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Publicado el miércoles 18 de enero de 2012

España ocupa el puesto 36 del mundo en cuanto a competitividad empresarial

Sin sueldos decentes resultará muy difícil que España logre mejorar su competitividad

Los bajos salarios hacen difícil crear un ambiente propicio para cambiar esta tendencia ante la falta de motivación

cafeteriaJosé Sánchez Mendoza.– A todos nos duelen los oídos de escuchar que la falta de competitividad es uno de los grandes lastres de la economía nacional. Es, junto a la grosera inflexibilidad laboral que padecemos, la gran ancla que impide que la industria española emprenda el vuelo, más allá del difunto binomio sombrilla-ladrillo. La competitividad está directamente relacionada con la calidad, la productividad y la calidad del servicio, factores íntimamente relacionados con la motivación, así que condenar a nuestros trabajadores a unos sueldos de risa nos coloca lejos, muy lejos del sendero que lleva a la solución del problema.

Analicemos el concepto. La competitividad de calidad y de precios no es otra cosa que la capacidad de generar la mayor satisfacción de los consumidores al menor costo posible, esto es, ofrecer un producto o servicio mejor y más barato que el de la competencia. De ahí las expresiones ‘producto competitivo', ‘precio competitivo'.

Veamos ahora en qué estado se encuentra este parámetro industrial básico en nuestro país. El informe global de competitividad 2011-2012 del Foro Económico Mundial (FEM) en 2010 sitúa a españa en un mediocre puesto 36 (de 142 economías analizadas) con una calificación de 4,54. Muy lejos de Suiza, Singapur y Suecia, los tres primeros, con 5,74, 5,63 y 5,61 respectivamente. Estamos por debajo de países como Irlanda, Chile y Puerto Rico y ligeramente por encima de la República Checa y Chipre (4,52 y 4,36). ¿En qué fallamos?

Apostar por el capital humano

Alcanzar una competitividad potente requiere una fuerte inversión en capital humano, ya que algunos sus principales ingredientes -calidad, productividad y servicio- están fuertemente ligados al talento del trabajador, su integración en el equipo y su capacidad para superarse. Todo ello depende en gran medida de su motivación, como es lógico, y para lograr que una persona esté motivada es imprescindible asegurarle un salario digno que le permita vivir dignamente sin padecer ansiedad a fin de mes. ¿Una perogrullada? En España, no tanto.

Una de las primeras medidas del recién estrenado Gobierno conservador ha consistido en congelar el Salario Mínimo Interprofesional en España (SIM), que ha quedado situado para 2012 en los mismos 641 euros de 2011. Esta decisión nos deja, a nivel comunitario, al nivel de Eslovenia y un poco por debajo de Grecia, y muy por debajo de Luxemburgo, donde el SIM es 1.000 euros más alto.

Sin embargo, el SIM no pasa de ser un sueldo base, un ‘suelo' que no existe en países como, por ejemplo, Alemania. Existe un dato que nos acerca aún más a la realidad de la calle: el salario medio, lo que efectivamente gana el ciudadano promedio, el españolito de infantería.

El salario medio español asciende a 21.500 euros brutos

Según un informe elaborado por Adecco y la escuela de negocios IESE sobre la evolución del salario en 14 países europeos entre 2003 y 2008, el salario medio en España se sitúa en los 21.500 euros brutos al año, lo que supone casi la mitad de la retribución de más de 40.000 euros de Reino Unido, Holanda y Alemania, y un 20% inferior a la media de la UE.

Es difícil pedir a los trabajadores que se superen a sí mismos y tiren del carro de la competitividad y la economía con tan pobre retribución. Y según los que mandan, los tiempos que corren no permiten que esto cambie. No somos competitivos porque ganamos poco, y ganamos poco porque no somos competitivos. Y mientras alguien decide si el culpable es el huevo o la gallina, el nivel de vida no para de decrecer.