Repsol, tras ocho años de es­pera, es­pera la ad­ju­di­ca­ción de un per­miso para este año

El lobby turístico impide la exploración de hidrocarburos en el 'off-shore' del Algarve portugués

Las re­servas de gas na­tural des­cu­biertas cu­bri­rían diez años del con­sumo de la Península Ibérica

Algarve
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Considerado uno de los países eu­ro­peos con mayor nivel de de­pen­dencia ener­gé­tica del ex­te­rior, junto a España, Portugal está rea­li­zando una fuerte apuesta en el desa­rrollo de las ener­gías re­no­va­bles, donde cuenta con una im­por­tante par­ti­ci­pa­ción de grupos es­pañoles como Iberdrola y Endesa, que han desarro­lando va­rios pro­yectos hi­dro­eléc­tricos y eó­li­cos. Pero la 'gran so­lu­ción' es otra a corto plazo y pasa por la ex­plo­ra­ción de las es­casas re­servas de hi­dro­car­buros "off-shore" que según los téc­nicos tiene el país, prin­ci­pal­mente a lo largo de la costa me­ri­dional del Algarve, donde Repsol y RWE se hi­cieron con­jun­ta­mente con un con­curso abierto en 2001, con vistas a la pros­pec­ción y ex­plo­ta­ción de im­por­tantes re­servas de gas na­tu­ral. Sin em­bargo hay un pro­blema: el lobby tu­rís­tico de la re­gión frena la firma del con­trato de con­ce­sión al con­sorcio his­pa­no-a­lemán que, según al­gunas fuen­tes, es­taría a punto de ad­ju­di­carse por el Gobierno de José Sócrates.

Oficialmente nadie quiere hablar del tema. Pero el "lobby" turístico en el Algarve está que arde ante la sospecha de que el gobierno presidido por el socialista José Sócrates lo tiene muy claro: según algunas informaciones, la firma del contrato con Repsol y RWE podría producirse a finales de año. En horas bajas de popularidad, y ante la grave situación económica y financiera del país, Sócrates podría aprovechar la próxima Cumbre Ibérica, a  principios de diiciembre, para anunciar su decisión, al lado de su buen amigo José Luis Rodríguez Zapatero.

Fue el gobierno presidido por Durao Barroso que decidió en 2003 "congelar" todo el proceso iniciado en el 2001 con la apertura del concurso, que sería adjudicado al consorcio hispano-alemán formado por Repsol (75%) y RWE (25%). Lo que hizo entonces el actual presidente de la Comisión Europea, fue ceder a la presión del "lobby turístico" del Algarve, que tuvo siempre, desde el primer momento, el apoyo total de la dirección local del Partido Social Demócrata (PSD), bajo el pretexto que los riesgos del proyecto superan de largo los beneficios.

No hay que olvidar, en efecto, que con 5,5 millones de turistas y 14 millones de pernotaciones de hotel, el turismo es la "gallina de los huevos de oro" del Algarve y también de la economía nacional: al nivel regional representa 60% del empleo y 66% de la actividad económica, con que la aportación del turismo "algarvio" al nivel nacional es del 40%. "Poner en explotación las reservas "off shore" de hidrocarburos sería lo mismo que "hipotecar" la actividad turística de la región, ante el riesgo de alguna catástrofe ecológica", denuncian los enemigos del proyecto. Obviamente, una exageración.

Quienes llevan la ofensiva contra la firma del contrato con Repsol y a RWE por un periodo de 55 años (10, de prospección y 45 de exploración), son la influyente asociación de los hoteleros algarvios AHETA dirigida por Elidérico Viegas, y el diputado Mendes Bota, que fue hasta hace poco el máximo responsable regional del PSD.  Su gran recelo es que ante la posibilidad de elecciones anticipadas y de un cambio de mayoría, Sócrates quiera dejar el asunto zanjado en la próxima cumbre ibérica anunciando la firma del contrato de concesión.

En todo en caso, aunque Portugal no será probablemente una potencia energética, los blocos "off shore" adjudicados al consorcio hispano-alemán tienen unas reservas estimadas de 1.900 millones de pies cúbicos de gas natural, el equivalente a 15 años del consumo nacional que podrían ser, en el caso más optimista, de diez para toda la Península Ibérica, según fuentes españolas. La zona de exploración está situada a 55 kilometros de la costa del Algarve , a unos 800 metros de profundidad, en una zona que integra el parque natural de Ria Formosa, entre Quarteira y Monte Gordo, que es donde se concentra una buena parte de la actividad turística de la región

Además del contrato adjudicado a Repsol y a RWE, Portugal tiene otros proyectos "off shore", uno situado frente a la costa atlántica del Alentejo y del Algarve  (entre Sines et Sagres), y otro más al norte, frente a Peniche, en una zona de 12.000 kms2 y situada a 3.500 metros de profundidad. Este último proyecto fue confiado a consorcios formados por Galp Energia, Partex (Fundación Gulbenkian) y por operadoras internacionales como Petrobras: son cuatro blocos de prospección de petróleo y cuyos estudios sísmicos estarán terminados a finales de año.

Sin embargo, el proyecto de Repsol y RWE en el Algarve es el único que concentra críticas y recelos, que según los expertos no están justificados. Recuerdan, por ejemplo, que el "off shore" algarvio presenta las mismas características del Campo Poseidón situado en la bahía de Cádiz, a solo 35 kilometros de la costa, y que lleva ya muchos años en explotación (Repsol), sin que se haya registrado nunca ningún incidente digno de registro. "Y lo mismo pasa con los 56.000 pozos de gas en el mundo", subrayan también los responsables del proyecto algarvio.

Lo cierto es que la firma del contrato con Repsol solo tendría resultados positivos. Por una parte, Sócrates tendría así la oportunidad de manifestar a su bueno amigo Zapatero de que aquella polémica provocada por la "golden share" aplicada a Telefónica - cuando el grupo presidido por Cesar Alierta quiso comprar Vivo con el acuerdo de los accionistas de Portugal Telecom (PT) pero sin que quedara garantizado antes la continuidad de la operadora lusa en Brasil - fue solo una tormenta en un vaso de agua y que no afectó las relaciones hispano-lusas.

Y lo que es más importante, la puesta en exploración de los blocos 12 y 13 en el "off shore" algarvio, cuyas reservas estimadas son unas veinte veces superiores a las del campo Poseidón explorado por Repsol desde 1976, tendrían un impacto muy importante en la economía y en las finanzas lusas: además de representar unos 15 anos del consumo nacional de gas natural, el proyecto adjudicado al consorcio hispano-alemán recortaría la factura energética nacional en unos 1.500 millones de euros  al año, lo que representa un 15% de la importación energética.

O sea, en unos momentos tan difíciles para la economía y las finanzas nacionales, Sócrates lo tendría muy fácil para justificar ante la opinión pública la necesidad del gas natural algarvio,  por encima pues de los recelos del "lobby" turístico, lo cual pasa en silencio la existencia de otra amenaza mucho más seria para el sector: el riesgo de una "marea negra", con lo cual convive desde hace muchos años, proviene del intenso tráfago de buques petroleros frente a la costa del Algarve, por donde transitan anualmente 140 millones de toneladas de petróleo.   

 

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