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Publicado el sábado 25 de septiembre de 2010
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Monitor de EE.UU.

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Los fondos gestionados por estos expertos caen un 61% desde 2007

¿Dónde están los quants?

Los genios de las matemáticas aplicada a los mercados han perdido su encanto

quantsManuel Lionza.– Fueron en gran medida los protagonistas del cambio generacional que anhelaba el sector financiero y también la respuesta a su creciente sofisticación. Gestores de fondos, casas de bolsa, firmas de análisis, banca de inversión y todo el entramado de los mercados financieros quedó deslumbrado con la llegada de una generación de jóvenes universitarios formados en las matemáticas o la física cuánticas. El casino financiero parecía haber encontrado un moderno Santo Grial científico para anticipar el número exacto donde se detiene la bolita de la ruleta o las posibilidades ciertas de conseguir un póker de ases. La matemática y la especulación financiera formaron una pareja de moda que para muchos parecía estar tocada por la mano de Dios. Y en eso llegó la crisis y los cerebros perdieron la gracia de los inversores.

Los activos totales de los fondos estadounidenses basados en una estrategia cuántica se desplomaron a 467.000 millones de dólares desde los 1,2 billones en 2007, una caída del 61 por ciento. El descenso refleja tanto las inversiones erróneas como la retirada de fondos de los inversores. La luna de hiel de la crisis financiera ha provocado que uno de cada cuatro de esos fondos haya desaparecido desde 2007. El sector de fondos cuánticos recuerda con especial amargura el día en que Bearn Stearns fue adquirido por JP Morgan por una modesta cifra para evitar su quiebra porque marcó el declive de sus gestores estrella. Fue el principio del fin para la mayoría de ellos, según testimonios de quienes vivieron de cerca aquellos acontecimientos.

Aún se recuerda entre las ruinas del cataclismo subprime cómo la generación "quant" se convirtió en la prima donna de la gestión de fondos ganando millones o miles de millones de dólares, incluso por cuenta propia. Profesores o estudiantes especialistas en ordenadores o ciencias físicas abandonaron sus torres de marfil donde realizaban otro tipo de especulaciones para saltar a Wall Street y convertirse en sus nuevas estrellas rutilantes.

En la actualidad, el sector financiero, sin renunciar a la renovación tecnológica y la búsqueda de programas informáticos más capaces y fiables, ha vuelto a contratar a operadores de carne y hueso, cuyo rendimiento está superando al de los modelos informáticos anteriores. Gran parte del dinero que está saliendo de los fondos cuánticos está retornando a aquellos otros fondos gestionados por humanos. Según algunos analistas, ello se debe a que muchos inversores se sintieron decepcionados por la gestión basada en modelos computerizados que, a pesar de su elevada sofisticación, fracasaron en proteger su dinero de las grandes pérdidas incurridas cuando sobrevino la crisis.

Lo más paradójico es que durante los buenos tiempos hubo un número de gestores que se pasaron a los modelos cuánticos emulando los mismos criterios para invertir, de manera que las apuestas eran comunes y los movimientos alcistas o bajistas de unos y otros fueron parejos.

¿Qué pasó? ¿Por qué el sector no aprendió del primer aviso grave cuando la Fed intervino en 1998 el Long Term Capital Management, que contaba entre sus cerebros con varios Premio Nobel en ciencias? Los analistas dicen que el sector aún está haciendo su propia catarsis para tratar de buscar explicaciones más o menos convincentes.

Algunas versiones apuntan simplemente a fallos humanos; otras, a la histeria de los clientes que retiraron grandes sumas en tan poco tiempo que los fondos se vieron obligados a deshacerse de sus inversiones con pérdidas. Y otras, dirigen el dedo a los modelos informáticos que no lograron predecir la reacción de los mercados ante una catástrofe tan profunda como la vivida en los primeros meses de la crisis, con acontecimientos, como la quiebra de Lehman y la crisis crediticia, sin precedentes en ninguna otra crisis anterior.