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Publicado el jueves 2 de febrero de 2012

UN BANCO EN EL RETIRO

La berza

Rajoy precisa ahorrar 44.000 millones para dejar el déficit en el 4,4%

berzaPor Luis Alcaide.– La "berza" no es un exabrupto guay sino una olla o cocido de la gastronomía andaluza occidental.  Un primer plato con más garbanzos que habichuelas y un fondo sutil de vegetales que aportan sabores campestres al caldo que inunda todos estos condimentos. Un segundo plato, "la pringa" con su chorizo, morcilla andaluza sin cebolla, jarrete, oreja y manitas y otras exquisiteces impropias de musulmanes o judíos. La elaboración requiere mucha maestría y muchísima paciencia. Solo una jerezana primorosa es capaz de darle el tono. Nuestra anfitriona nos ofreció esa 'berza" en la terraza de su casa en Triana mientras su consorte  encontraba los mejores caldos y nos regalaba los oídos: "Oye, le dice ella a él, estoy embarazada y tú que quieres niño o niña". "Yo, lo que quiero es que sea mío".

El tren Ave recorre la meseta a una velocidad vertiginosa. El tren correo que salía de Las Delicias tardaba una tres horas en llegar a Malagón, la estación anterior a Ciudad Real. Mi lectura de hace sesenta años era El Coyote de J. Mallorquí, ahora que me he convertido en un burgués politizado leo el Financial Times y precisamente una crónica de su corresponsal en Madrid (viernes 27 de enero), más simpatizante, a mis entendederas, del PP que del PSOE, lo que no impide darle un buen repaso al gobierno del Sr. Rajoy. "Les falta determinación", escribe citando a un desconocido financiero español. El programa tantas veces anunciado sigue sin hacerse público y para dejar el déficit en un 4,4% del PIB hay que ahorrar 44.000 millones de euros; es decir, 25.000 millones más de los hasta ahora anunciados.

Finta electoralista

Se ha subido el IRPF pero no se ha contabilizado todavía cual será la caída en la recaudación si las previsiones sobre la evolución del PIB son tan negativas como vaticinan los expertos o marca la tendencia del último trimestre de 2.011. El PP, a diferencia de los conservadores británicos, no tenía nada preparado. El corresponsal especula sobre si se trata de una finta electoralista de cara a las "andaluzas" o sencillamente sigue faltando esa determinación que no es otra cosa que no se sabe muy bien lo que hay que hacer.

Primera cena sevillana. Hago participes a los contertulios de estas observaciones británicas y pregunto cual es su impresión sobre el resultado electoral en Andalucía. El PSOE lo va ha pasar mal. Son muchos años. Mucha crisis. Los falsos ERES y algunas esperanzas por el cambio. Pero yo no les voy a votar, afirma quien será mi anfitriona en la Berza. El PP gobierna en España en todas las autonomías que hablan castellano y tanto poder me da miedo por las minorías de inmigrantes, abortistas, homosexuales y jóvenes enfurecidos.

Las amenazas meteorológicas no se han cumplido. Alguna nube y grandes claros. Encaminamos nuestros pasos hacia los jardines de María Luisa para comprobar las mejoras que se han hecho en esa maravillosa Plaza de España que construyó Aníbal González para la exposición ibero-americana de 1.929. Unos pabellones originalísimos y una ocasión fallida por la Gran Depresión que desanimó a multitud de visitantes. Aníbal González -que al parecer murió en el olvido- se merecía una reparación. La Exposición Universal de 92 era la ocasión pintiparada pero todos fuimos a lo nuestro. Resultados: más pabellones, más costes de mantenimiento y escaso éxito para integrar las EXPOS a la ciudad de Sevilla.

La ciudad mantiene su personalidad aunque esté herida como otras muchas por la crisis. Las iglesias barrocas que se construyeron en el XVII para contrarrestar los efectos negativos de la caída del comercio con las Indias, mantienen un reclamo permanente que los viajeros no saben aprovechar así que me parece una excelente iniciativa del cabildo catedralicio  ofrecer a los turistas el recorrido de los tejados de la catedral, rememorando al Cuasimodo de Notre Dame pero con el Guadalquivir como río.

En la barroquísima capilla de San José le pregunto a un confesor  sobre con qué ingresos cuentan para el mantenimiento de techos y paneles repletos de desconchones. El confesor es nuevo, valenciano y solo se atreve a decirme que el único dinero para el mantenimiento es el que se deposita en el cepillo. Hay ó ha habido dinero para otras cosas. Unas gigantescas SETAS, construidas en pleno boom del ladrillo machacan el entorno urbano pero ofrecen una  elevada pasarela desde donde se contemplan las vistas más aburridas de Sevilla. También hay ya metro y tranvía, además de un carril bici y el cierre del casco antiguo para los coches.

Antes del adiós una visita al pueblo gaditano de Castellar de la Frontera. Autovía 381. Explendida. Quizá, para seguir siendo puntilloso habrá que esperar al verano antes de comprobar la afluencia de tráfico. Castellar está al final de la provincia sobre un montículo desde el que se divisa Gibraltar y Ceuta. Un castillo y un pueblo árabe y un pintor, buen amigo, anacoreta en esos páramos y con una paleta originalísima, Luis J. Fernández, el Capitán, como le llama Carmen "La Ventera" que tiene una cocinera inglesa, su medio nuera, porque, dice Carmen, "no están casados pero viven juntos. Ella del campo de Gebraltar y mi hijo  de Castellar, pero es muy buena y miren ustedes que nietas tan rubias y guapas que tengo" . Las niñas no pueden ser más inglesas y el habla de la madre más de La Línea y Algeciras. En Castellar hay otras curiosidades pero quien quiera conocerlas que se llegue hasta allí.

He cambiado mi banco de El Retiro por una visita al museo Arqueológico de Sevilla con su reciente descubrimiento tartésico de El Carambolo y al de Bellas Artes que dedica una exposición a Gonzalo Bilbao, otro de nuestros grandes pintores del XIX- XX. Regreso en el velocísimo ferrocarril mientras me pregunto porqué no se aprovechan más a fondo todo ese riquísimo patrimonio sevillano y se guardan los dineros para cosas más necesarias. Me temo que el desenlace del congreso del PSOE  me decepcione y que la llegada del PP tarde en ofrecer felicidades.

¿Qué tipo de Berza me espera?