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Publicado el lunes 16 de enero de 2012

Los inversores reaccionan al revés de como lo hacen en casos de una colocación pactada

El mercado castiga a Repsol tras vender un 5% y ganar dinero defendiendo su propia cotización

Los analistas coinciden ahora en que la acción de la petrolera subirá una vez despejada la duda sobre su liquidez

brufauMarcos Celada.– Una vieja máxima de los inversores dice que la mejor manera de salir victorioso de la Bolsa es comprar barato y vender caro. Esto, que es de sentido común y normalmente funciona, no le ha servido de nada a Repsol cuando se ha puesto manos a la obra para deshacer parte del entuerto que tenía con la participación de Sacyr Vallehermoso en su capital. Compró más barato de lo que vendió pero el mercado castigó en días sucesivos a la petrolera de Antonio Brufau en contra de la opinión de los expertos. ¿Cuál fue la razón? Según los analistas consultados por Capitalmadrid, la cotización de Repsol sufrió un curioso efecto por el que los inversores castigaron el valor en sentido contrario a como se hace normalmente en la Bolsa. Impulsaron la cotización cuando compró sus propias acciones a un precio menor al de mercado y provocaron su caída cuando colocó con plusvalías entre inversores parte de los títulos que había comprado con anterioridad.

De hecho, cuando Repsol compró una parte no desdeñable de su propio capital (adquirió el 10% de sus títulos) a un precio menor al de su cotización en bolsa, el precio de las acciones subió en los primeros días hasta casi llegar a tapar el descuento (5%) que había aplicado en la adquisición. Pero cuando vendió la mitad (un 5% del capital) de lo que había comprado (10%) a un precio superior, el mercado se comió con creces lo que había ganado antes.

Normalmente, cuando una compañía adquiere en bolsa títulos propios a un precio menor al de su cotización, los mercados interpretan que la empresa no se cree su propia valoración o necesita perentoriamente el dinero, con lo que automáticamente suele perder en una sola sesión el descuento que ha aplicado en la compra de autocartera. A Repsol le pasó lo contrario. El 20 de diciembre de 2011 anunciaba mediante un hecho relevante que había llegado a un acuerdo con Sacyr para adquirir el 10% de su propio capital a 21,066 euros por título, con un descuento del 5% sobre la cotización del día anterior y su precio subió.

Entre el día 20 y el 22 de diciembre, la cotización de Repsol pasó de 22,175 euros (precio de cierre del día 19) a 23,155 euros por título al cerrar la bolsa el día en el que se celebraba el sorteo de Navidad de la lotería nacional. En sólo tres jornadas bursátiles, el valor de la acción de la petrolera había ganado un 4,42%, cifra que se acercaba al descuento con el que Repsol había adquirido sus propias acciones. Es decir, que entre el precio al que había comprado sus títulos y lo que valían tres días después, la diferencia, a favor, casi llegaba al 10%.

Los analistas explican este efecto por el hecho de que a Sacyr, que hasta entonces había tenido el 20% del capital de Repsol (adquirido en 2006), le quedaban escasamente 24 horas para colocar la mitad de ese paquete entre inversores externos si quería que los bancos acreedores refinanciaran la deuda que había asumido precisamente para la compra de la participación en la petrolera. Tal y como está el mercado, y sabiendo todos como sabían que Sacyr necesitaba perentoriamente el dinero, las ofertas recibidas eran cada vez más bajas, lo que habría desembocado en una venta a la desesperada a precios muy baratos.

Fuerte inversión

Fue la propia Repsol la que finalmente se prestó a comprar ese paquete del 10% de su propio capital y tuvo que desembolsar 2.572 millones de euros por ello. La cantidad era el equivalente al 80% de la inversión de la petrolera (descontando la parte de su filial argentina YPF) en todo 2011 para el mantenimiento de la actividad ordinaria y la adquisición de reservas de gas y crudo. Pero los mercados no sólo se lo perdonaron, sino que premiaron la acción, porque suponía sostener la cotización frente a las presiones a la baja que habría sufrido si Sacyr hubiera tenido que vender a toda prisa para poder cumplir con sus compromisos de pago de deuda a los bancos.

Así llegó Repsol al 10 de enero último, día en el que cerró a 23,54 euros por acción, cotización que se situaba un 6,16% por encima de cuando había iniciado la historia con la compra de títulos propios. El día 11, sin embargo, anunciaba que había logrado que BBVA, Deutsche Bank, Goldman Sachs International, J.P. Morgan y UBS colocaran entre inversores profesionales y cualificados el 5% de su propio capital a 22,35 euros por título, exactamente un 6,1% más de cómo los había comprado tres semanas antes.

El precio suponía un 5% de descuento sobre la cotización de cierre del día antes, pero era superior al de compra exactamente en la misma proporción en la que habían subido las acciones de Repsol desde que adquirió los títulos a Sacyr. Como resultado de ello, la operación dejaba en las arcas de la petrolera lo mismo que habría dejado en manos de cualquier inversor particular que hubiera operado con acciones de la sociedad en ese período de tiempo. Fueron 78,4 millones de incremento de patrimonio y más de 30 millones de ahorro en dividendos, porque la venta se hizo justo después de haber repartido el dinero entre los accionistas. En total, más de cien millones a recursos propios por plusvalías.

Y sin embargo los mercados reaccionaron en contra. Entre el cierre del día 10 de enero (el anterior a la colocación) y el del último viernes, día 13, la cotización de Repsol ha caído hasta los 21,89 euros por acción, lo que supone que a efectos de precio en bolsa el saldo final de la operación ha sido de una pérdida del 1,28% de la cotización de la petrolera. Gran parte de la culpa la tuvo la caída cercana al 6% que registró el mismo día 11, cuando comunicó la colocación del 5% de su capital entre inversores institucionales, que según los analistas fue interpretada por los mercados, esta vez sí, como una valoración a la baja de la propia cotización, cuando con ocasión de la compra se había premiado un descuento similar.

Despejadas las dudas

Otra de las explicaciones que aportan los expertos es que los inversores interpretaron que una venta tan rápida (sólo en tres semanas) de la mitad de la participación que había adquirido a Sacyr significaba una necesidad perentoria de efectivo por parte de Repsol. Es verdad que la petrolera tiene que cumplir un plan de inversiones que le exige disponer de 7.000 millones de euros por año hasta 2014 para mantener su actividad y garantizar su crecimiento orgánico. La sensación de los mercados se vio apoyada además por el anuncio de una emisión de 750 millones de euros en bonos, que la compañía colocó sin mayores contratiempos.

Todo parece indicar que la caída en la cotización de Repsol tras la colocación ordenada del 5% de su propio capital tenía que ver con la percepción de parte del mercado de que la petrolera intentaría buscar rápidamente compradores para el otro 5% de sus acciones que le quedan en la autocartera, lo cual podría presionar el precio a la baja. La empresa ya ha dicho que con lo hecho puede garantizar el cumplimiento de su plan de inversiones y los analistas auguran para las próximas semanas una recuperación en la cotización de la compañía. No hay nada tan efectivo en bolsa como que los mercados tengan la sensación de que a alguien le urge vender. Pero este no era el caso y por ello las cosas funcionaron al revés de como suelen hacerlo.