Caja España y Caja Duero toman la de­lan­tera ante la pre­sión del Banco de España

Las autonomías no quieren perder el control sobre sus `juguetes´ financieros

Los lla­ma­mientos a las fu­siones in­ternas del ca­talán Montilla y el an­daluz Griñán ocultan el temor al asalto desde otras co­mu­ni­dades

Jose Montilla
Jose Montilla

Con las manos en la caja. Así están prác­ti­ca­mente todos los pre­si­dentes de co­mu­ni­dades au­tó­nomas con va­rias cajas de aho­rros en sus zonas de in­fluen­cia. Si la frus­trada ab­sor­ción de Caja Castilla La Mancha (CCM) por la ma­la­gueña Unicaja sus­citó mo­vi­mientos para unir cajas de di­fe­rentes au­to­no­mías, ahora el dis­curso es cla­ra­mente pro­tec­cio­nista: vamos a fu­sio­narnos entre no­so­tros no sea que venga al­guien de fuera y nos "robe el ju­gue­te". El pis­to­le­tazo de este dis­curso pro fu­siones en casa lo ha dado el inicio de con­ver­sa­ciones se­rias, con au­di­tores ex­ternos y toda la pa­ra­fer­nalia propia de estas ope­ra­cio­nes, entre Caja Duero y Caja España, fu­sión más que pro­mo­vida casi im­puesta por la Junta de Castilla y León y, desde le­jos, por el Banco de España.

Los primeros pasos de la que será la quinta caja de España por depósitos ha sido el aldabonazo para que las comunidades autónomas se apresten a propiciar fusiones, evidentemente para controlarlas ellas, que supongan que continuarán disfrutando de sus juguetes financieros. Las cajas de ahorros, en muchas autonomías, son prácticamente entidades financieras al servicio del presidente autonómico, como se ha comprobado en CCM y en las operaciones financiación de proyectos empresariales ruinosos de los empresarios amistades peligrosas de José Bono y de José María Barreda.

En muy poco tiempo, el presidente de la Junta de Andalucía, Juan Antonio Griñán, deshacía el sueño de su antecesor Manuel Chaves sobre una caja única liderada por la Unicaja de Braulio Medel para sacarse de la manga la Gran Alianza, que permitiría a cada caja mantener su identidad y su obra social y a la comunidad autónoma impedir que "el pez gordo se coma al chico". Y, de paso, resolver internamente los problemas de la cordobesa CajaSur, propiedad del Cabildo de la Catedral de Córdoba, y que está bajo la atenta lupa del Banco de España para que cumpla con el calendario para deshacerse de tanta exposición al ladrillo. No sea que se repita la jugada Unicaja-CCM, pero al revés, que una caja de fuera (en este caso, las otras dos propiedad de la Iglesia, CajaCírculo de Burgos y la aragonesa CAI) tenga que resolver el asunto absorbiendo CajaSur.

Y en Cataluña, donde el presidente tradicionalmente hacía pocos alardes públicos de intervencionismo en el sector de cajas, José Montilla se ha apuntado al movimiento creciente de las cajas pequeñas y medianas para hablar de fusiones. También con la misma idea de "o te fusionas o te fusionan", como decía el prematuramente fallecido Pedro Toledo cuando era presidente del Banco de Vizcaya. Hasta el presidente de la patronal catalana Fomento del Treball, Joan Rosell, apoya la fusión de cajas de ahorros catalanas, porque permitiría "sumar esfuerzos", aunque cree que es una operación complicada.

Este discurso profusiones parte de otros elementos, como que el PNV y el Gobierno vasco de Patxi López tendrán que ponerse de acuerdo y acometer el tercer intento de creación de la caja única vasca con BBK y Mario Fernández al frente. Que las dos cajas extremeñas se terminarán fusionando, en una operación impulsada por la Junta de Extremadura, que no quiere que alguna de sus entidades termine en manos de la sevillana CajaSol o de otras entidades de fuera de la comunidad autónoma. Y que también habrá integración de las dos cajas canarias, en la única operación en que la Comunidad autónoma ha dejado plena libertad a sus entidades.

Y sobre todo por la certeza de que alguna caja pequeña y mediana más entrará en dificultades. Y existe el temor de que la hoja de ruta para el rescate de la banca que lleva diseñando el Gobierno contemple la entrada de los bancos en las cajas, a través de las cuotas participativas o de cualquier otra vía.

Así que los presidentes autonómicos se han puesto a la tarea de propiciar fusiones para poder mantener sus juguetes financieros, que son claves para ganar elecciones y mantenerse en el poder el mayor tiempo posible, para financiar a empresarios amigos, para garantizar financiación barata al partido político que le ha llevado a la presidencia, para hacer país (como les gusta decir en el PNV) y para premiar a unos y castigar a otros e influir en todos con la obra social y cultural.

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