ANÁLISIS
Salgado, contraria a la tasa bancaria, ya calcula lo que ingresará con ella
Trichet se une a las críticas de Reino Unido, Holanda y España
Los bancos españoles pueden dar gracias a que la medida exige la unanimidad de los Veintisiete países de la Unión. De no ser así, ya deberían estar echando las cuentas sobre el coste de la nueva tasa, cuya propuesta ha asumido el ejecutivo comunitario. Impulsada por la iniciativa del eje franco-alemán el resto de países puede dar por aprobada su aplicación aunque de momento haya que esperar. No será por mucho tiempo. La Cumbre extraordinaria de los días 28 y 29 de octubre volverá sobre ello. Antes de nada hay que precisar que se están discutiendo dos cosas diferentes: por una parte está la tasa bancaria y, por otra, la tasa sobre las transacciones financieras.
El Ejecutivo comunitario planteó ayer sobre la tasa a las transacciones una gama bien diferente de posibilidades. Aunque todavía no sabemos bien de que se trata, el ministro del Tesoro Británico, George Osborne, se opuso frontalmente a la misma advirtiendo que se estaba perdiendo el tiempo discutiendo sobre esta materia cuando hay muchas alternativas mejores para pasar el tiempo.
Al rechazo del Reino Unido se unieron España, Suecia, los Países Bajos y el Presidente del Banco Central Europeo. Todos hablan del riesgo de las deslocalización de las entidades financieras hacia Suiza o Shanghai.
Elena Salgado confirmó que España se encuentra entre los países más reticentes a esta iniciativa por considerar que puede provocar deslocalizaciones y acabar repercutiéndose en los clientes.
Según la vicepresidenta segunda del Gobierno, tenemos sucesivos ejemplos de que la imposición de una medida parecida a esta en ámbitos locales o en ámbitos geográficos reducidos ha motivado, primero una deslocalización, y en muchos casos también una traslación del importe de este impuesto hacia el consumidor final y por lo tanto un encarecimiento de los servicios financieros que podría en este momento dañar el crecimiento.
En cambio, siguiendo los silogismos tan queridos a los cartesianos franceses, la ministra gala de Finanzas, Christine Lagarde, replicó que aunque su aplicación tenga dificultades, técnicamente es realizable, políticamente es deseable y financieramente útil.
El comisario europeo de fiscalidad, el griego Algirdas Semeta, no tuvo más remedio que prometer que propondrá una propuesta de comunicación en octubre de cara a la cumbre de los días 28 et 29.
En cuanto a la tasa bancaria propiamente dicha, la vicepresidenta admitió ayer martes, que si España crea una tasa a los bancos porque lo apruebe la Unión, sus ingresos se destinarán a financiar los presupuestos y no a constituir un fondo de resolución para liquidar a las entidades con problemas, como propone la Comisión en su documento inicial.
En cuanto a la tasa, los ministros de Economía de la UE han expresado una opinión favorable para que sean las entidades financieras y no los contribuyentes los que se hagan cargo de los costes de futuras crisis. Pero no hay acuerdo sobre qué base imponible se aplicará la tasa ni el destino que se dará a la recaudación que se logre con la tasa. Alemania tiene previsto constituir un fondo de resolución, mientras que Francia y Reino Unido la dedicarán a los presupuestos nacionales.
Salgado, que hasta ahora se había mostrado contraria a la misma, defiende ahora que debe gravar los pasivos, exceptuando el capital y los depósitos. En cuanto al uso, Salgado matiza que España cuenta con el Fondo de Garantía de Depósitos, que solo se puede utilizar para esa garantía de los depósitos.
Pero enseguida ha añadido que si se decidiera ampliarlo a otros pasivos distintos de los depósitos, España también se plantearía una posible utilización presupuestaria.
Según la Comisión España se situaría en la banda baja de los países de la Unión Europea en cuanto a recaudación por la tasa bancaria porque habría que descontar lo que las entidades aportan ya al Fondo de Garantía de Depósitos y porque la banca es de las que menos utiliza los pasivos distintos a los depósitos.
Según los cálculos de la Comisión, España podría recaudar entre 490 y 1.905 millones de euros al año con el nuevo impuesto a los bancos.
Los ingresos generados por la nueva tasa bancaria en toda la UE oscilarían entre 26.200 y 4.900 millones de euros al año, dependiendo del método que se elija. Los países que más recaudarían son aquellos con mayor actividad financiera: Reino Unido hasta 5.537 millones, Alemania, 4.492 y Francia unos 3.215 millones.