EL MONITOR
Las decisiones políticas y empresariales irán acompañadas de gran incertidumbre
La inmigración y el envejecimiento de las poblaciones son dos tendencias interconectadas que tienen consecuencias de gran alcance en el ámbito demográfico y, por tanto, en el social y en el económico. La clásica combinación atracción-expulsión (pull-push) impulsa la inmigración: los países ricos de la Unión Europea, Estados Unidos, Canadá, los estados del Golfo Pérsico con importantes recursos petrolíferos y Australia constituyen los principales imanes para la inmigración. Latinoamérica, el África Subsahariana y el subcontinente indio son las principales regiones de emigración. Sin embargo, el proceso presenta numerosas variantes y diversos participantes, lo que impide la extracción de conclusiones simples: algunos países fomentan la inmigración, mientras que otros se sienten asediados por la entrada ilegal de extranjeros; muchos inmigrantes son personas pobres y poco cualificadas, y otros cuentan con una gran formación; y algunas combinaciones de inmigrantes y anfitriones son culturalmente compatibles, frente a otras que plantean graves contrastes sociales y culturales.
Por este motivo, algunos gobiernos y grandes grupos de población de ciertos países consideran la inmigración un factor positivo, mientras que otros la temen, la rechazan y la combaten. En el primer caso, los inmigrantes pueden ser considerados un importante grupo de nuevos consumidores valiosos que conviene integrar (con grandes ventajas económicas) en el conjunto de la sociedad receptora; sin embargo, en la segunda visión son percibidos como una amenaza creiente para la integridad y la estabilidad del país de acogida.
El envejecimiento de las poblaciones es una consecuencia inevitable del descenso de la fertilidad. Una vez que la fertilidad cae por debajo del nivel de sustitución de 2,1 hijos por mujer (que impera en la actualidad en todos los países ricos de Occidente), no resulta fácil conseguir que se vuelva a elevar y, una vez que se sitúa por debajo del 1,5, parece incluso inútil intentarlo.
El inexorable envejecimiento de una población entera se va arraigando, pero sus resultados a corto plazo serán diferentes: en los casos en los que la tasa de nacimientos siga siendo superior a la de defunciones (como es el caso de España, Francia o Noruega), el envejecimiento será un poco más lento que en los países
en los que las tasas de nacimientos y defunciones están casi emparejadas (Polonia, Portugal, Austria...). En el peor supuesto, en el que las tasas de defunciones superen a las de nacimientos (como ocurre en Rusia y en Ucrania), el envejecimiento irá ya acompañado de un descenso absoluto de la población, que únicamente se podrá evitar mediante la inmigración.
Por tanto, el paulatino envejecimiento de una población se puede considerar como una tendencia bien recibida que da lugar a una sociedad más estable con más gasto de clase alta o como una amenaza para la estabilidad social como consecuencia de las ratios más elevadas de dependencia y los excesivos costes
de la atención sanitaria para las personas de edad avanzada (incluidas muchas más personas con graves problemas mentales).
Estas complejas realidades plantean a las empresas un elevado número de oportunidades para atender nuevos mercados nicho, con productos que pueden abarcar desde los productos de alimentación especializados hasta numerosos dispositivos mecánicos y electrónicos de ayuda, que permitan llevar una vida independiente, sin mencionar la amplia variedad de servicios que pueden ofrecerse. No obstante, también plantean nuevas inquietudes, que van desde las preocupaciones en materia de cohesión social hasta los cambios drásticos en el mercado de la vivienda y en la valoración de los patrimonios.
Por consiguiente, la conclusión más importante es que se deben evitar las ideas preconcebidas en materia de inmigración y envejecimiento de la población: sus repercusiones netas vendrán determinadas notablemente en función de los países y sus consecuencias definitivas no se pueden predecir con certidumbre basándose en tendencias a corto plazo. Por tanto, la inmigración y el envejecimiento de la población se deben incorporar a la larga lista de tendencias complejas (entre las que cabe citar cuestiones tan importantes como el suministro de energía a largo plazo y el cambio climático global) con respecto a las cuales la adopción de las decisiones políticas y empresariales tendrá que ir acompañada de una gran dosis de incertidumbre.