EL MONITOR
La eficacia de las medidas de política económica de los planes de rescate depende de lo acertado del diagnóstico
La farmacología estudia los efectos de los fármacos sobre las personas. Su aplicación clínica es utilizada en el diagnóstico y alivio de síntomas de una enfermedad. Algunas veces, para iniciar un tratamiento rápido. Otras, cuando se desconoce el origen de la patología, se aplican medicamentos de amplio espectro para eliminar una extensa variedad de factores que podrían estar provocando la enfermedad. Es el caso, por ejemplo, de los antibióticos, aunque a veces estos tratamientos son duros y causan efectos no deseados. Y es que se puede establecer una analogía entre la farmacología y los planes de rescate financieros de Grecia, Portugal e Irlanda, pues estos se han diseñado a medida para aplicar sus efectos beneficiosos y así alcanzar una nueva senda de crecimiento sostenible lo antes posible. Como sucede a veces en la farmacología, el remedio utilizado ha tenido que ser bastante generalista, ya que cuando se ha intervenido la crisis ya se había extendido al conjunto de la economía.
En Grecia, por ejemplo, el detonante de la crisis fue el importante deterioro de las cuentas públicas. Tras importantes revisiones al alza del nivel de deuda pública en enero del pasado año, a finales de 2010 esta se situó en el 143% del PIB. Como referencia sirva que, según el tratado de Maastricht, el nivel de deuda pública no debe exceder el 60% del PIB. Las medidas de austeridad que la situación requería tomar y el aumento de la incertidumbre que esta situación generó afectaron la solvencia del sector privado y la capacidad de crecimiento del conjunto de la economía, que ya no era demasiado elevada. Ello, a su vez, dificultó aún más el ajuste fiscal, haciendo que el país heleno entrara en una espiral perversa de la cual era prácticamente imposible escapar sin ayuda financiera externa.
En Irlanda el origen de la crisis fue el estallido de una burbuja inmobiliaria combinado con un sistema financiero muy sobredimensionado. En Irlanda, por ejemplo, los créditos representaban el 270% del PIB en 2009, mientras que en Grecia y Portugal esta cifra era del 90% y 174% respectivamente. El sistema financiero irlandés tuvo que asumir enormes pérdidas en sus préstamos hipotecarios. Las pérdidas tuvieron que ser nacionalizadas, produciéndose una transmisión de riesgo bancario a riesgo soberano. La deuda pública, que en 2007 representaba el 25% del PIB, el Fondo Monetario Internacional espera que alcance el 111% este año. En este caso, el deterioro económico del sector privado y público también acabó afectando la capacidad de recuperación del conjunto de la economía, hecho que agravó la situación de los sectores inmobiliario y financiero. Irlanda, por lo tanto, también acabó entrando en una espiral perversa y se vio obligada a pedir ayuda financiera.
Finalmente, en el caso de Portugal la baja productividad de su economía y el fuerte incremento de los salarios en los últimos quince años minaron la competitividad del país, que se tradujo en una pérdida de cuota en los mercados de exportación y un creciente déficit por cuenta corriente. Entre los años 2002 y 2007 la tasa de crecimiento promedio del PIB luso fue del 1,0% y en 2010 el déficit por cuenta corriente alcanzó el 10,3%. A pesar de que la deuda pública se encontraba en niveles relativamente más bajos que la griega, en 2008 representaba el 71,6% del PIB, la recesión también acabó presionándola al alza. El FMI espera que en 2011 se sitúe en el 111% del PIB. Dada la incapacidad de crecimiento mostrada durante la última década, era difícil pensar que sin reformas de calado la economía podría ahora levantar el vuelo y, por lo tanto, las dudas sobre la sostenibilidad de la deuda pública se dispararon. Como en los dos casos anteriores, ello hizo que Portugal también entrara en una espiral perversa de la que no podía salir sin acudir a ayuda financiera externa.
Cada programa de ayuda, por lo tanto, ha tenido que hacer hincapié en distintos aspectos, porque las debilidades de cada país son distintas. Al mismo tiempo, sin embargo, muchas de las medidas recomendadas son comunes ya que al final se vio afectado el conjunto de la economía de cada país. La consolidación fiscal es un objetivo para todos ellos y, por lo tanto, todos están tomando medidas para conseguirlo, pero este reto es especialmente importante para Grecia ya que tiene que conseguir rebajar el déficit fiscal del 15,5% del PIB que tenía en 2009 hasta el 2,6% en 2014. Para ello está tomado numerosas y dolorosas medidas orientadas a reducir el gasto público, como reducir drásticamente el número de funcionarios y su sueldo, rebajar el gasto social y aumentar los ingresos, eliminando varias deducciones o aumentando el IVA. El paquete también incluye un importante plan de privatizaciones empresariales, que el Gobierno espera que ayude a reducir considerablemente sus necesidades de financiación.
El paquete de Irlanda tiene como principales objetivos reestructurar el sistema financiero, reducir su tamaño, recapitalizarlo y mejorar la regulación bancaria. Todas estas iniciativas ya están en marcha y, de momento, progresan adecuadamente. El Banco Central de Irlanda está trabajando intensamente para crear dos grandes bancos, uno en torno al Bank of Ireland y otro centrado en el Allied Irish Banks. Las recapitalizaciones hechas han conseguido dotar al sector de un buen nivel de solvencia, como lo demuestran los resultados de los test de estrés publicados en julio, ya que los bancos irlandeses lo pasaron con nota. Además, se ha fijado un agresivo plan de desinversiones para que el sector recupere un tamaño sostenible.
Finalmente, las medidas acordadas en el plan de rescate portugués pretenden, sobre todo, mejorar la competitividad del país, además de reforzar el sistema financiero y devolver las finanzas públicas a un nivel de equilibrio en el corto plazo. Dada la imposibilidad de mejorar la capacidad exportadora del país con una devaluación de la moneda, Portugal llevará a cabo una devaluación interna. Para ello reducirá las cotizaciones sociales, de forma que el coste de la mano de obra se reducirá y, por lo tanto, el precio de los productos portugueses podrá ser más competitivo. Al mismo tiempo se aumentarán los impuestos indirectos, como el IVA, de forma que las arcas públicas no perderán ingresos. El Gobierno luso también ha puesto sobre la mesa un ambicioso plan de liberalización y privatización en sectores industriales, clave para mejorar su eficiencia. Finalmente, destaca también la profunda reforma del mercado laboral que el país llevará a cabo.
En definitiva, los planes económicos de rescate a medida son beneficiosos para los países que los implementan de la misma forma que algunas medicinas son más indicadas que otras, dependiendo de los pacientes y de las enfermedades que presenten. Claro que, igual que en la ciencia médica, un mal diagnóstico hace que las medicinas aconsejadas no sean útiles para la recuperación del paciente. Es decir, las medidas de política económica propuestas en los planes de rescate financiero pueden estar bien diseñadas, pero si las hipótesis de partida son incorrectas o demasiado optimistas, la eficacia de las mismas sería incierta.