EL MONITOR
Las útimas reformas parecen haber asentado las bases para la recuperación
Entre 1990 y 2007, Irlanda se ganó el calificativo de «el tigre celta» como el paradigma del rápido desarrollo económico. Las fuertes ayudas de los fondos de la Unión Europea (UE), el régimen fiscal ventajoso para las multinacionales y las empresas en general y la rápida terciarización de la economía promovieron un crecimiento vertiginoso y admirado: entre 1990 y 2007, el PIB creció un promedio anual del 6,3%. Ni un lustro después, el «tigre» se ha amansado. El PIB ha perdido un 4,1% anual entre 2008 y 2010 y la tasa de paro se ha incrementado en 10 puntos porcentuales respecto al mínimo de 2001 (hasta el 13,6%). A diciembre de 2010, el Gobierno irlandés lleva perdidos 35.722 millones de euros en rescates al sistema financiero (23,2% del PIB de 2010), más que ningún otro país de la Unión Europea. Además, acumula pasivos contingentes por un importe de 192.781 millones de euros (125% del PIB de 2010). Y todo ello ha terminado por provocar que en noviembre de 2010 la UE y el Fondo Monetario Internacional (FMI) hayan tenido que acordar el rescate del país.
¿Qué le ha sucedido al «tigre»? El fuerte crecimiento del PIB durante dos décadas consecutivas, junto con una laxa supervisión financiera, enmascaró los desequilibrios sobre los que se construía el desarrollo económico. La revalorización de los activos y las bajas tasas de interés alentaron el endeudamiento privado y la elevada demanda de financiación supuso una vía inaudita de crecimiento del negocio bancario. De 2004 a 2007, el crédito al sector privado residente creció un 24% anual, impulsado por el sector inmobiliario. Los depósitos del sector privado residente no mantuvieron el ritmo y la ratio de créditos sobre depósitos pasó del 140% en 2003 al 202% en 2007. En el boom irlandés se construyó un sistema financiero de gran tamaño (los activos del sistema llegaron a representar 8 veces el PIB), además de significativamente concentrado en 6 entidades, y con unas fuentes de financiación muy dependientes del ahorro extranjero y del Banco Central Europeo (BCE).
La quiebra de Lehman Brothers en Estados Unidos en septiembre de 2008 estranguló el mercado interbancario internacional y el flujo de financiación dejó de llegar a Irlanda. El Gobierno irlandés fue rápido en la reacción: creación del Credit Institution Financial Support Scheme (CIFSS), con garantía pública a todos los pasivos del sistema (unos 400.000 millones de euros), excepto los créditos intragrupo y los pasivos con el BCE. El CIFSS contribuyó a mitigar las fugas de inversores pero la presión sobre la liquidez de los bancos irlandeses se mantuvo muy elevada, además de crear una inasumible carga fiscal para el Estado. La financiación de los bancos en el BCE pasó de 28.087 millones de euros en diciembre de 2007 a 132.010 millones en diciembre de 2010. Ante estas tensiones, en diciembre de 2009 se creó el Elegible Liabilities Guarantee Scheme (ELG) para garantizar las nuevas emisiones de deuda y combatir el cierre de los mercados.
Pero la crisis financiera internacional fue acompañada del rápido deterioro de la economía. Además, en el caso irlandés la importante corrección del mercado inmobiliario desde mediados de 2006 revirtió en una mayor morosidad del sistema financiero (10,4% en 2010). El problema ya no era solo de liquidez, sino ahora también de solvencia. El deterioro de los activos fue especialmente acusado en el Anglo Irish Bank (Anglo) y el Irish Nationwide (INBS), debido a su alta exposición a la construcción y promoción inmobiliaria. Ante el riesgo de contagio sistémico, el Gobierno irlandés se vio obligado a recapitalizarlos con 4.000 millones y 2.700 millones de euros, respectivamente, a lo largo de 2009 (4,0% del PIB).
El rescate de dos entidades individuales se demostró insuficiente y ante la persistencia de la caída de precios inmobiliarios, el Gobierno irlandés creó a principios de 2010 la National Asset Management Agency (NAMA). Su objetivo era adquirir los préstamos de mayor riesgo de las 6 principales entidades (básicamente crédito promotor) para eliminar la incertidumbre del balance de las entidades, reducir su apalancamiento y lograr que el crédito volviera a fluir a la economía. A pesar de que hasta marzo de 2011 la NAMA ha adquirido activos por 72.300 millones de euros (17% del saldo vivo de crédito al sector privado residente; 43,9% del PIB de 2010), viendo las cifras de crédito la NAMA no ha logrado su objetivo. De media, en el primer semestre de 2011 se han concedido 3.000 millones de euros mensuales de crédito a familias y empresas. En diciembre de 2008 se concedieron 12.000 millones. ¿Por qué? Principalmente por el elevado descuento aplicado por la NAMA. Los activos se adquirieron con un descuento del 58%, el doble del previsto inicialmente, lo que provocó un agujero en el capital de las entidades. Ante ello, una única solución: nueva inyección de capital público, para totalizar 46.000 millones de euros desde el principio de la crisis (27,9% del PIB en 2010).
Ante la espiral negativa en la que se encontraba la economía irlandesa, los repetidos rescates financieros no hicieron más que debilitar las cuentas públicas sin conseguir restaurar la confianza: la deuda pública irlandesa ya representa el 96% del PIB. En noviembre de 2010, la UE y el FMI se vieron obligados a intervenir y establecer un plan de rescate para la economía, que incluye 35.000 millones de euros para el sistema financiero y dos exigencias: realización de pruebas de estrés y reducción del tamaño del sistema, con la venta de activos non-core.
En marzo de 2011 se realizaron unas exigentes pruebas de estrés que determinaron la necesidad de 24.000 millones de euros de capital adicionales para las 4 entidades analizadas. Esta cantidad surge de la estimación de las pérdidas esperadas de la cartera y un agresivo plan de desinversión de las entidades. En concreto, se exige que la ratio de créditos sobre depósitos se sitúe en el 122,5% en 2013, lo que representa reducir el crédito en 72.600 millones de euros (-27,5%). A raíz de esta desinversión, el Banco Central de Irlanda ha realizado un plan de reestructuración del sistema que prevé crear dos grandes franquicias: una en torno a BOI y otra surgida de la fusión de AIB y EBS. Después de invertir mucho dinero y de transformar completamente el sistema, parece que por fin se han asentado las bases para la recuperación. Los recientes test de estrés europeos (realizados por la European Banking Authority) así lo muestran, puesto que considerando la última recapitalización, los bancos irlandeses disponen de una muy elevada solvencia, incluso en los escenarios más adversos. Sin embargo, la situación no está exenta de riesgos y actuaciones como la rebaja del rating del país realizada por Moody's el 12 de julio pueden poner en riesgo el camino avanzado.