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FT: Rajoy está sordo y durará poco si no lidera un gran pacto de emergencia nacional

Alfredo R. Mendizabal.- El presidente Rajoy dio la cara por fin después de mucho tiempo huidizo, mudo, como escondido en el bunker de La Moncloa. Fueron dos ruedas de prensa consecutivas: el jueves compareció ante la prensa durante 36:44 minutos junto con el primer ministro italiano, Mario Monti. El viernes, tras el Consejo de Ministros, hizo balance de sus siete meses en el poder durante 32:34 minutos y luego estuvo otros 27:21 minutos respondiendo preguntas; en total, casi una hora raspada: 59:55. La suma de los dos días arroja un cronómetro de etapa contra reloj: 1:36:40. Y pese a todo ello, en la ciudadanía no ha calado ningún mensaje claro, no hay una ruta delimitada, un asidero de esperanza. La única concesión al mundo real fue su alusión por primera vez al rescate, y aun así la hizo sin mencionar tal palabra, como si al pronunciarla fuera a abrirse el infierno. Es que quema. En Europa y otras latitudes ya están al cabo de la calle sobre Rajoy, su personalidad y su peculiar manera de gobernar, si eso es gobernar. Y la prensa internacional no se cansa de asombrarse de cómo Rajoy está despilfarrando día a día la gran oportunidad histórica que tenía. Es lo que hace este lunes, por ejemplo, David Gardner en Financial Times.

Redactor jefe del área de Internacional del diario británico, Gardner ha escrito una columna de opinión que no puede considerarse un editorial del periódico. Pero por su cargo y por su tono lo parece, y es una toma de posición muy nítida. En el título del artículo, una llamada de atención: 'El silencioso Rajoy está sordo a la emergencia española'. En el penúltimo párrafo explica la decepción: 'Parece estar sordo ante los crecientes llamamientos para un pacto nacional que haga frente a la emergencia económica, análogo a los Pactos de La Moncloa de 1977 que ayudaron a marcar la senda de España a la democracia, con los sindicatos y empresarios además de todos los partidos, incluyendo a los nacionalistas vascos y catalanes'. Y en el último párrafo, el deseo y la conclusión: 'El viernes, Rajoy también por primera vez contempló abiertamente la posibilidad de un rescate total por parte de la UE. Si eso es lo que se está barajando, entonces es hora de un pacto nacional entre partidos, y el Gobierno debería mirarlo no como un signo de debilidad, sino como el lastre o contrapeso vital para estabilizar el tránsito de España por la tormenta'.

Pero el bloque central del artículo es un análisis de cómo están las cosas hoy día: por un lado, España camina hacia una situación parecida a la de Irlanda hace dos años, a un rescate más o menos en otoño; por otro, la soberanía actualmente ya es limitada y poco puede decidir sobre su futuro en el euro, porque los mercados no apuestan ahora contra Italia o contra España, sino sobre la supervivencia el euro. Hay una frase de Gardner nada agradable aunque ni siquiera sea nueva: 'Esta administración, en el poder desde hace poco más de siete meses, tiene ya el tufillo de un Gobierno que se aproxima al final de su mandato'. Entre las clases medias, añade, 'hay una insistente sensación de que el Gobierno está perdiendo el control'. Y peor es la cita de un afigido afiliado del PP que dice de Rajoy: 'Es el hombre equivocado en el lugar equivocado en el momento equivocado'.

Como muchos analistas internacionales, Gardner acredita a Rajoy con las reformas y los ajustes presupuestarios. Pero aunque le hayan merecido aplausos en Bruselas y Berlín, 'parece que un abanico de españoles sorprendentemente amplio no lo ven como un programa viable para la recuperación'. También reconoce que Rajoy negoció 'con maestría' el rescate bancario, aunque tuviera que hacerse tras la 'desastrosa' gestión del caso Bankia. Pero entre los errores más graves que están caracterizando a este Gobierno 'está su incapacidad para comprender que el mundo está atento a lo que dice y a lo que hace'. Y aquí enumera varios patinazos de los ministros, diputados y servicios de comunicación. Empezando por el propio Rajoy, que 'raras veces habla, ya sea en el Congreso, en púbico o ante la prensa'. Si nadie pone en duda la legitimidad del Gobierno del PP, sí que deja mucho que desear su 'sensibilidad democrática'. Entre otras carencias, Gardner dice que 'Rajoy rehúye comparercer ante la nación'. Y en efecto, no ha aparecido directamente en televisión ni una sola vez para explicar qué pasa y qué está haciendo para enderezar las cosas.

El periodista del FT no lo dice, pero si Rajoy cree que son más importantes los diputados que la gente, se equivoca. Las Cortes 'representan' al pueblo español, que encarna la soberanía y del que emanan los poderes del Estado, según la Constitución. El empeño en ignorar a los representados para sólo hablar ante los representantes es eso, un déficit democrático y un error de Rajoy como una casa. Y más en estos momentos en que tendría que verse liderazgo. Claro que también comete errores más graves, como una catedral por lo menos. El otro día, en su rueda de prensa, volvió con su desgastada cantinela de que 'el Gobierno sabe perfectamente a dónde va, sabe lo que tiene que hacer'. Más que desgastada, ahora suena a broma pesada. También dijo por enésima vez que tiene 'un mandato claro para cuatro años', o sea, que parece enquistado en su plan original de ir de viernes a viernes, cuando todo ha cambiado. Peor aún es transmitir a un pueblo preocupado y asustado que 'no prometí milagros': es una excusa tan barata como indigna.

En cambio, sí dejó algo claro, aunque no le honre a él al poner fecha al hachazo a nueve millones de pensionistas: 'Con los datos que yo manejo, no tengo intención de bajar las pensiones el año que viene y, como ya he dicho en numerosas ocasiones, sería la última partida presupuestaria que yo tocaría. No tengo intención, insisto, de bajar las pensiones el año que viene'. Esta frase tan retorcida, para luego poder decir que nunca prometió mantener o subir las pensiones, es todo un anuncio.