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Publicado el sábado 10 de septiembre de 2011

SEGUROS

Las catástrofes provocan el doble de daños

50.100 millones de euros en el primer semestre

M. Á. V.– Malos augurios para el seguro mundial. Este año será el más oneroso para las compañías aseguradoras debido a los daños causados por los terremotos. Y el segundo más caro en pérdidas por catástrofes naturales y provocadas por la mano del hombre. Según estimaciones de Swiss Re, sólo en el primer semestre el impacto de las catástrofes ascendió a 70.000 millones de dólares (50.100 millones de euros). El doble que en 2010, donde fue de 29.000 millones. En los seis primeros meses del ejercicio en curso, las repercusiones de las catástrofes en el conjunto de la economía mundial fueron evaluadas en unos 278.000 millones de dólares. Al menos un dato menos negativo: se registraron 26.000 muertos, diez veces menos que en 2010, cuando murieron 288.000 personas (fundamentalmente, por el terremoto que asoló Haití).

Catástrofe NaturalA pesar de lo mal que pinta este año, todavía se encuentra lejos de los más de 90.000 millones de dólares de daños a bienes asegurados por las catástrofes registrados en 2005, por culpa, entre otros siniestros, del huracán Katrina en Estados Unidos, siempre según los cálculos de Swiss Re.

En otro informe de la reaseguradora suiza, se advierten considerables diferencias en cuanto al grado de participación de los Estados respecto al aseguramiento de los daños provocados por catástrofes. Los expertos de Swiss Re señalan que los Gobiernos utilizan de forma más frecuente a los seguros privados y su capacidad creciente para cubrir daños especialmente por catástrofes. El mejor ejemplo es el terremoto de Nueva Zelanda, donde las compañías aseguradoras pagaron unos 9.000 millones de dólares, de los cerca de 12.000 millones registrados en daños materiales. En cambio, en Japón Japón, donde el terremoto (y posterior maremoto) provocó daños por más de 200.000 millones de dólares, sólo unos 30.000 millones estaban cubiertos por seguros privados.

La reaseguradora suiza explica que los Gobiernos tienden a "autoasegurar' sus bienes y sus actividades, pero las unidades gubernamentales de menor tamaño pueden obtener ventajas económicas al aprovechar el agrupamiento de sus riesgos con los de terceros gracias al seguro privado.Rudolf Enz, uno de los autores del infome, matiza que "si bien numerosos Gobiernos autoaseguran o agrupan sus riesgos con terceros, existen posibilidades para los Estados de aprovechar la pericia y capacidad creciente del seguro privado para distribuir los riesgos de un modo eficiente y conservar únicamente la porción del riesgo que sea en efecto no asegurable".

Algunos Gobiernos se replantean sus coberturas de seguros para catástrofes. Y países como "Japón, Turquía y Taiwán han ideado planes innovadores para catástrofes sísmicas", indica Enz. Este experto de Swiss Re cita también el ejemplo de México, que ha emitido un bono cuyo objetivo es reducir el impacto de los desastres naturales sobre los Presupuestos federales. Se reduce la exposición gubernamental en caso de una gran catástrofe y "esto se ha vuelto cada vez más necesario dado que la crisis de deuda soberana ha mostrado que existen límites respecto a cuánto están dispuestos a prestar los inversores del mercado financiero a los Gobiernos, especialmente cuando los balances fiscales se encuentran bajo presión", añade Enz.

El estudio de Swiss Re también hace referencia a la existencia del seguro de Responsabilidad Civil obligatorio en países como Estados Unidos. Pero también advierte sobre el "peligro" de seguros subsidiados en áreas expuestas a peligros naturales, lo que favorece las construcciones en zonas peligrosas. "Esta clase de subsidios posee el efecto no intencionado de obligar a algunos contribuyentes que habitan en el interior del país o en terrenos altos a subsidiar los seguros de propietarios de costosas viviendas a orillas del mar. Si un huracán provocara daños, los Gobiernos que otorgan dichos subsidios tendrían que soportar una enorme presión en un momento muy poco oportuno", argumenta Rudolf Enz.