ONG y otros colectivos de Galicia temen sobre el futuro de la Obra Social
El presidente ejecutivo del banco de Novacaixagalicia busca fórmulas para que los 7.000 empleados puedan ser accionistas
La reforma de las cajas se hizo, entre otras razones, para que las entidades de ahorro pudieran acudir a la Bolsa a obtener financiación. Antes no podían porque no eran sociedades anónimas. Y ahora es la situación de los mercados la que lo impide, aunque no para todas las cajas, porque CaixaBank (que ya cotizaba como Criteria), Bankia y Banca Cívica acudieron al parqué no precisamente en el mejor de los momentos. Pero BMN, el banco impulsado por Caja Murcia, y Liberbank, liderado por CajAstur, han pedido una prórroga hasta el 31 de diciembre (aunque esperan no agotar el plazo) el Banco de España para captar inversores privados, y han retrasado sine die el proyecto de estrenarse en Bolsa. En NCG, el banco que ha recibido el negocio financiero de Novacaixagalicia, su presidente ejecutivo, José María Castellano, reconoce ante los representantes sindicales de los trabajadores que se ha abandonado la idea de salir a Bolsa. La prioridad es encontrar inversores que compren participaciones de la entidad al Fondo de Reestructuración Ordenada Bancaria (Frob) antes de fin de año.
El Frob tendrá el 85% de NCG Banco, y Novacaixagalicia, el 15%. Y la idea, pactada con el Banco de España, es que los inversores gallegos y los fondos de inversión norteamericanos captados por Castellano vayan reduciendo la presencia pública, comprando al mismo precio que el Fondo. La Bolsa queda como un proyecto a medio e, incluso, a largo plazo, como una demostración de que el experimento de poner una caja de ahorros en manos de un profesional ajeno al sector financiero (Castellano destacó como mano derecha de Amancio Ortega en Inditex/Zara y fue clave en el proceso de salida a Bolsa de la empresa textil, y ahora es presidente de ONO), y ex banqueros (el consejero delegado es César González Bueno, el artífice del éxito de ING Direct en España, y el consejo asesor del presidente está formado por el que fuera vicepresidente y consejero delegado del BBVA, Pedro Luis Uriarte, y el ex presidente de Bankinter, Juan Arena) y ejecutivos del sector de cajas (en el consejo de administración está Xabier Alkorta, ex director general de la Kutxa guipuzcoana y el responsable de la resurrección de CCM, la primera caja intervenida por el Banco de España, como Banco Castilla La Mancha tras pasar a manos de CajAstur), ha tenido éxito.
Castellano sí buscará fórmulas, cuando los inversores privados reduzcan la presencia del Frob en el capital de NCG Banco, para que los 7.000 empleados del grupo puedan convertirse, si lo desean, en accionistas de la entidad para la que trabajan. Pero no se ha comprometido en la reunión con los sindicatos a fecha alguna. Todo dependerá de cómo se produzca la entrada de los inversores gallegos y de los fondos norteamericanos. El presidente ejecutivo de NCG Banco declinó responder a las preguntas de los representantes de los trabajadores sobre los entre 1.800 millones de euros y 2.000 millones podrían aportar grupos de inversores gallegos a la entidad, según el presidente de la patronal de Pontevedra, José Manuel Fernández Alvariño. Castellano nunca habló en público de una cifra de aportación de los inversores gallegos y de los fondos norteamericanos captados por él, pero oscila entre los 300 millones y los 700 millones.
De las palabras de José María Castellano a los representantes sindicales se deduce que NCG Banco da prioridad a la eficiencia, tanto mediante el ahorro de costes como por el incremento de los ingresos. El nuevo equipo, comendado por César González Bueno, intentará reducir el coste de captación de los recursos de clientes, aunque es consciente de que no es el mejor momento para hacerlo, ya que hay un recalentamiento de la guerra del pasivo. La obsesión es la mejora de los márgenes. Por tanto, hay que aumentar los ingresos vía encarecimiento de las comisiones, ya que hacerlo mediante la concesión de créditos es muy complicado por la situación de crisis económica y por la elevada morosidad.
El temor de organizaciones no gubernamentales (ONG), fundaciones y otras instituciones sociales y culturales de Galicia es que el equipo gestor de NCG Banco opte por reducir a la mínima expresión posible la aportación a la obra social de la caja única gallega. ¿Cómo? Primero, destinando el menor dinero posible a beneficios, para reforzar la solvencia de la entidad. Si hay pocos beneficios, el dividendo será menor, y por tanto Novacaixagalicia, que tiene el 15% de NCG Banco, tendrá grandes dificultades para mantener su obra social.
Unos simples cálculos alimentan esas sospechas. La previsión de NCG Banco es que este año el beneficio no superará los 90 millones de euros. El 15% de esa cifra supone 14 millones. Con ese dinero no se financia una obra social con tantas actividades como la que desarrollaba Novacaixagalicia a través de escuelas, institutos de investigación, centros para la tercera edad, guarderías, y un largo etcétera. Los 14 millones apenas darían para asumir el gasto corriente de la obra social y de la fundación, con cerca de 400 empleados, y poco más, según representantes de la sociedad civil de Galicia.