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Publicado el viernes 9 de septiembre de 2011

LABORAL

Sentido del humor contra el paro

Tribulaciones de un directivo en la calle

Tribulaciones de un directivo en ParoM. Á. V.– Watson tiene más de cuarenta años y acaba de perder su empleo como directivo de una multinacional española, que "bien podría parecerse a una de las grandes corporaciones que componen el índice Ibex-35". Ha entrado así a formar parte de la larga, y desgraciadamente creciente, lista de desheredados de la tierra laboral. Es el inicio de "Tribulaciones de un directivo en paro", una original obra de Miguel Ángel Aguirre, director general de Edelman España y uno de los profesionales de la comunicación corporativa más respetados (ha trabajado en Indra, Burson-Masteller y en Ebro Puleva). Con una estructura realmente innovadora, una particular correspondencia que entabla Watson con el lector para compartir sus experiencias y sus estados de ánimo desde que se ha quedado en la calle, se analiza el drama del paro desde el punto de vista de un directivo desde el sentido del humor y desde la reivindicación de la autoconfianza.

De esta original manera, Aguirre define las 12 leyes de Watson. La primera: no tener miedo de embarcarse en proyectos profesionales que sean originales, siempre que generen ingresos. Es la versión modernizada del Club de los Negocios Raros, formado exclusivamente por personas que han inventado alguna nueva y curiosa manera de hacer dinero y descrito por la inigualable pluma del escritor británico G. K. Chesterton.

La segunda, la confianza es siempre rentable. La tercera, ser original, aprender a nadar contracorriente, fuera "del banco de peces", intentar hacer lo contrario de lo que hacen los demás. La cuarta, enlazar vocación y profesión, con una hábil ecuación: Vocación + tensión = salud + bienestar mental. La quinta ley de Watson parte otra reflexión de Chesterton: "No sólo estamos todos en el mismo barco, sino que estamos todos mareados". Y se basa en la necesidad de escuchar al corazón, buscar la tranquilidad y el silencio ("no hay música más grande y más sublime que el silencio", recuerda Miguel de Unamuno).

Otras recomendaciones son no hacerse trampas ni autoengañarse, porque no es ni sano ni prudente; y recordar que siempre hay motivos para mantener la esperanza. La octava regla es hacer lo que a uno le gusta y se le dé bien, porque como escribe Ken Robinson en "El Elemento", "cuando hacemos algo que nos gusta y que se nos da bien, tenemos muchas más probabilidades de centrarnos en nuestra verdadera autoconciencia: ser quienes en realidad creemos ser.

 "Aunque tenga miedo, hágalo igual", señala la novena ley de Watson, formulada por Miguel Ángel Aguirre siguiendo la estela de la obra de Susan Jeffers. La décima, "para ser grande, sea entero", porque como argumenta Unamuno, "el que no aspire, apenas hará nada hacedero que merezca la pena".

La undécima regla es la gratitud, porque "el ingrato es pariente del irresponsable", razona Aguirre. Para finalizar con la última, pero no por ello menos importante: "nuestro destino será el que nos merezcamos".