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Publicado el sábado 17 de diciembre de 2011

ANALISIS

Presionado por S&P, Sarkozy agudiza su guerra contra el británico Cameron

Los analistas advierten del riesgo adicional contra la estabilidad de los mercados

Carolina G.-Cortines.– La posibilidad de que las agencias de calificación de riesgo rebajen la calificación ‘Triple A' a la deuda soberana de Francia, considerada por el Gobierno galo como su gran tesoro, ha intensificado todavía más la guerra entre Nicolás Sarkozy y David Cameron desencadenada en la última cumbre de Bruselas. Conviene no equivocarse. Porque pese a que pueda parecer una sencilla rencilla bilateral, las consecuencias superan de largo este agrio enfrentamiento. Hasta cuando se disculpan saltan chispas.

Nicolás Sarkozy y David CameronDespués de haberlo hecho el gobernador del Banco de Francia y el propio primer ministro, de nuevo este viernes, el presidente galo ha vuelto a recordar que la situación económica del Reino Unido es mucho peor que la de su país y, sin embargo, no existen amenazas hacia su economía. El dignatario francés ha incidido en que el Reino Unido tiene un déficit equivalente al de Grecia y un endeudamiento como el galo, por lo que resulta a todas luces injusta la amenaza que sufre su país.

De paso ha arremetido de nuevo contra los criterios de calificación de las agencias, que en su opinión, son más políticos que económicos y considera que actúan de manera incomprensible e irracional. Lindezas que pueden impulsar de nuevo el deseo de Merkel y Sarkozy de abrir el melón de crear una agencia de calificación europea, al margen del eje de Estados Unidos y Reino Unido.

Las excusas presentadas por los franceses han sido consideradas como suficientes por parte de los británicos, aunque les ha gustado que lo hagan. El primer ministro francés, François Fillon, de viaje por Río de Janeiro, ha llamado al viceprimer ministro británico, Nick Clegg, para aclarar el malentendido que se hubiera podido producir tras hablar de la situación preocupante de la economía británica. Según miembros de su equipo, en ningún caso ha pretendido que rebajaran la calificación de las emisiones británicas. Parece una aclaración de humor inglés.

Tiene su lógica que Clegg le haya hecho saber que las declaraciones de miembros del ejecutivo galo, incluidas las del propio primer ministro, resultaban inaceptables y que había que tomar medidas que calmar la retórica. Según los británicos, Fillon ha querido criticar que las agencias parecen más preocupadas por cuestiones de gobernanza económica y por la forma de dirigir la economía que del propio déficit.

Los analistas franceses dan por hecho que lo más preocupante de un eventual cumplimiento de la amenaza con la consiguiente rebaja por parte de S&P o de Fitch provocará un efecto dominó en el sistema financiero europeo. De nuevo volverían a verse afectados los países más débiles, España entre ellos, justo en los momentos de cambio.

Malas noticias para el déficit español

Este tipo de luchas no parecen nada convenientes para la recuperación de europea y menos para el futuro gobierno que comienza en España. Tampoco ayudan datos como los que este viernes ha publicado el Banco de España sobre el déficit de las Comunidades Autónomas que ha aumentado un 22% en el tercer trimestre de 2011, hasta los 135.151 millones de euros (el 12% del PIB), lo que supone la cifra más alta conocida desde se creó este sistema de medición en 1995.

Tampoco ha ayudado que S&P haya rebajado esta semana la calificación a diez bancos españoles con la excusa de un cambio de metodología a la hora de medir sus criterios para puntuar a las entidades financieras. Si a esto se le sumara una rebaja de la ‘triple A' francesa y, por qué no, una posterior de la británica, afectaría de forma muy directa a la confianza del sistema español, debido a los importantes intereses con los que cuenta este sector en Reino Unido.

El buque insignia de la banca española, el Grupo Santander, ya cuenta con una importante parte de su negocio en Reino Unido. Si el Santander tose España se constipa. Hace bien Botín en mostrar su clara confianza en el nuevo gobierno, apostando porque Mariano Rajoy lo hará muy bien. Es una pena que dijera lo mismo de todos sus predecesores.