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Publicado el miércoles 26 de enero de 2011
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Monitor de Latinoamérica

La economía más liberalizada del Cono Sur se defiende comprando dólares

Chile se suma a la 'guerra de las divisas'

La continuada debilidad del billete verde inquieta cada vez más en Latinoamérica

DólarCarlos Álvaro.– Chile ha sido el último país en incorporarse a la denominada guerra de las divisas, que enzarza a las principales economías mundiales, tanto desarrolladas como emergentes, desde mediados del año pasado, y a la que la cumbre del G-20 no supo poner remedio en su última cita de noviembre. El banco central chileno se gastará 12.000 millones de dólares en tratar de debilitar la cotización de la moneda nacional, el peso, que se había situado en sus niveles más altos frente al dólar en tres años. La meta: contrarrestar el impacto negativo en la competitividad exterior que supone un dólar bajo e impulsar las exportaciones del país. El hecho de que el efecto dominó haya llegado a la economía andina, quizá la más ajustada al libre mercado de las emergentes, hace aumentar la inquietud por un problema al que hoy por hoy nadie parece poder o querer poner solución.

Santiago secunda así a otros países latinoamericanos en una batalla por mantener la posición comercial ante la debilidad de las monedas de EEUU y China, y se suma a un movimiento de contestación y defensa de las economías nacionales. Cada vez más naciones de Latinoamérica se añaden a la lista de las que adoptan medidas para prevenir la apreciación de sus divisas frente a la fuerte bajada del billete verde. A Chile podrían seguirle nuevas medidas por parte de Perú y Argentina. Muestra de que el malestar va creciendo entre los emergentes y, especialmente, entre las naciones latinoamericanas, que ven reducirse su competitividad exterior, es que Chile, país poco proclive a este tipo de intervenciones, se haya adherido sin dudarlo a un movimiento cuyo adalid y actor más significativo y combativo es Brasil, la principal economía suramericana.

A comienzos de enero, el Banco Central de Chile anunció que estaba dispuesto a comprar 50 millones de dólares diariamente hasta el 9 de febrero, dentro de un programa de adquisición de divisas por un total de 12.000 millones de dólares, en un movimiento que logró plenamente su objetivo: el 4 de enero el peso chileno sufrió su peor caída en últimos 21 años: bajó el 4,6% frente al billete verde. Según declaró entonces el ministro de Finanzas de Chile, Felipe Larrain, se trata de la intervención más importante sobre la cotización de la moneda en la historia del país. El programa anunciado por Chile, por un volumen del 6% del PIB del país, sorprendió a los observadores, analistas y mercados, dado que Chile siempre ha mantenido un tratamiento liberal hacia la cotización de su divisa. Y es una muestra más de que la guerra de las divisas comienza a hacer daño y a obligar a las naciones emergentes a defenderse.

Aunque las autoridades chilenas insisten en que el propósito de la medida no es devaluar el peso y atraer exportaciones a la región, sino acumular reservas internacionales para un volumen del 17% del PIB nacional con la meta de crear un colchón protector ante posibles repercusiones de la crisis de la deuda soberana en la zona euro, no ocultan que el programa contribuirá a proteger la economía nacional de los problemas europeos y de la caída de la cotización del dólar. Para el diario Financial Times, no hay ninguna duda sobre las intenciones de la medida: "Chile se ha sumado a la guerra de las divisas para ayudar a sus exportadores".

Con todo, Chile ha decidido manejar la situación con mayor cautela y menos combatividad que Brasil, donde el Gobierno lleva varios meses hilvanando declaraciones explosivas contra la caída del dólar y el artificialmente bajo nivel del yuan con una tanda de acciones para detener la escalada del real. Chile, de momento, no prevé más actuaciones en defensa del peso. Así al menos lo ha expresado el gobernador del Banco Central de Chile, José de Gregorio, para quien de momento es innecesario aplicar más medidas de intervención para evitar la apreciación del peso chileno frente al dólar. "El plan de intervención funciona y nos permitirá incrementar el nivel de reservas y proporcionar estabilidad transitoria a los tipos de cambio, aunque está muy claro que no tiene un efecto permanente. Necesitamos ajustes nacionales en productividad porque van a mantenerse las tensiones en los tipos de cambio", aseguró el banquero. Pese a la prudencia, eso sí, De Gregorio dijo no descartar "ningún tipo de medida (ulterior) con el fin de proporcionar estabilidad a la economía".

Brasil, a la carga

Brasil lleva adoptando medidas desde el cuarto trimestre de 2010, la última de ellas la aplicación de un encaje equivalente al 60% de las posiciones que los bancos mantienen en dólares siempre que superen los 3.000 millones o el valor patrimonial de referencia de la institución. Además, Brasil aumentó su tasa fija sobre las inversiones extranjeras desde el 2% al 6% en octubre del año pasado. Desde que en septiembre de 2010 el ministro de Finanzas brasileño, Guido Mantega, sugiriera que el mundo estaba enfrascado en una guerra de divisas y Brasilia tratara en vano de que el G-20 adoptara un acuerdo vinculante para frenarla, con compromisos firmes de EEUU y de China para revaluar sus monedas, el país se ha enzarzado en una auténtica batalla dialéctica y práctica para proteger sus intereses frente a las tensiones cambiarias, batalla que ha terminado involucrando a buena parte de las naciones del Cono Sur que, como gran parte de los países emergentes del mundo se sienten frustradas por lo que consideran un grave daño colateral: la apreciación de sus monedas frente al dólar a expensas de la competitividad de sus exportaciones, sector que para la mayoría es la locomotora de sus economías.

La nueva presidenta de Brasil, Dilma Rousseff, ha comenzado su mandato con un duro alegato contra la caída del dólar y ha declarado que su prioridad en 2001 será mantener la batalla para evitar la apreciación del real frente al billete verde. Y su ministro Mantega ha dejado claro que Brasil prepara ya nuevas actuaciones para prevenir que el real suba, incluyendo una queja contra EEUU y China ante la Organización Mundial de Comercio (OMC) sobre la manipulación de los tipos de cambio. "Se avecina una guerra comercial y es inminente. La guerra de las divisas va camino de convertirse en guerra comercial", ha señalado en los últimos días.

Las explosivas declaraciones de Brasil por la situación generada por el dólar débil han molestado a la propia Reserva Federal de EEUU, cuyo presidente, Ben Bernanke, publicaba a mediados de mes una carta abierta en la que reconvenía a Mantega y a los políticos en general por la facilidad de sus acusaciones y la creación de términos exagerados como guerra de divisas. En la misiva, el presidente de la Fed felicitaba irónicamente al ministro brasileño por quejarse finalmente también de China y de su yuan artificialmente bajo y, aun reconociendo que la quantitative easing (QE) de EEUU empeora la situación de presión sobre el real, le instaba a no culpar a la política monetaria norteamericana de todos los males. "La QE es sólo otra forma de hacer política monetaria y los tipos en EEUU son bajos porque la economía del país está más floja que la de Brasil", argumentaba Bernanke.

Factor exterior

Chile, por su parte, es consciente de que parte del problema estriba en el sólido crecimiento que muestra su economía, que se ha recuperado con rapidez de la caída de 2009 y de los efectos del terremoto de comienzos del año pasado: en el tercer trimestre de 2010 el país registró un avance del 7% y todo apunta a un aumento del PIB de torno al 6% en 2011. Pero, aunque las autoridades reconocen que una economía sólida suele implicar una divisa sólida, también son conscientes de que la actual apreciación de la moneda chilena va más allá de lo atribuible a la fortaleza económica y de que las tensiones cambiarias están aportando un grave factor de desestabilización.

Según un informe de Banchile Inversiones, sólo el 20% de la apreciación del peso corresponde a decisiones adoptadas a nivel nacional (política monetaria, colocación de bonos...), mientras que un 80% es atribuible a factores sobre los que el país tiene escaso o nulo control, como el precio del cobre (principal producto de exportación del país) o la depreciación general del dólar en los mercados. Es decir, que el problema no es que el peso se haya fortalecido, sino que el dólar se ha debilitado en exceso, y esa es una queja común de casi todos los emergentes. A los mercados en desarrollo les inquietan los aumentos repentinos en su tasa de cambio, en particular frente al dólar, la moneda en la que se efectúa la mayoría del comercio internacional, y la resultante pérdida de competitividad internacional. Pero también acusan a China de fomentar los desequilibrios comerciales. Al igual que EEUU, Latinoamérica juzga que, con el fin de impulsar su arrollador crecimiento exportador, Pekín mantiene artificialmente bajo el yuan, que se sitúa a un cambio muy poco en consonancia con los indicadores económicos fundamentales chinos y cuya debilidad aumenta la presión alcista sobre las monedas de todos los emergentes.

Perú, cuya economía está altamente dolarizada y teme distorsiones en su economía, podría en breve adoptar nuevas acciones para paliar la debilidad del billete verde, tras haber adoptado ya medidas en 2010, al igual que Colombia y Brasil. Entre las grandes economía de Latinoamérica, sólo México no contempla medios para debilitar su moneda vía intervenciones o establecimiento de controles en los flujos de capital. Pero no sólo Latinoamérica se revuelve y se defiende como puede de la debilidad del dólar y del yuan. Tailandia introdujo en octubre un impuesto de retención del 15% a los inversores extranjeros en sus bonos. Y Taiwán, Indonesia y Corea del Sur también adoptaron disposiciones defensivas similares el año pasado.

Para los expertos, el problema de fondo es el descontento actual con el sistema monetario internacional, que emplea el dólar como moneda de reserva, lo que hace vulnerables a otros países, para bien o para mal, a los vaivenes de la política monetaria de EEUU. Cada vez más voces reclaman una reforma en profundidad de un sistema nacido en Bretton Woods tras la II Guerra Mundial y que ha sido superado por la nueva realidad económica y financiera global.http://media.ft.com/cms/28bf4a0c-dea7-11da-9dc7-0000779e1a7c.jpg