Al mercado español le salen muchos novios y alguno acabará en matrimonio
La Bolsa de Nueva York trata de convencer a los analistas de su capacidad para sobrevivir en solitario, pero a la vez analiza los resultados de BME
Carolina G.-Cortines.– Después de la prohibición de la Comisión Europea a Deutsche Börse de fusionarse con la Bolsa de Nueva York, tanto los directivos alemanes como los norteamericanos se han puesto manos a los obra. Bien es cierto que la iniciativa ha tomado giros distintos en una y otra parte del Atlántico. Mientras los alemanes han acelerado los procesos de negociación que mantuvieron con otras bolsas europeas, los directivos de la bolsa neoyorquina donde cotizan las principales empresas del mundo, tratan de convencer a los inversores de su capacidad para sobrevivir de forma independiente. En definitiva así interpretan la razón esgrimida por el Ejecutivo comunitario de que habrían constituido un monopolio, al menos en derivados. Y es también el argumento que les sirve a los directivos de la Deutsche Börse justamente para lo contrario. Para replantearse nuevos procesos de fusión por absorción con otros mercados. Como, por ejemplo, el de Madrid. Los resultados del 2011 les llenan de orgullo a los gestores de Fráncfort.