Monitor de la Construcción
Suprimir concesiones planificadas supone menos actividad productiva, menos ingresos fiscales y más gastos sociales
La última veleidad de Zapatero no satisface a nadie
La reducción del recorte en obra pública, forzada por la mayor expectativa de paro y la extrema situación financiera de algunas CC.AA.
A finales del pasado mes de julio, en puertas de la desbandada general por vacaciones, el presidente de la CNC, Juan Lazcano, conseguía lo que ya se conoce en este sector como "la Foto". En una comparecencia ante los medios de comunicación consiguió sentar unidos por primera vez de cara a la opinión pública, con el mismo mensaje y con unánime y clara reprobación del recorte perpetrado por el Gobierno en materia de inversión en infraestructuras para este y los próximos años, a todos los presidentes de las asociaciones patronales del sector constructor de obra pública. Allí estaban juntos, por primera vez, los máximos ejecutivos del conjunto de empresas dedicadas a la obra pública: de la CNC en la que el resto está integrado, de los grandes grupos, de las medianas empresas, de las de ámbito regional y de las dedicadas a fabricar, proporcionar y elaborar en obra los diversos materiales de construcción.
Allí había dos ex directores generales de carreteras, un ex secretario de estado y dos ex ministros. Allí hubo una foto inédita y un claro mensaje al Gobierno: el recorte es un desastre para una actividad productiva que aporta una contribución aún fundamental para el mantenimiento del empleo, la actividad empresarial y la creación de riqueza; el recorte de gasto público final no es tal, sino menos de la mitad del anunciado, porque el resto lo dejarán de ingresar las arcas públicas -ingresos fiscales, de la Seguridad Social, etc.- o equivaldrá a lo que tengan que gastar adicionalmente en ámbitos como en el de las prestaciones sociales por desempleo, por no mencionar el de las indemnizaciones o abono de lucro cesante a las empresas a las que se le suspenden obras de acuerdo con la legislación vigente.
El recorte no debe cercenar actividad productiva sino que hay que explorar todos los caminos existentes -que los hay y muchos- para que el menor gasto público se asiente sobre otros gastos no productivos de modo que, además, se continúe generando actividad en el sector de obra pública, como por ejemplo la euroviñeta o las privatizaciones de empresas públicas que no tiene razón de ser o repiten y coartan actividad privada o serían sin ninguna duda mejor gestionadas por la iniciativa privada. Y, sobre todo, el sector avisó de que se produciría un durísimo e inminente aluvión del paro sectorial que, a estas alturas del calendario, ya no es ni siquiera noticia reseñable.
En un mundo en el que la visión gráfica -instantánea o en movimiento a través de foto, televisión o video- supera ampliamente cualquier percepción reflexiva o argumental de la realidad, "la Foto" debió sentar al Gobierno como un tiro, acostumbrado como está -desde su presidente a su último/a mindundi- a hacer uso indiscriminado del recurso a la foto sin contenido en cualquier situación adversa. Ya lo proclamó Don DeLillo (Underwold): "no importan las ideas, las razones. Solo hay una realidad. El que controla los ojos, controla el mundo".
Y Zapatero -dejando a sus propios ministros con el culo al aire- le cogió de nuevo el gusto a la técnica del cambio de rumbo, a la veleidad como fórmula de gobierno, al rectificado sobre la marcha, al enunciado derivado en dogma de que la verdad es relativa, muy relativa y, sobre todo, a quién le importa la verdad si les doy en el momento oportuno una palmadita en el hombro. A mediados de agosto decidió proclamar urbi et orbe que el recorte en infraestructuras ya anunciado y en marcha era excesivo, que ya no teníamos en España exceso de infraestructuras, sino solo en según qué territorios. El recorte del recorte ha sido de momento -si no hay un nuevo cambio o veleidad- de quinientos millones más otros doscientos adicionales sobre los más de seis mil inicialmente previstos, suma y sigue.
¿Y por qué? Porque es más que probable un aumento del paro sectorial a la vuelta de las vacaciones; porque hay unas elecciones autonómicas en el próximo horizonte -en muchas CC.AA. los resultados de las recientes encuestas, antes de ser manipulados o "cocinados", señalan incertidumbres inéditas o catástrofes probables-; porque es inminente una huelga general; porque la reforma laboral languidece en situación comatosa y la última versión no parece contentar de veras a nadie; porque hay una perentoria necesidad de sumar apoyos ante la soledad del Gobierno para aprobar los Presupuestos del año 2011.
Porque le preocupa a este Gobierno, tan presto para pagar rescates y tan lento para generar confianza, las consecuencias del tsunami provocado por el efecto combinado de la enorme deuda viva que CC.AA. y ayuntamientos tienen con sus contratistas e incluso en algunos casos con sus trabajadores, junto con la amenaza nada velada en algunos casos de suspender contratos de servicios urbanos por un retraso tercermundista en los pagos estipulados; porque hay barruntos de una catarata de peticiones y recursos de constructoras afectadas por los recortes exigiendo las compensaciones a las que tienen derecho por ley cuando hay rescisiones unilaterales de contratos firmados. Y también porque "la Foto" del sector cabreado puede haber sido interpretada como "esta vez tenemos que ir en serio, presidente, estamos en niveles de mera supervivencia". Por eso.
Todo ello ha activado en ZP el efecto "veleidad" por enésima vez: donde quitamos de un plumazo seis mil y pico millones, ponemos otra vez setecientos en cómodos plazos y parecerá que hemos atendido con mucho amor y celo las demandas del sector, pero sobre todo contendremos el cabreo de nuestros socios en alguna CC.AA. Y si mañana los indicadores coyunturales mejoran, pues pelillos a la mar, volvemos a lo de siempre y nos olvidamos del recorte del recorte retrasando o suspendiendo de nuevo lo que sea menester.
Y también dejamos para más adelante la pavorosa deuda de los ayuntamientos -y de algunas CC.AA.- con las empresas de servicios, con las constructoras y, en general, con cuanto ingenuo ha caído en la tentación en los últimos meses de contratar con estas administraciones públicas, incluyendo personal laboral, currantes a tiempo parcial y contratados eventuales, que haberlos, haylos, y más de lo que parece a pesar del discurso santurrón de los representantes de sus mismos partidos en las Cortes cuando se escandalizan por el gran número de contratos temporales que hay en la sociedad civil y no te digo ya en la construcción.
El efecto "veleidad" no nos va a sacar de la crisis. Más bien tiene todos los visos de que está afectando de manera irreversible a nuestros gobernantes, que ya no disciernen con claridad en qué realidad vivimos. Volviendo a DeLillo y su devastada visión de la humanidad: "¿Te has topado alguna vez con la palabra ‘veleidad'? Es la voluntad en su grado más bajo. Si eres de voluntad débil, ¿entiendes?, terminas aposentándote en los más superficiales cambios y giros de tus propias inquietudes, ¿comprendes lo que te digo?".