EL MONITOR
Un pragmático Humala señala que el país tiene "puertas abiertas a la inversión"
España juzga que es apuesta segura en los próximos años y apoyará el desembarco de pymes
Carlos Álvaro.– El 28 de julio de 2011, cuando el ganador de las elecciones peruanas, el nacionalista de izquierda Ollanta Humala, tomaba posesión de su cargo en Lima, nadie se imaginaba que poco más de medio año después, el entonces considerado sospechoso de simpatizar con el eje bolivariano de Chávez iba a ser aclamado por los inversores españoles y europeos y a recibir el apoyo del FMI. Ni que su política económica iba a ser elogiada en el gran escaparate de la economía de mercado, la reunión anual del World Economic Forum en Davos. Por el contrario, su llegada a la Presidencia fue acogida con extrema cautela, desconfianza inversora y miedo a una deriva de Perú hacia una nueva Venezuela. Se temía entonces un cambio de radical de sistema, un alejamiento de las pautas liberales, nacionalizaciones, choques con las multinacionales y el fin del país como nación amigable para los negocios. Nada de eso ha sucedido. Más bien lo contrario.