La pe­ne­tra­ción por­tu­guesa en el mer­cado es­pañol es aún re­du­cida

España abre los concursos de obras públicas a las constructoras lusas

FCC será el primer grupo es­pañol en aplicar la regla de la re­ci­pro­cidad

AVE España - Portugal
AVE España - Portugal

El sector de la cons­truc­ción y de las obras pu­blicas en Portugal siempre fue muy dado a agitar el fan­tasma an­ces­tral de la "invasión es­paño­la", uti­li­zán­dolo como arma de de­fensa, por dos ra­zones prin­ci­pa­les, una anacró­nica y la otra aún de ac­tua­li­dad. La pri­mera está re­la­cio­nada con la idea for­jada du­rante más de ocho si­glos de ri­va­lidad ibé­rica, puesto que a pesar de la cre­ciente in­te­gra­ción eco­nó­mica y de las buenas re­la­ciones bi­la­te­ra­les, son mu­chos los por­tu­gueses que se iden­ti­fican to­davía con el viejo pre­juicio na­cio­na­lista de que lo único que suele venir de España son "malos vientos y malos ma­tri­mo­nios". Y la se­gunda, re­posa en el hecho que las cons­truc­toras y con­ce­sio­na­rias es­pañolas tienen toda la li­bertad del mundo para par­ti­cipar en los con­cursos pú­blicos en Portugal, mien­tras que los grupos lusos tienen ve­dada su en­trada en España. Pero el cambio está en mar­cha: el primer paso fue dado por FCC, al brindar a Conduril la opor­tu­nidad de par­ti­cipar al desa­rrollo de la red es­pañola del AVE.

La iniciativa de FCC fue acogida muy favorablemente por las autoridades lusas, que venían reclamando desde hace mucho la aplicación de la regla de la "reciprocidad" en el acceso a  los concursos públicos de ambos países. La lusa Conduril participará pues al lado de FCC en la carrera al AVE Olmedo-Zamora-Orense, en cuya construcción se utilizará el nuevo sistema de financiación publica aplazada: muy habitual en el país vecino, que como España tiene el déficit publico por las nubes, con este sistema serán los vencedores del concurso público los que tendrán que asumir los costes de la obra, y solo recuperaran su inversión progresivamente,  a través la futura explotación de la infraestructura y los pagos anuales aplazados del Estado.

FCC anunció igualmente que el acuerdo firmado con Conduril podría extenderse a otras constructoras lusas interesadas. Y tanta apertura o "generosidad" por parte del grupo de Esther Koplowiz no deja de sorprender a los portugueses. Así, al margen de la aplicación de la regla de "reciprocidad", puesto que FCC, ACS, Sacyr y Ferrovial participan en todos los grandes concursos de obras públicas en Portugal, y a par también del hecho que los grupos lusos tienen gran experiencia del sistema de financiación publica aplazada, la iniciativa de FCC podría tener otra explicación: ante la próxima adjudicación del tramo del AVE Lisboa-Poceirao, y que incluye la construcción de un nuevo puente sobre el Tajo, lo que quiere FCC... es inspirar simpatía.

Hay que recordar que el consorcio Tave Tejo de FCC y Conduril fue el que presentó la mejor propuesta para el tramo Lisboa-Poceirão, con un precio de 1.870 millones de euros, frente a los 2.166 millones y a los 2.310 millones reclamados respectivamente por los consorcios rivales lusos Altavia y Elos, los cuales acusan al grupo español de haber hecho trampa y piden que sea  eliminado de la fase final del concurso. La mayor constructora nacional Mota-Engil, que tiene a su frente al dirigente socialista y ex ministro de las Obras Publicas Jorge Coelho, es la que lidera Altavia, mientras que la concesionaria de autopistas Brisa, la constructora Soares da Costa y ACS lideran Elos, lo cual ya se hizo con la construcción y la explotación del tramo del AVE Lisboa Madrid entre Poceirão y la frontera española de Caya por 1.650 millones de euros.

FCC ya contestó que las acusaciones de Altavia y Elos son "injustas, superficiales y ridículas", y con su decisión de facilitar a Conduril y a otras constructoras lusas interesadas el acceso a la obra pública española, pondrá aun más presión al juri del concurso, que ya había aplazado su decisión para estudiar a fondo la cuestión. Lo cierto es que la iniciativa de FCC fue muy bien acogida por las autoridades lusas y más aun en el sector de la construcción, que nunca tuvo la oportunidad de abordar seriamente el mercado español: lo único que obtuvo hasta ahora, fueran "miajas", las obtenidas por Opca (grupo Opway) que en 2007 pagó 105 millones de euros por 70% de la constructora Sarrión que opera principalmente en Castilla La Mancha.

Así, mientras la mayoría de las empresas lusas que salen al exterior empiezan por el mercado español, por aquello de la proximidad geográfica, las afinidades culturales y porque es siete veces más importante que el nacional, con las constructoras pasa todo lo contrario: al margen de Opca y de otras iniciativas de menor calado, las mayores empresas del sector Mota Engil, Soares da Costa, Teixeira Duarte, etc., realizan más de la mitad de su volumen de negocios por todo el Mundo (antiguas colonias africanas, Brasil, Europa central, Magreb, Oriente Medio...) y prácticamente cero en España, cuyo mercado de la construcción y de la obra pública siempre funcionó hasta ahora como un coto reservado nada más que a las empresas nacionales.

Además de tener su entrada vedada en España, las constructoras lusas siempre miraran las españolas con manifiesta animosidad. Eso fue lo que ocurrió en la década de 1990, con el país volcado en la preparación de la Expo Internacional de Lisboa (1998). Ya entonces, los grupos nacionales, sobre todo Mota Engil, utilizaban todos los medios para denunciar la "invasión española". Y lo mismo pasa ahora con las grandes obras del régimen socialista, sobre todo ante la amenaza latente de ver a las constructoras españolas obtener en Portugal lo que perdieran en España por culpa de la crisis mundial y del desmoronamiento del sector en España.

En todo o caso, hasta las mayores constructoras lusas son muy conscientes de que no tienen dimensión suficiente para hacer la guerra a las españolas, que acaban pues por integrar los consorcios que se disputan los grandes concursos públicos del AVE, de las carreteras, etc... Así, aunque sus beneficios se hayan disparado más de un 37% de media el último año, las tres mayores constructoras nacionales ocupan lugares muy discretos en el "ranking" europeo: con 2.000 millones de euros de ventas, Mota Engil sale en la 45ª posición, Teixeira Duarte es la 78ª y Soares da Costa la 86ª... mientras que la cuarta más importante, Somague, es 100% Sacyr.

 

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