El presidente de la Xunta y artífice de la fusión rechaza hablar de "fracaso"
Ambas operaciones se harán con un descuento sobre el valor en libros de la entidad que oscilará entre el 75% y el 85%
Miguel Ángel Valero.– Suele suceder que lo que mal empieza, mal acaba. La fusión de las dos entidades de ahorro gallegas, Caixa Galicia y Novacaixa, fue una imposición del presidente de la Xunta, Alberto Núñez Feijóo, para impedir que cayeran en manos ajenas a esta autonomía, en fusiones virtuales de alcance nacional. La integración se hizo a marchas forzadas, con la opinión en contra del Banco de España, partidario de operaciones suprarregionales para evitar duplicidades de sucursales y elevados ajustes de plantilla y para mejorar la eficiencia. Desde entonces, la marcha de Novacaixagalicia (NCG) ha sido una auténtica travesía en el desierto, con abiertos enfrentamientos entre los procedentes de una entidad y los de otra, hasta que el poder ejecutivo recayó en el equipo de Julio Fernández Gayoso, el hombre más veterano del sector, y su hombre de confianza, José Luis Pego, los dos de Caixanova, con Javier García de Paredes, de Caixa Galicia, al quite, tras ser desterrado a la Fundación el director general de la caja coruñesa, José Luis Méndez.