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Publicado el jueves 1 de septiembre de 2011

Crisis económica: un reto para cualquier familia

Vivir con los padres de adulto perpetúa la conflictividad familiar

Nora Herrera.– La crisis económica puede convertirse en el principal problema para el sistema familiar. Muchos son los retos que los sociólogos modernos nos presentan para la unidad familiar: el cambio del rol de la mujer con su incorporación al trabajo, la reducción del número de hijos, el retraso de la edad de tenerlos o la preferencia por formar parejas de hecho en vez de matrimónios. Sin embargo, el mayor reto para la unidad familiar puede encontrarse lejos de estos hechos, en la crisis económica. Y es que los hijos que conviven con los padres durante la adultez emergente, esto es entre los 18 y los 25 años, tienen más conflictos familiares. En el contexto actual en el que los jóvenes se emancipan cada vez más tarde, la crisis económica puede materializarse en una "crisis familiar".

Conflicto familiarLa Universidad de La Laguna ha analizado el impacto que tiene la permanencia de los vástagos en el hogar familiar durante la adolescencia y la adultez emergente en 240 familias biparentales. Según los expertos, "el hecho de que los adultos emergentes continúen viviendo en casa de los padres aumenta la conflictividad en el hogar".

El problema es especialmente significativo en España donde por las características sociales, económicas y culturales la emancipación de los hijos es más tarde que en el norte de Europa y en Estados Unidos, asemejándose más a otros países de cultura mediterránea como Grecia, Portugal o Italia.

Según los expertos, "es necesaria una política social que ayude a promover la emancipación de los adultos emergentes de sus hogares familiares. Sin embargo, mientras la situación sea la que es, los padres deben reconocer que sus hijos se encuentran en transición a la vida adulta y asumir que su situación social y cultural es diferente a la que vivieron ellos".

Además, los conflictos cambian de motivo e intensidad según la edad de los hijos. En la adolescencia alcanzan el pico más alto al principio, descienden durante la adolescencia media y vuelven a incrementarse en la tardía", explica la coautora del estudio e investigadora de la Universidad de la Laguna, Beatriz Rodríguez.

Para este análisis, los investigadores clasificaron a los hijos e hijas adolescentes en tres grandes etapas: adolescencia temprana (12 y 13 años), media (14 y 15) y tardía (de 16 a 18) y a las personas de entre 18 y 25 años las denominaron adultos emergentes. "Entre los 16 y los 18 años el tema de conflicto es diferente, principalmente como consecuencia de unas relaciones más simétricas entre padres e hijos, y una mayor independencia de estos", asegura el informe..

Los conflictos asociados a los estudios, propios de la etapa adolescente, dan paso a conflictos relacionados con valores más personales o morales sobre las perspectivas de futuro.

"Existe una disociación entre lo que los padres y madres esperan de sus hijos para esa etapa evolutiva y lo que los propios adultos emergentes esperan para ellos mismos. Hay una separación entre los valores sociales y sus expectativas personales", señala Rodríguez.

Asimismo, las estrategias de resolución de conflictos cambian. A medida que avanza la adolescencia, los individuos desarrollan estrategias más constructivas de resolución de conflictos y durante la adultez emergente las estrategias de negociación aumentan.