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Publicado el miércoles 1 de febrero de 2012

Vueling experimenta una vertiginosa escalada en bolsa desde que acaeció el cierre de su máximo rival

Josep Piqué se relame ante los despojos de Spanair

El escenario de influencias para internacionalizar El Prat da un inesperado vuelco con Vueling como principal beneficiada

Josep PiquéJosé Sánchez Mendoza.– A río revuelto, ganancia de pescadores. Sin embargo, el caso de Vueling y Spanair pide a gritos la síntesis metafórica de esta vieja máxima castellana. Desde la caída de Spanair, Vueling ha disfrutado de una vertiginosa subida en la Bolsa, un aumento exponencial de sus vuelos y, lo más importante a largo plazo, se ha comido a la reina en el tablero de ajedrez donde se juega el futuro político y estratégico del aeropuerto barcelonés de El Prat. El catastrófico cierre de Spanair ha dejado en tierra a por lo menos 22.000 pasajeros y a unas 4.000 personas en el paro, dejando un bonito cadáver listo para ser devorado por sus adversarios comerciales. Con el drama consumado, los mercados, inmisericordes, han vuelto sus miras hacia Vueling, que ya es la primera aerolínea en el aeropuerto de Barcelona por número de viajeros, como principal beneficiada del cierre de su rival al asumir buena parte de sus rutas.

La aerolínea presidida por Joseph Piqué, controlada por Iberia a través de una participación en su capital social del 45%, ha anunciado que incrementará su capacidad de asientos durante la temporada de verano de 2012, que arranca en marzo, hasta en un 25% en relación al año anterior. El aumento de la oferta de plazas se disparará hasta el 50% en el caso del aeropuerto de Barcelona-El Prat, en el que Spanair era la segunda mayor compañía aérea, sólo por detrás de la propia Vueling.

Iberia y Vueling también han sido hasta el momento las principales beneficiarias de la recolocación de pasajeros que Spanair, a la despesperada, ha tenido que gestionar. Iberia se hará cargo de 5.000 y Vueling de 3.500, que volarán con tarifas de rescate hasta este viernes, cuando se acaba el plazo para canalizar los vuelos hacia otras compañías a precios especiales.

Asimismo, Vueling se ha puesto manos a la obra con presteza para satisfacer a la potencial clientela que la compañía quebrada ya no podrá atender. Fuentes de la aerolínea han anunciado que se incorporarán 33 nuevas frecuencias a rutas ya establecidas, además de crear cinco nuevos itinerarios (Berlín y Hamburgo desde Barcelona, y Tenerife, Las Palmas y Lanzarote desde Bilbao), a fin de ofrecer servicio a los 4,6 millones de pasajeros que Spanair movía en el Prat.

Asimismo, Vueling, al igual que Ryanair, ha confirmado que en las entrevistas de trabajo para ampliar plantilla se dará prioridad a los ex empleados de Spanair que se han quedado en la calle.

Apetitoso legado

Pero la defenestración de Spanair no tiene sólo consecuencias comerciales y laborales: supone un vuelco en el equilibrio de poder de los competidores para hacerse con el control del aeropuerto de El Prat. Las declaraciones de los representantes de Unión Sindical Obrera de Catalunya (USOC), el primer sindicato en representación en el comité de la compañía, resumen a la perfección el cambio de escenario: "Consideramos que este escenario aleja de Cataluña el centro de decisiones político y estratégico sobre esta cuestión".

Spanair siempre había sido la ‘niña bonita' de la Generalitat, que había depositado en ella sus esperanzas de impulsar la conectividad internacional de Cataluña a través de una aerolínea que fuera capaz de competir con Iberia y codearse con los gigantes del mercado internacional. En otras palabras, el Gobierno catalán echó sobre las espaldas de la compañía la responsabilidad de convertirse en la llave que abriera las puertas de la internacionalización del aeropuerto barcelonés de El Prat, una vieja reivindicación de ciertos sectores políticos catalanes, especialmente los nacionalistas.

Sin embargo, las cosas se torcieron desde el principio. Desde que en 2009 las administraciones catalanas entraron en el capital de la compañía, la inversión que han realizado ronda los 140 millones de euros en préstamos y capital, obteniendo tan sólo pérdidas y más pérdidas. Spanair no era viable, y así lo confirmó Artur Mas, presidente de la Generalitat, al cerrar el grifo de la financiación pública: "no hay más dinero", dijo.

Aunque su cúpula directiva y el Ejecutivo catalán intentaron con obstinación salvar el sueño, la negativa de Qatar Airways, a la que se pedían 150 millones para encarar la enésima reestructuración, condenó a la aerolínea presidida por Ferrán Soriano a la desaparición. Tanto los mercados como los inversores privados le habían dado la espalda.

Las intrigas para recoger el testigo de Spanair están al rojo vivo. De momento, Vueling es la mejor situada. Josep Piqué, su presidente, le ha dado la razón a los que dicen que todo le llega al que sabe esperar: el 17 de junio de 2009 tuvo que sufrir la humillación de ver como la Generalitat permitía a la mimada Spanair estrenar El Prat en detrimento de su compañía. Sin duda el pasado de Piqué como destacado dirigente del PP hacía a su aerolínea ‘poco adecuada' para la inauguración de un aeródromo del que se esperaba que abanderase la expansión internacional de las líneas aéreas catalanas. Ahora, con su archirrival abatido, es el momento de la venganza.

De momento, ya ha empezado a meter presión: el máximo mandatario de Vueling ha expresado su ambición de "avanzar hacia un esquema de gestión que, con criterios empresariales y de forma individualizada, permitiera hacer de El Prat un gran aeropuerto que ofrezca un nivel de conectividad internacional e intercontinental", al tiempo que pedía "un acuerdo político que sea coherente con el futuro que deseamos para El Prat".

Como presidente de Vueling, ha declarado que está en condiciones de afirmar que "la desaparición de Spanair no debe desviarnos de esos objetivos, sino animarnos aún más en su consecución". Sus palabras dejan entrever que empleará al máximo sus contactos y las muchas tablas que le otorga su amplia trayectoria política (fue ministro de Industria y de Asuntos Exteriores durante los mandatos presidenciales de José María Aznar) para hacerse con las mejores piezas del desguace de la aerolínea caída y fortalecer al máximo su posición e influencia respecto al futuro de El Prat. El muerto al hoyo, y el vivo al bollo.