La eurozona admite necesitar un plan de salvamento para la banca, aunque inferior al previsto por el FMI.
Si nos atenemos a la realidad del mercado, la banca europea atraviesa una dificilísima situación. Si nos atenemos a las declaraciones oficiales, no hay ninguna novedad en el sector. Aunque no sea necesario acudir a la máxima aristotélica de que in medio virtus, algo podría estar sucediendo en este sentido. Funcionarios de las instituciones comunitarias han debatido en los últimos días sobre la necesidad de una ampliación de capital masiva, muy en especial tras la declaración del pasado sábado 27 de agosto de Christine Lagarde de que la banca europea necesitaba una recapitalización rápida y sustancial, del orden de 200.000 millones de dólares. La cuestión se habría planteado en el ámbito de la preparación del consejo informal de los ministros de Finanzas de la zona euro que debe celebrarse el próximo día 16 en Polonia. Aunque la cifra es menor, Bruselas admite que hay que recapitalizar.
Fuentes comunitarias de personas que han participado en la preparación del consejo informal admiten que han debatido la cuestión con funcionarios del Fondo Monetario Internacional. Y según los funcionarios de Bruselas, aunque las cantidades serán muy inferiores a las que está barajando en el organismo con sede en Washington, es necesario volver a plantear la cuestión.
Afirman que resulta necesario pensar en la recapitalización adicional del sector, aunque estas cantidades nada tengan que ver con los 200.000 millones que habría estimado el FMI según un documento al que hacía alusión recientemente el Financial Times, pero que todavía no se ha dado a conocer a la opinión pública.
La ralentización de la economía y el impacto que pueda tener en sus cuentas de resultados y en su balance, hacen prever una exigencia superior de recursos a los que cuentan en la actualidad. Muchos balances de bancos europeos están rebosantes de deuda soberana, por lo que una parte importante de los inversores han huido de estas inversiones al calificar internamente la deuda soberana de algunos de los países periféricos como valor tóxico.
La generalidad de analistas de las carteras de deuda soberana de la banca europea admite que una cierta recapitalización, por modesta que pueda considerarse, resulta inevitable, a pesar de lo cual no será suficiente si no se consigue poner orden en la reestructuración griega y no se utilizan políticas creíbles que sirvan para relanzar el crecimiento económico.
Tiene razón Lagarde cuando habla de que la situación actual es algo más compleja que lo que ocurrió durante la crisis 2007-2008. Entonces eran sobre todo los efectos de unos productos tóxicos los que habían afectado a la cuenta de resultados y al balance de los bancos. Ahora hay que añadirle el ingente peso de la deuda soberana que les aplasta.
Tiene que haber una solución conjunta. Haber dado el primer paso que supone admitir la existencia del problema no es suficiente, pero resultaba inevitable hacerlo si se quiere evitar el desastre. Lagarde no habló en Jackson Hole como un todólogo de las tertulias al uso de los medios españoles. Tenía los datos.