda de hipotecas y de créditos al consumo se duplique en los dos próximos años. El margen de penetración que tiene la banca en Latinoamérica es una de las más bajas: alrededor del 33% de las familias están vinculadas a un banco, frente al 90% en Estados Unidos o por encima del 100 por ciento en Europa. Si avanza en este terreno, el sector podrá aumentar su pasivo y financiar con los nuevos recursos a las empresas, muchas de las cuales son de tan reducido tamaño que solo necesitan microcréditos, pero cuya importancia para el empleo es vital al generar la mitad del empleo de la región.

 

 

 

 

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