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Publicado el miércoles 1 de agosto de 2012

EL MONITOR DEL DÍA

El PRI vuelve al poder 12 años después con la economía como gran desafío

Latinoamérica: difícil tarea para Peña Nieto en México

La lucha contra el crimen organizado, que frena la actividad y las inversiones, prioridad para el presidente electo

Enrique Peña Nieto (PRI)Carlos Álvaro.– El regreso del Partido Revolucionario Institucional (PRI) al poder en México, después de 12 años en la oposición, se produce en medio de una enorme controversia electoral y será todo menos fácil en lo que se refiere a la conducción de la economía. El presidente electo, Enrique Peña Nieto, comenzará su mandato en un momento de reducción de las expectativas de crecimiento por el impacto de la crisis global y con una ola de violencia que desanima la inversión. En términos políticos, lo hará en un entorno complicado y enturbiado por la falta de mayoría del PRI en el Congreso y por la decisión del candidato derrotado de la izquierda, Andrés Manuel López Obrador, de desconocer los resultados tras denunciar que se ha producido fraude electoral. Los analistas y organismos internacionales coinciden en que el principal riesgo para la segunda economía de Latinoamérica tras Brasil procede del exterior, del comportamiento de EEUU y la UE, y prevén reformas, pero no un profundo cambio de rumbo de la política económica del país.

Los resultados atribuyen a Peña Nieto un 38,21% de los sufragios, frente a un 31,59% de López Obrador (PRD) y un 25,41% de la candidata del gobernante PAN, Josefina Vázquez Mota. Se cierra así un paréntesis de dos sexenios en los que el conservador Partido de Acción Nacional, que desplazó del poder por primera vez en la historia reciente de México al PRI, ha gobernado el país de la mano de los presidentes Vicente Fox y Felipe Calderón.

De momento, los mercados y los inversores, más preocupados por el peso de los factores externos sobre la economía de México, han reaccionado con tranquilidad al retorno del PRI al poder y no prevén cambios significativos en la línea económica ni una inestabilidad generalizada por las acusaciones del PRD. López Obrador, que perdió también las elecciones en 2006, entonces ante Calderón y por un margen del 0,56%, acusa al PRI de comprar 5 millones de sufragios y ha pedido la anulación de las presidenciales del 1 de julio.

Según el líder perredista, el PRI de Peña Nieto llevó a cabo una compra masiva de votos con dinero en efectivo y tarjetas de crédito de una cadena comercial, además de rebasar con creces el límite establecido en las leyes para gastos de campaña (más de 4.200 millones de pesos, cuando el tope es 336 millones), además de financiación ilegal de la misma a través de la entidad financiera Monex. El tribunal electoral tiene hasta el 6 de septiembre para declarar la validez del triunfo de Peña Nieto después de revisar las demandas. "El PRI se ha beneficiado en su campaña con recursos de procedencia ilícita, con lo que comúnmente se llama lavado de dinero, provenientes presumiblemente del Presupuesto estatal o vinculados al crimen organizado", ha señalado el candidato derrotado, líder de la coalición Movimiento Progresista, que ha pedido a los mexicanos que presenten pruebas del presunto fraude y ha llamado a la movilización ciudadana hasta que el tribunal falle sobre su recurso.

El pleito prevé ser largo, ya que a las acusaciones y a la exigencia de investigar el lavado de dinero se ha sumado el líder del PAN, Gustavo Madero. Más comedido, el presidente saliente, Calderón, se ha limitado a solicitar una investigación de las supuestas "irregularidades", pero ya ha llamado a Los Pinos a Peña Nieto para iniciar una transición que debería acabar el 1 de diciembre con la toma de posesión del aspirante del PRI. De momento el PRI ha denunciado al PRD y al PAN por difamación tras negar las acusaciones y se ha preguntado en público por qué si la coalición de izquierda conocía irregularidades en la campaña no las denunció antes del voto y por qué la supuesta compra de sufragios sólo afectaría a las presidenciales y no a las elecciones al Congreso, en las que el PRD aumentó su representación un 40%.

En los mercados, donde existe ya una sensación de déjà vu, inquieta más el rumbo de EEUU, principal socio comercial de México y la crisis en la UE y los impactos de la crisis global y de la violencia organizada sobre la coyuntura azteca que las consecuencias de las acusaciones del PRD, que juzgan que no tendrán impacto relevante. De hecho, Merrill Lynch juzga que el país no podría evitar una recesión si EEUU se desacelera al 1% en el cuarto trimestre del año.

Una nueva era

Mientras, Peña Nieto se ha apresurado a destacar que no habrá vuelta atrás en las prácticas autoritarias habituales en un PRI que gobernó México con mano de hierro y una política a caballo entre el paternalismo, el despotismo y la corrupción durante buena parte del siglo XX (desde 1929 a 2000) y que se vio desalojado del poder a comienzos de la actual centuria por el sorprendente triunfo del PAN de Fox. "El PRI va a ejercer el poder con una nueva forma de gobernar, de acuerdo con las realidades del México del siglo XXI", declaró al conocer su victoria, no sin destacar la segunda oportunidad que los mexicanos otorgan a su partido. "Es momento de propiciar y alentar la reconciliación nacional. México ha votado por un cambio de rumbo", señaló.

En economía, sin embargo, los analistas creen improbable que se produzca ese cambio de rumbo, aunque destacan que Peña Nieto tiene por delante importantes retos como acometer las reformas estructurales que el PAN no pudo llevar a cabo, en buena parte por rechazo del PRI, como la apertura de la petrolera estatal Pemex al capital privado y la reforma de los monopolios privados como el de las grandes televisiones. Entre sus desafíos se encuentran también una mayor apertura económica y comercial, impulsar la competitividad, apuntalar la consolidación de la importante clase media consumidora y reducir la pobreza. Y sobre todo, el de atajar la violencia del crimen organizado, que lastra la actividad económica y merma las inversiones nacionales y extranjeras.

Peña Nieto acudió a los comicios con un plan para impulsar el crecimiento económico, consolidar el sistema financiero y elevar la competitividad, contenido en un decálogo cuya aplicación permitiría una expansión "tres veces superior a la que registra hoy México".

Los diez ejes de su programa apuntan a mantener la estabilidad macroeconómica con el mantenimiento de un nivel de deuda pública responsable que no ponga en riesgo las finanzas ni desplace el crédito al sector privado; el fomento de la competencia en todos los ámbitos; el impulso de México como potencia energética mediante una reforma que descarta la privatización de Pemex; una mayor inversión en capital humano y el incremento del crédito para financiar áreas estratégicas. Asimismo, se comprometió a elevar la inversión en infraestructura (hoy en el 5% del PIB), a fomentar la economía formal (Seguridad Social Universal), a diseñar una nueva estrategia de comercio exterior, así como a desarrollar un moderna política de fomento en agricultura y turismo y una nueva estrategia industrial y a llevar a cabo una reforma integral de Hacienda.

Al margen de estas diez prioridades, Peña Nieto tiene planeado proponer a EEUU una ampliación del TLC de Norteamérica y un plan conjunto de inversiones en puentes y caminos en la frontera; relanzar las relaciones con Asia, donde México está casi ausente y reforzar la relación con Brasil sin menoscabar la Alianza del Pacífico. Sus planes pasan también por modernizar las infraestructuras con hincapié en las portuarias, de la mano de una ley de Asociaciones Público-Privadas, relanzar las telecos y el negocio TIC y devolver a México su rol de potencia turística que la criminalidad ha mermado.

En política petrolera, Peña Nieto no oculta que la brasileña Petrobras es un ejemplo para Pemex. Dentro del tabú que supone hablar de privatización en México en un sector nacionalizado en 1938 por Lázaro Cárdenas, Peña Nieto parece decidido a emprender con el máximo de cautela una de las reformas siempre pospuesta o no lograda, la de los hidrocarburos, tampoco realizada por Calderón. Sin embargo, los planes no pasan por privatizar, sino por abrir lo máximo posible Pemex a la inversión privada mediante alianzas estratégicas con el sector privado sin que el Estado pierda la propiedad, en una suerte de coinversión privada en exploración y producción de petrolera.

La propuesta, de hecho, es convertir a México en un BRIC, en un protagonista global como Brasil, camino en el que le anima una reciente proyección de Goldman Sachs según la cual México se convertiría en la séptima potencia mundial en torno a 2020. A día de hoy, sin embargo, y según la Cepal, la realidad indica que el país, al margen de su potencial, viene perdiendo liderazgo a nivel mundial debido a su lento crecimiento. Y si en los 80 México aparecía entre las diez principales economías del mundo, tres décadas después está en el puesto 14, desplazado por Brasil, Rusia, India y China.

Acompañando al decálogo económico-financiero y a sus planes en comercio e impulso de la coyuntura, Peña Nieto se ha comprometido a rebajar los elevados niveles de pobreza y desempleo derivados de una baja expansión de la economía, a reducir la desigualdad, a elevar los salarios y a bajar el precio de los alimentos en un país de 112 millones de habitantes en el que el número de pobres ha crecido en 15 millones desde 2000. "Quiero crear una economía que genere empleo y distribuya mejor la riqueza para combatir la pobreza y desigualdad que aún agobia a millones", aseguró durante la campaña.

Promesas complicadas de cumplir

Sin embargo, la tarea se antoja difícil. Por un lado, Peña Nieto se encuentra con un Presupuesto muy ajustado y acotado por las regulaciones de estabilidad de 2006 y, por otro, la situación de México no es precisamente la mejor en estos momentos, en los que el impacto de la crisis internacional ha recortado el crecimiento y los ingresos estatales. Los analistas destacan que existen trabas legales para que Peña pueda subir los ingresos de los trabajadores y bajar el precio de los alimentos, sus promesas clave en los mítines junto con el apoyo al empleo, una mejora de los programas de salud con vales para medicamentos y una política renovada de becas escolares, promesas que el aspirante lanzó en la campaña retomando el sesgo de los gobiernos paternalistas y benefactores del PRI de toda la vida.

Para ello se requiere un incremento presupuestario que será difícil de llevar a cabo. Según los expertos, el 90% del presupuesto mexicano ya está asignado y regido por la Ley Federal de Presupuesto y Responsabilidad Hacendaria, decretada en el 2006, y que pone límites al gasto para evitar endeudamientos que pongan en riesgo la estabilidad fiscal. Para los analistas, lo que se puede cumplir e implementar en este sentido es más bien poco.

Además, durante la campaña, el presidente electo señaló que concedería prioridad a una profunda reforma fiscal y sus asesores llegaron a sugerir que ésta incluiría ampliar el IVA a alimentos y medicinas, opción que ha sido motivo de polémica en el país durante años. De hecho, los parlamentarios del PRI rechazaron las propuestas generadas en tal sentido tanto por los gobiernos de Fox (2000-06) y Calderón (2006-12).

El PRI se ha visto beneficiado en los comicios por el incumplimiento por parte del PAN de sus promesas de reducir la desigualdad, promover una mejor distribución de los frutos del crecimiento y mejorar el empleo, tal como le sucedió al partido del presidente Ollanta Humala en Perú frente a la formación del mandatario saliente Alan García. Entre 2000 y 2012, México generó sólo 3,3 millones de empleos y la pobreza aumentó a 57,7 millones en 2010, según datos del Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social.

Calderón ha sido víctima de estas circunstancias y de las críticas a la conducción de una sangrienta lucha contra el narcotráfico, con un saldo de 55.000 muertos desde que asumiera la Presidencia, y en la que el recurso al Ejército no ha producido la derrota de los cárteles. De hecho, el PAN, que en 2000 abrió una histórica transición democrática, no sólo ha perdido las elecciones sino que ha quedado en tercer lugar tras la coalición de izquierda.

La lacra de la violencia

A Peña Nieto le aguarda también la dura labor de combatir un crimen organizado que ha hecho del país el más inseguro de Latinoamérica, por delante de Colombia, con un tremendo impacto sobre la actividad económica y empresarial interna y sobre la llegada de inversión exterior. Según estimaciones privadas, la percepción de inseguridad ha restado entre 1 y 1,5 puntos del PIB al crecimiento en los últimos años. En este ámbito, el presidente electo ha prometido no pactar ni dar tregua a los cárteles de la droga y ha anunciado un "ajuste de estrategia para ampliarla, no para cambiarla". Ligado al narcotráfico está también el problema de una corrupción arraigada en el sistema, con unos cárteles infiltrados en la Policía y los organismos judiciales.

Patronal, sindicatos y expertos internacionales están de acuerdo en que la inseguridad es hoy, junto al impacto de la crisis global, el principal freno al crecimiento y la llegada de inversiones. La patronal Coparmex ha denunciado que el crimen organizado y la violencia provocaron el cierre de más de 160.000 empresas en 2011. En una carta abierta, el organismo ha indicado que el Estado no está garantizando la seguridad y la integridad de los ciudadanos, que los esfuerzos han sido insuficientes y que la economía se ha visto muy dañada por la situación. "El crimen organizado deteriora la competitividad, lastra la inversión nacional y extranjera y obliga al cierre de empresas", alertó. Para la patronal, es preciso evaluar la estrategia contra el crimen implementada hasta ahora por el Gobierno, instaurar un programa de prevención del delito y aprobar la Ley de Combate al Lavado de Dinero.

En la misma línea, Jesús Enrique Ramírez, secretario de la Confederación Regional Obrera Mexicana, ha advertido que la inversión extranjera se ve frenada por la violencia, empeorando la generación del empleo. El Instituto Mexicano para la Competitividad (Imco) también ha apuntado a la inseguridad pública como "el mayor desafío a resolver para la competitividad". "Hay que resolver la problemática de la violencia para poder mandar un mensaje al mundo de que México es un país seguro para invertir", indicó el organismo.

Impulsar las reformas fiscal y laboral

Y en los últimos meses, el Premio Nobel de Economía Paul Krugman ha imputado al crimen, a la falta de productividad y a la mala calidad educativa de la actual situación y ha asegurado que con la eliminación de monopolios y el impulso a nuevas políticas de competencia se podría mejorar el nivel de vida de la población en general.

Una reciente encuesta entre CEO de las principales empresas del país concluye que las prioridades del nuevo Gobierno deberían ser una nueva estrategia anti-crimen y el impulso a las reformas fiscal, hacendaria y laboral, así como el establecimiento de medidas de protección frente al frente frío económico que viene de Europa y la restructuración del sistema educativo.

Para acometer esas reformas, Peña Nieto tendrá que hilar fino. Primero para contentar a la vieja guardia del PRI y segundo, para buscar un juego de alianzas en un Congreso dividido. Su partido es la principal fuerza en ambas Cámaras pero sin mayoría, lo que llevará a que la oposición domine la Cámara Baja. El PRI tendrá 207 diputados y su aliado, el Partido Verde, 33, a lo que cabría sumar los 10 escaños de Nueva Alianza, cuyo presidente parece proclive a pactar con el PRI. Aún así, las tres formaciones sumarían 250 diputados, uno menos de los necesarios para alcanzar la mayoría simple. El PAN consiguió 176 diputados y la coalición de izquierda, 136 escaños (101 el PRD, 10 del Partido del Trabajo y 16 el Movimiento Ciudadano).

La economía mejora tras su convalecencia

Aunque a años luz de la crisis del efecto tequila que en 1982 provocó una aguda devaluación de la moneda, causó uno de los más profundos desplomes económicos y sumió al país en una década pérdida, México recién comienza a recuperarse de un período de lento crecimiento y mantiene bajos niveles en competitividad y clima de negocios. Después de ser el país de la región que más se hundió en la crisis global 2008-09, con una caída del PIB del 6% en 2009, la economía comienza a recobrar los niveles previos al marasmo, pero su empuje es aún insuficiente.

México, que en 2011 acusó un notable enfriamiento con respecto a 2010, crecerá este año de forma similar, en torno al 3,4%-3,9%, según diferentes previsiones, y un 4% según el actual Gobierno. Eso sí, el país ha emergido de la crisis convertido en una de las principales plataformas exportadoras de la industria manufacturera trasnacional y ha vuelto a ganar posiciones en el mercado norteamericano frente a la competencia china. Más de dos tercios de la IED se dirige a la industria manufacturera transnacionalizada azteca.

La competitividad y la mejora del clima de negocios son otros dos grandes desafíos para la nueva Administración, aunque para resolver ambos problemas, primero el país tiene que solucionar el tema de la inseguridad. Según el Doing Business del BM, México, aunque ha mejorado, se sitúa en una posición de rezago en cuanto a ambiente favorable al emprendimiento, aunque con mejoras regulatorias, que la entidad juzga urgentes, podría subir del actual puesto 53 entre 183 economías del mundo al 20. En este capítulo, México adelanta a otras economías emergentes como China (puesto 91), Rusia (120), Brasil (126) e India (132), pero cede posiciones en Latinoamérica y se sitúa por detrás de Chile, Perú y Colombia, pese a que se sitúa entre las 40 economías del mundo que más ha mejorado el entorno empresarial y las condiciones para acrecentar competitividad e inversión en los últimos seis años. En cuanto a competitividad, el World Economic Forum ubica al país en un modesto puesto 58 a nivel mundial, con una mejora de ocho frente al año anterior, lo que convierte al país en el sexto más competitivo del área. En otro orden, el WEF ha alertado de que México se está quedando atrás en una actividad clave como la de TICs, donde ocupa el puesto 76, lejos de Chile (38) y Uruguay (44).

Pese a que México, elogiado recientemente por el presidente español, Mariano Rajoy, como "aliado fiable para las inversiones" y también por la UE, que le juzga "aliado contra el proteccionismo", mantiene su atractivo para los inversores, violencia y descenso en el proceso de fusiones y adquisiciones hicieron que retrocediera la IED en 2011. La inversión directa en México bajó de 20.709 a 19.554 millones de dólares entre 2010 y 2011 (-5,4%), aunque los analistas señalan que es un bajón temporal. En términos absolutos, no obstante, México sigue ocupando el segundo lugar en la región, tras Brasil.

Los empresarios piden continuidad

Pese a todo, los empresarios mexicanos se muestran optimistas. El presidente de la patronal, Luis Alberto Martín Capistrán, ha pronosticado la reactivación una vez pasado el año turbulento de elecciones, no sin llamar al PRI a mantener el giro económico liberal impulsado por Calderón. "Esperamos que se dé continuidad a las políticas del presidente Felipe Calderón y se mantenga el blindaje ante la volatilidad del mercado internacional. Las buenas políticas públicas que han funcionado y han evitado la debacle económica deben seguir, así como el fortalecimiento de las finanzas estatales", ha indicado.

En la misma línea, agencias calificadoras como S&P prevén estabilidad y posibilidad de crecimiento tras el proceso electoral.  Para la agencia, el factor principal de riesgo proviene de Europa y el contagio no sólo afectaría al tipo de cambio, sino también a la disponibilidad de recursos y financiación para las empresas. Para amortiguar ese riesgo, S&P juzga que lo mejor es continuar con la política macro de los últimos años, tener prudencia en las cuentas fiscales y proseguir el rumbo tomado en política monetaria por el Banco de México. En parecidos términos, el BID ha señalado que confía en que México mantendrá una política macroeconómica estable y sin cambios radicales, no sin destacar que ve a la economía mexicana preparada para afrontar los embates de la crisis mundial.