El presidente de la Xunta y artífice de la fusión rechaza hablar de "fracaso"
Ambas operaciones se harán con un descuento sobre el valor en libros de la entidad que oscilará entre el 75% y el 85%
Suele suceder que lo que mal empieza, mal acaba. La fusión de las dos entidades de ahorro gallegas, Caixa Galicia y Novacaixa, fue una imposición del presidente de la Xunta, Alberto Núñez Feijóo, para impedir que cayeran en manos ajenas a esta autonomía, en fusiones virtuales de alcance nacional. La integración se hizo a marchas forzadas, con la opinión en contra del Banco de España, partidario de operaciones suprarregionales para evitar duplicidades de sucursales y elevados ajustes de plantilla y para mejorar la eficiencia. Desde entonces, la marcha de Novacaixagalicia (NCG) ha sido una auténtica travesía en el desierto, con abiertos enfrentamientos entre los procedentes de una entidad y los de otra, hasta que el poder ejecutivo recayó en el equipo de Julio Fernández Gayoso, el hombre más veterano del sector, y su hombre de confianza, José Luis Pego, los dos de Caixanova, con Javier García de Paredes, de Caixa Galicia, al quite, tras ser desterrado a la Fundación el director general de la caja coruñesa, José Luis Méndez.
NCG estaba abocada a la nacionalización vía Fondo de Reestructuración Ordenada Bancaria (Frob), ya que para poder cumplir con las nuevas exigencias de capital necesitaba 2.622 millones de euros (el plan de ajuste reducirá esta cifra en unos 300 millones). Era la entidad, antes de que la CAM se quedara en solitario fuera del proyecto Banco Base, que más dinero necesitaba. Para tratar esa nacionalización, José María Castellano, presidente de Ono y que fue mano derecha de Amancio Ortega en Inditex/Zara hasta el fracaso de la operación gallega para hacerse con Unión Fenosa (que terminó en manos de ACS para luego ser absorbida por Gas Natural), echó mano de sus contactos. En un tiempo récord, y con todas las circunstancias del mercado en contra, configuró un grupo de inversores gallegos y de fondos norteamericanos.
El problema ha sido de tiempo para concretar esas inversiones privadas en NCG Banco. El Banco de España negó la prórroga, reservada sólo a las cajas que pretendan salir a Bolsa (como Liberbank o BMN), pero optó por una solución salomónica. El Frob aportará todo el dinero que NCG necesita para cumplir con las nuevas exigencias de capital, aunque dará todas las facilidades para que los inversores privados compren participaciones a éste antes de final de año. De esta forma, Castellano gana tres meses para terminar de perfilar el accionariado privado de NCG Banco y para reducir el peso público en el capital.
Castellano tiene amarrados a empresarios gallegos como Manuel Jove, presidente de Inveravante y primer accionista del BBVA, con el 5%; José Luis Somoza (Azkar), Jesús Alonso (Jealsa), Manuel Rodríguez (Rodman Polyships), Roberto Tojeiro (Gadisa, que ya está en el consejo de administración de NCG Banco), o Jacinto Rey (Grupo San José). Y tiene prometidas inversiones de grupos gallegos en el extranjero, como los Vázquez Raña. E incluso aportaciones más simbólicas de su antiguo jefe, Amancio Ortega, que está presente en el accionariado del Banco Pastor, principal competidor de Novacaixagalicia. Pero la mayor parte del dinero, unos 500 millones de euros, procederá de fondos de inversión norteramericanos.
Ambas operaciones, la entrada del Frob y la toma de participaciones posterior de inversores privados, se harán con un descuento que oscilará entre el 75% y el 85% sobre el valor en libros de la caja única gallega (el porcentaje definitivo depende de la auditoría encargada por el Frob). Muy por encima del asumido por Bankia y por Banca Cívica en sus respectivas salidas a Bolsa.
"No hay otra solución", admitía con sinceridad el consejero de Novacaixagalicia, José García Costas. "Estamos muy mal", añade Manuel Añón, otros de los consejeros y que ha tenido sonados enfrentamientos con Gayoso y Pego a cuenta de su participación en CXG Corporación, que agrupa parte de las participaciones industriales y financieras del grupo.
Por su parte, el presidente de la Xunta, Alberto Núñez Feijóo, rechaza hablar de "fracaso" en la operación, aunque no se haya evitado que el Frob tome la mayor parte del capital de NCG Banco, y prefiere destacar el interés mostrado por inversores privados, tanto gallegos como extranjeros, en el proyecto, para concluir que hay "disposición y confianza" para invertir en Galicia.
Pero el presidente de la Xunta oculta que la caja única gallega, que tanto se empeñó en crear pese a la opinión contraria del Banco de España, apenas tendrá el 16% del capital de NCG Banco, por lo que parece abocada a transformarse en una fundación.