Portal de información empresarial y financiera fundado en 2004
 
Cotizaciones:
Publicado el lunes 2 de enero de 2012

EL MONITOR

Construcción: cómo iniciar un año mejor

Este país ya no es el que era y la tónica en el sector será el aburrimiento

viviendaIgnacio Mulas.– El nuevo Gobierno de Mariano Rajoy está formado por adultos. Nadie ha llegado a él mostrando con orgullo su currículo de una línea: experto/a en flamenco, y cosas así. El nuevo Gobierno es de personas mayores, serias, con probada trayectoria profesional. Incluso hay osados que han aceptado dejar el sector privado y unos emolumentos muy por encima del sueldo de ministro, dando de propina pábulo a que los sesudos clercs de la izquierda rosada larguen su consabida consigna de "¡culo en pared, que vienen los mercados!". Este país ya no es lo que era, nos vamos a aburrir muchísimo. A este Gobierno de personas mayores y parece que sensatas, cuando ha comprobado el estado de las cuentas públicas, les ha tocado el gordo, sin duda, puesto que han comenzado a tomar medidas que a nadie nos gustaría que fueran necesarias.

Pero las gracietas, estulticias y mentiras de Zapatero y sus alegres comadres y compadres de juerga política igualitaria nos han dejado pocas opciones: o vivimos peor durante un tiempo y a ver si hay suerte y se acierta en los remedios, o dejamos directamente de vivir y todos al hoyo (económico, para empezar). Dicen que las medidas del nuevo gobierno son un fraude democrático... Algunas chicas y chicos de ZP deberían haber leído a Kenzaburo Oé: "...incluso para perder por completo la vergüenza, para ser un caradura, es necesario pasar por una fase preparatoria progresiva, en la que uno se vaya adiestrando de modo gradual, con todo cuidado, paso a paso".

Pero alardearon de haber aprendido en dos tardes y así nos ha ido y nos irá, a menos que la inyección en vena de recortes del PP-Samur consiga resultados, porque si el sacrificio exigido a los sufridos contribuyentes no funciona, se acabó lo que se daba definitivamente.

La enésima reforma

De los polvos del gobierno anterior nos quedan para 2012 estos lodos en lo que puede concernir al sector de la construcción, que es lo que toca: la licitación de obra pública se acabó por extinción manifiesta, no hay ni para pagar las anualidades de lo ya comprometido, a lo que se une el efecto negativo añadido del nuevo recorte en inversiones públicas.

La enésima reforma laboral que se avecina está por ver si favorece o complica aún más la situación de la construcción en un año en que hay que negociar un nuevo convenio general del sector, dada la proclividad del nuevo gobierno e incluso de la propia CEOE hacia los convenios de empresa, que pueden apuntillar a esta actividad. El éxito de las medidas de apoyo a la demanda de vivienda dependerá, como siempre, de que fluya el crédito a esa demanda que -contra lo que dicen algunos- existir, existe pero está -como decía Gila de la Acrópolis- "toa rota" y en grado máximo de insolvencia.

La rehabilitación, además de no despegar como alternativa a la durísima reducción de la actividad del resto de subsectores, es un caos con un alto grado de opacidad, comenzando por las estadísticas y concluyendo con el importante nivel de economía sumergida que mantiene la importante parte de la misma que constituye la pequeña reforma. La situación del mercado del suelo está en mínimos y es urgente que su valoración y gestión se clarifique, adaptándose tanto los entes públicos como los propietarios privados a unas valoraciones reales, comenzando por los bancos y cajas, que atesoran balances surrealistas en este apartado. Hay que revitalizar la venta de segunda vivienda a no residentes aprovechando las oportunidades que afloran ahora con la caída de precios, pero impidiendo que municipios y CC.AA. disuadan a los compradores potenciales con continuadas e inaceptables subidas de tasas e impuestos y dotando a este subsector de una estabilidad en las reglas del juego a medio y corto plazo de las que carece actualmente. La subida del IBI echa nueva leña al fuego en este ámbito.

Hay que solucionar ya la implantación de fórmulas eficaces de financiación privada de infraestructuras, sin olvidar la perentoriedad de abandonar proyectos faraónicos propios de países ricos y en crecimiento -como el carísimo AVE a todas partes, olvidando que no sólo no podemos permitírnoslo ahora ni en los próximos años, sino que nadie sabe de dónde van a salir los pasajeros para rentabilizar al menos su explotación- y centrase en aquellas que son imprescindibles no ya para crecer, sino para funcionar en lo básico, como son las del agua, la energía y las telecomunicaciones.

Y una prioridad que afecta a todas las empresas, sean o no de este sector, pero que tiene acogotadas a las de éste: reestructurar y sanear el sector financiero, pero con la obligación sine qua non de volver a abrir el grifo del crédito en cantidad y condiciones asumibles para que la actividad empresarial primero sea viable y después crezca, de modo que puedan generar empleo, que es lo más importante, prioritario, crucial y cuantos adjetivos contundentes se quieran añadir.

El empleo hay que crearlo

El empleo no lo crea el gobierno, ni los sindicatos, ni el Parlamento, ni los innumerables boletines oficiales que en España generan sin descanso normas, reglamentos, leyes, decretos y demás mandangas. Lo crean los empresarios, sociedades mercantiles y autónomos. Los emprendedores y los que arriesgan su pasta, ideas y empuje para generar riqueza. No lo crean los sindicatos, ni los presuntos indignados, ni los okupas ni los prejubilados a punta de ERE ni -con todos los respetos- los jubilados a secas. Lo crean los empresarios.

Por tanto, un respeto; claro que las reglas de juego han de cumplirse y hay que perseguir a quien las incumpla con la dureza apropiada a cada infracción, pero lo que no es aceptable es que la economía sumergida llegue a casi la cuarta parte del PIB viviendo los que la perpetran a costa de los impuestos que pagamos el resto sin que despierten otra reacción que una velada "comprensión". No hay derecho a que haya siempre voces contra los "ricos" y contra el "sistema" de muchos que viven a costa del presupuesto. No es aceptable que siempre acaben demonizando al empresario al que deben su empleo.

Los gestores de la cosa pública nacional deberían tomar nota del camino iniciado por la flamante alcaldesa de Madrid: fuera trabas para quienes quieren y pueden -si no se les impide arteramente o administrativamente- montar negocios, empresas, actividades, fuentes de nuevo empleo. Agilidad y control -y crédito- deben ser las llaves que faciliten en cualquier actividad, y por supuesto en la construcción, la creación paulatina de nuevo empleo. ¿Porqué nadie habla del exitoso modelo irlandés para superar la crisis?