Monitor de EE.UU.

Exigen me­didas cau­te­lares y la con­ge­la­ción de los de­pó­sitos ger­manos en EEUU

Inversores norteamericanos reclaman el pago de bonos alemanes de los años 20

El Gobierno alemán se re­siste a pagar y eter­niza las de­mandas en los Trbunales

Nueva York
Nueva York

Hace más de 80 años Alemania emitió de­cenas de miles de bonos di­ri­gidos al mer­cado es­ta­dou­ni­dense en un in­tento de en­de­rezar sus fi­nanzas tras la de­rrota en la Primera Guerra Mundial. Parte de ese di­nero fue uti­li­zado des­pués por Hitler para cons­truir la po­de­rosa má­quina mi­litar que se apo­de­raría de gran parte de Europa du­rante la Segunda Gran Guerra. Hoy, un puñado de in­ver­sores es­ta­dou­ni­denses que po­seen estos bonos ale­manes ha acu­dido a los tri­bu­nales de su país para con­se­guir que Alemania pague la deuda, que po­dría as­cender a cientos de mi­llones de dó­la­res. Se han pre­sen­tado de­mandas en Miami, Nueva York y Chicago.

Por el momento, un tribunal ha rechazado los intentos de las autoridades alemanes de que se desestime el caso. Si finalmente los tenedores de los bonos ven atendidas sus reclamaciones por los tribunales, los abogados defensores pedirán la congelación de todos los activos del Gobierno alemán en suelo estadounidense, una medida que ya ha dado resultado en otros casos como en el del impago de los bonos de Argentina.

La posición de Alemania es que las demandas carecen de fundamento porque los bonistas lo que deben hacer para conseguir la amortización de los títulos es validarlos de acuerdo con un tratado internacional de 1953 recogido en la legislación federal. Para las autoridades alemanas, la validación de los bonos en disputa es la condición sine qua non para cobrarlos y cualquier intento de eludirla con maniobras está condenado al fracaso en los tribunales. Pero, según los tenedores de los bonos, Alemania ha levantado una pesadilla burocrática en torno al proceso de validación. Un aspecto poco conocido y que podría ser clave, es, según algunos expertos, el supuesto robo de bonos alemanes por el Ejército Rojo perpetrado en 1945 en una cámara acorazada nazi.

Alemania alega que dichos bonos ya fueron amortizados por el Gobierno, aunque llegaron a revenderse ilegalmente en algunos países. Si los bonistas estadounidenses que han demandado a las autoridades alemanes poseyeran estos bonos aprehendidos por los rusos y revendidos posteriormente, no serían válidos ante los tribunales, en opinión de Alemania. Pero, según los historiadores contratados por los demandantes, los rusos devolvieron en su momento los bonos saqueados.

Según la documentación judicial, las autoridades alemanas aluden reiteradamente a una "lista de bonos robados" por lo que se niegan a pagar. Sin embargo, los abogados de los demandantes señalan que Alemania ni quiere compartir la lista ni permite su acceso. Para que los bonos fueran validados por las autoridades germanas hay que demostrar que los títulos no estuvieron físicamente en Alemania el primero de enero de 1945, poco antes de la rendición del ejército alemán.

Hasta el momento, tribunales de Nueva York y Atlanta han desestimado la alegación alemana de que la reclamación no es competencia de los juzgados estadounidenses. Sin embargo, uno de Nueva York ha rechazado la demanda de un bonista con bonos valorados en más de 400 millones de dólares actuales al señalar que no intentó en un primer momento acogerse al proceso de validación.

Los bonos bajo disputa fueron vendidos en Estados Unidos entre 1920 y 1934 para ayudar a Alemania en la financiación de nuevos proyectos e instalaciones fabriles, y para pagar las reparaciones de la Primera Guerra Mundial. Una serie, conocida como Bonos Dawes, captó 110 millones de dólares de 1920, lo que equivaldría a unos 1.200 millones de dólares actuales; otras series llamadas Bonos Jóvenes generaron 98 millones, alrededor de 1.000 millones de ahora.

Los inversores recibieron garantías de que los bonos eran un refugio seguro, incluso el Presidente estadounidense de entonces, Calvin Coolidge, instó a sus compatriotas a invertir en ellos. Pero las cosas cambiaron después de 1933, cuando Hitler subió al poder. Hitler repudió la deuda y ordenó que no se pagara ninguno, lo que causó el desplome de su valor. Después, los alemanes empezaron a comprar los bonos a precio de saldo antes de que comenzara la Segunda Guerra Mundial.

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