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Publicado el viernes 9 de julio de 2010
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Lisboa relativiza la eficacia de la sentencia del TJE sobre su 'golden share' e insta al diálogo

José Sócrates exige a Telefónica un 'plan B' en su estrategia para hacerse con Vivo

Consistiría en dar una salida airosa a los intereses lusos en Brasil con alternativas de compra de otros operadores

José SócratesJosé Alves-Lisboa.– Portugal siempre se ha considerado ante Bruselas y la opinión pública nacional como un "bueno alumno" de la Unión Europea. Un "alumno" que "respeta y cumple íntegramente" las reglas del Tratado de Lisboa. Y lo mismo hará ahora con la sentencia del Tribunal de Justicia Europeo (TJE), que declaró el miércoles la ilegalidad de la "acción de oro" que el Estado portugués ostenta en Portugal Telecom (PT) y que puso en práctica el 30 de junio para impedir la venta a Telefónica de su 30% en la brasileña Vivo. Una venta que había sido aceptada por el 74% del capital representado en la junta de accionistas contra el pago de 7.150 millones de euros, pero que tropezó  con el veto del gobierno socialista, bajo el pretexto de que la solución pactada entre Telefónica y el núcleo duro nacional de PT (el BES y Ongoing, principalmente) no tenía suficientemente en cuenta los intereses nacionales. Lo que dice ahora Lisboa es que la sentencia del TJE "abre una nueva fase" en la lucha entre Telefónica y PT por el control de Vivo, pero advierte que "no tiene efectos retroactivos" y que ambas  operadoras tendrán que negociar una salida que "salvaguarde los intereses nacionales". José Sócrates exige a Telefónica un plan B que permita una salida airosa a su Gobierno y a PT, preferiblemente en Brasil.

Lo cierto es que el "bueno alumno" de la UE entiende a la vez "acatar" la sentencia del TJE y "relativizar" su aplicación, argumentando que visa exclusivamente la "configuración de los derechos especiales" del Estado en PT, sin afectar pues las "decisiones ya tomadas" (el veto gubernamental a la venta de Vivo) y sin poner plazos ni condiciones a Lisboa de cara a la "adaptación" de los estatutos de la operadora a la legalidad europea. Eso fue lo que dijo el jueves el ministro de la presidencia Pedro Silva Pereira, a la salida del consejo de ministros, advirtiendo además que si Telefónica y PT no encuentran los próximos días la forma de salvaguardar los "intereses nacionales", Lisboa sólo podrá mantener su "veto" a la venta de Vivo.

El mensaje del gobierno presidido por José Sócrates es muy claro. El "acatamiento íntegro" de la decisión del TJE -que según Pedro Silva Pereira no es de aplicación inmediata y sólo tendría la eficacia de una declaración de principios de Derecho Europeo en relación con la aplicación de las "acciones de oro"-,  no es incompatible con la decisión tomada por el Estado en la junta de accionistas de PT. Pero, según los analistas, la gran preocupación de Sócrates es salvar las apariencias: habiéndose colocado ante la opinión pública como defensor de unos "intereses nacionales" que sólo los grandes accionistas de PT estaban dispuestos a vender por 7.150 millones de euros, el primer ministro luso es consciente de que no conviene a Portugal poner en tela de juicio al TJE y presiona a PT e a Telefónica  para que le presenten un "plan B".

Así, al margen de la cuestión especifica de los "derechos especiales" para la cual Sócrates tiene ya una solución en vista y que consiste en confiarlos al banco público Caixa Geral de Depósitos (CGD), que es accionista de referencia de PT con una participación cercana al 8%, Telefónica y PT tendrán que ponerse de acuerdo para superar el veto gubernamental. Y sólo cabe una salida posible: habiendo ya decidido sentarse a la mesa para negociar, bajo la presión conjunta de Sócrates y de Zapatero (son "muy buenos amigos" y harán todo lo que sea necesario para salvaguardar las "buenas relaciones" entre Lisboa y Madrid), César Alierta y su homólogo luso en PT, Zaniel Bava, tendrán que hacer un esfuerzo de imaginación, para "reformular" de algún modo la oferta española por Vivo y cuyo plazo de aceptación fue extendido hasta el 16 de Julio.

Queda una semana para que César Alierta ponga en la mesa un "plan B", no tanto para Telefónica sino más para PT. Precisamente lo que no hizo nunca Zaniel Bava, que cuando ya se daba por descontado que el accionariado de la operadora lusa exigía una oferta suficientemente fuerte para que fuera "irrechazable" (eso fue lo que pasó en la junta), aún mantenía que no tenía previsto ninguna otra alternativa para su grupo que no fuera mantenerse en Vivo. Y lo que está ahora muy claro para ambas operadoras, es que para Sócrates el precio aceptado por los accionistas de PT es lo de menos: lo que él exige es que Telefónica sea lo suficiente hábil o generosa  para garantizar algún futuro brasileño a PT.

Es como si unos y otros tuvieran que volver al punto de partida, antes de que Telefónica pasara a la ofensiva. O sea, cuando aún se discutía la cuestión de saber si la "joint venture" luso española en Brasil, iniciada hace una decena de años, estaba ya irremediablemente condenada, o si quedaba aun alguna posibilidad de salvarla. Se habló entonces de varias salidas posibles, como la fusión de la rede móvil de Vivo con la rede fija de Telesp, que es 80% propiedad de Telefónica, lo que supondría para PT tener una participación financiera minoritaria en la nueva empresa que saldría de la fusión. Zaniel Bava siempre rechazó esta solución, explicando que lo que aspira PT en Brasil, no es tener una simple participación financiera, sino una participación activa como la que lleva compartiendo unos 13 años con Telefónica en Vivo, que representa  hoy la mitad de sus ingresos y 70% de su clientela.

Lo más probable ahora, considerando que la administración de PT tendrá que respetar la voluntad del 74% de accionistas que aceptaran la suculenta oferta  de Telefónica por el 30% luso de Vivo, es que César Alierta y Zaniel Bava lleguen a un acuerdo sobre los plazos y las modalidades de la operación. Así, además de la "salida progresiva" de PT de Vivo que ya está contemplada en la oferta española (propone un plazo de tres años para que PT pueda buscar otras alternativas para aplicar los 7.150 millones de euros de Telefónica), se habla de una "reestructuración" de la "joint-venture" Brasilcel que controla un 60% de Vivo. Lo que habría que evitar, según los analistas, es que PT se sienta como un animal acorralado y sin futuro en Brasil, que es donde tendría que situarse el "plan B" que Sócrates reclama para retirar el polémico - y ahora ilegal - veto gubernamental a la oferta española.

Fuentes de PT comentan al respecto que la insistencia que pone Sócrates en que el futuro de una PT internacional, con 100 millones de clientes y más de 50% de ingresos exteriores sólo puede estar en Brasil, exigiendo además que esté ya contemplada de algún modo en la oferta de Telefónica, "no hace más que complicar la estrategia de la operadora. "Lo que hace el primer ministro, es poner más presión en PT para que busque rápidamente una alternativa, y puesto que se habla principalmente de la operadora móvil y fija Oi, que tiene 60 millones de clientes, es inevitable que el precio de la operación eventual se ponga por la nubes". Además, PT no estaría en situación de concretizar rápidamente esta alternativa: el presidente Lula da Silva apuesta más en tener a una Oi de capital brasileño, y los accionistas de la operadora ya  están reclamando apoyo oficial para hacer frente a una eventual Opa no deseada de PT.

El "plan B" podría contemplar otras salidas en Brasil como la entrada de PT en TIM, que fue otra posibilidad avanzada inicialmente, antes de la ofensiva de Telefónica. Sin embargo, no es en una semana que Cesar Alierta y Zaniel Bava podrían negociar esta salida, cuya concreción requeriría además negociaciones con Telecom Italia.  Lo que también podría cambiar todos los planes actuales de unos y otros, seria la "fusión" de ambas operadoras ibéricas, que tendrían así solucionado su futuro conjunto en Brasil. Son muchos los analistas que especulan ya sobre esta posibilidad, aunque considerando que para llegar a este tipo de solución, Alierta y Bava necesitarían mucho más que una semana, que es todo el tiempo del que disponen ahora, y  nada más que para cerrar las heridas abiertas los últimos tiempos y para llegar a un acuerdo que sea aceptable no solo para ambas partes sino también para el impopular núcleo duro nacional de PT y para Sócrates, ante la imperiosa necesidad de salvar las apariencias.