CONCENTRACIÓN FINANCIERA
Criticas al Gobierno y al Banco de España
Se podrá estar o no de acuerdo con él. Pero hay que reconocer que habla claro, muy claro, en un sector como el financiero, donde este tipo de palabras se suele pronunciar bajo el amparo de la confidencialidad o del off the record. El vicepresidente de la catalana Unnim (fruto de la fusión de las caixas de Sabadell, Terrassa y Menresa), Salvador Soley, aprovechó el acto de presentación de la programación del en el marco de la presentación de la programación del Festival Internacional de Blues de Cerdanyola, en el que participa como patrocinador de la entidad de ahorro, para criticar el trato que el Gobierno y el Banco de España dan a las cajas de ahorros catalanas. Es más. Incluso se atreve a hablar de "maltrato", en cuanto a su obra social.
"Un gobierno de izquierdas no puede hacer esto, ni el Banco de España, nos han querido unificar primero con fusiones, que quizás eran necesarias, pero después con la transformación que nos ha puesto en un callejón sin salida y que cuestiona y debilita la obra social", opina Soley, para quien es evidente que "están maltratando las cajas desde el punto de vista social".
"Parece que no se puede cuestionar ni al Gobierno ni al Banco de España", insiste el vicepresidente de Unnim, que ha recordado que "desde Madrid me han reñido en varias ocasiones, pero en casa no me tiene que reñir nadie por lo que diga".
Salvador Soley reconoce públicamente que una vez transformadas las cajas en bancos, sus responsables buscarán mayores beneficios y los porcentajes para la obra social serán menores.
"Hay una cierta animadversión contra Cataluña, lo digo muy claro, aquí solo tienen que quedar tres grandes cajas y el resto ya no servirá", concluye el vicepresidente de Unnim.
Y pone como ejemplo la subvención de Unnim al Festival Internacional de Blues de Cerdanyola, que asciende a 43.000 euros. Salvador Soley cree que en un par de años no se podrá continuar haciendo esa obra social.
Sus reflexiones parecen acertadas. Especialmente, en el sentido de que el proceso de concentración de las cajas de ahorro va en detrimento de la obra social. Algo que, por cierto, ya ha sido denunciado por ONG, sindicatos, fundaciones y otras instituciones de la denominada sociedad civil.
Quizás le quite algo de razón ese victimismo tan extendido en Cataluña, donde el culpable más fácil es siempre Madrid. El maltrato que el Gobierno central y el Banco de España han podido dar a las cajas no es sólo a las catalanas. Porque el presidente de la Xunta de Galicia, Alberto Núñez Feijóo, acusó al supervisor y al Gobierno de querer cargarse las entidades de ahorro de su comunidad. El problema no es Cataluña, sino la peculiar situación jurídica de las cajas, que han sido obligadas a transformarse parcialmente en bancos (a los que se les ha traspasado el negocio financiero) para poder salir a Bolsa y para captar inversores privados, y para continuar con su vocación fundacional, que es la lucha contra la exclusión financiera.