Las acciones de Prisa no levantan cabeza, pese a haber firmado a finales del pasado año la refinanciación de la deuda y a que sus expectativas hayan mejorado, gracias, fundamentalmente, a la buena marcha de los negocios de Santillana y al potencial que muestran los de Canal Digital. Ahora -un poco tarde, la verdad, y después de desplumar a las aves ingenuas de la plantilla y afines- sus directivos han recortado el sueldo un 15% a sus estrellas radiofónicas después de fuertes subidas y repartos de gratificaciones de centenares de millones de euros al consejo, incluidos el emigrado Juan Luis Cebrián y el abogado Matías Cortés.
Tras varios años en los que la evolución del grupo transcurrió condicionada por el fuerte endeudamiento, ahora surge un periodo de calma de unos dos ejercicios en los que, antes o después sus prometedores fundamentales fijaran la dirección.
En la refinanciación se consiguió ampliar los vencimiento en dos años, con un coste adicional muy inferior al previsto, al tiempo que los principales accionistas acordaron inyectar a los recursos propios 150 millones, mediante la ejecución de 75 millones de warrants a un precio de ejercicio de 2 euros por acción, que se había ultimado a comienzos de enero, habiéndose destinado 100 millones a reducir deuda y el resto a financiar la tesorería.
Algunos asesores de inversiones afirman que el valor está infravalorado y que es una oportunidad de compra a medio plazo, pues su cotización tendría que reflejar además de la reducción del riesgo financiero del grupo, los ahorros generados por el plan de reestructuración, en el que se han eliminado más de 2.000 empleos. Extremos que deberían tener su reflejo en los márgenes en los próximos trimestres. Las acciones de Prisa operan en torno a 0,78 euros y pierden en enero más de un 10%, pese a que su potencial alcista es, al menos, del 50%.