La agencia dice que el emisor debe intervenir más para solucionar la crisis de la deuda en la eurozona
Si hace unos días S&P revolucionó el mercado con el anuncio de la rebaja de la calificación de la deuda de nueve países, entre ellos Francia a quien retiró su Triple A, este miércoles la sorpresa la originaba la agencia Fitch que se atrevía nada menos que con el emisor de la zona euro. Le lanzaba una advertencia al propio Banco Central Europeo (BCE) con el fin de que intervenga más activamente para solucionar la crisis de endeudamiento soberano de la zona del euro. La tercera agencia norteamericana ha alertado además de la revisión a la baja de seis países de la Unión Europea, entre ellos España.
Fitch ya estimó en diciembre que podría degradar en uno o dos escalones las notas de solvencia de Italia, Bélgica, Irlanda, Eslovenia y Chipre. En el caso de Italia ha ido más allá y ha anticipado que podría anunciar antes de final de enero la degradación en dos escalones su nota situada en 'A+', pese a que no espera un 'default'. Grave advertencia. Los bonos italianos quedarían a escaso margen de los bonos en zona de peligro. Los expertos no quieren pronunciar todavía la palabra bonos basura.
Pese a la gravedad de la advertencia, no ha generado una sobre reacción entre los analistas, como sí ocurrió con la rebaja del rating de nueve de los diecisiete países de la zona euro el pasado viernes. Aunque sí han provocado una subida de la prima de riesgo italiana hasta los 524 puntos básicos.
El director gerente de Fitch para Europa Oriente Medio y África quiere dejar muy claro que si consideraran que Italia pudiera suspender pagos, su rebaja respecto a la calificación de A+ para Italia sería mucho más aguda Y además está convencido de que la Unión Europea no la dejará caer ya que es demasiado grande para hacerlo.
Y así lo entiende el FMI que ha propuesto aumentar sus recursos para estos casos hasta doblarlos. La llamada de atención de Fitch ha pasado de momento casi inadvertida, pese al alcance de lo afirmado. Pero seguro que no ha caído en saco roto. Los franceses que siempre han pedido un papel más activo del BCE en la gestión de la crisis de la deuda soberana, frente a las reticencias de Alemania, harán que el mensaje de la agencia no caiga en el vacío.