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Publicado el jueves 8 de julio de 2010
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UN BANCO EN EL RETIRO

Reino Unido, del Este al Oeste

Un paseo por las islas británicas postmodernas

TatePor Luis Alcaide.– Paseo por el este londinense con un preámbulo galés y también un recorrido por el Londres tradicional. La vieja Tate ahora Tate Brittain que no renuncia a la contemporaneidad mas rabiosa de escultores, cartelistas y pintores británicos; ningún sonrojo por la promoción propia a diferencia, me vino allí a la memoria, de nuestros pudores antinacionalistas y entusiasmos globalizantes de esos premios Príncipe de Asturias. Tarde noche en el Coliseum-Charing Cross - St. Martin, un Imeneus de Mozart cantado en inglés y un coro mas que sobresaliente además de una puesta en escena en el que las cortes de Troya y Creta son despachos y pasillos de cualquier multinacional y el espigón sometido a las iras de Poseidón es una convencional sala de espera de aeropuerto con todas sus martingalas y frustraciones.

Gales es tierra de castillos e iglesias, lo mismo que Inglaterra, y también de paisajes y antiguas minas de carbón. Solo nos asomamos un poquito. Mi esposa, yo y mi hijo que conduce por la izquierda. De Londres a Bristol hay una excelente autopista gratuita cuyo único inconveniente es encontrar su salida en Londres, una difícil hazaña. Porque a pesar de esa tasa de 12-20 libras diarias que, efectivamente, desanima la circulación de automóviles, los autobuses y los taxis se sobran para bloquear las estrechas calzadas de la ciudad.

Dejando Bristol al suroeste dos magníficos puentes salvan el estuario del Servern; el mas septentrional conduce a Chepstow, Gales, desde donde se inicia el valle del Wyn hasta el Gales central. Un castillo normando nos da la bienvenida. Construcción de piedra y advertencia de que romanos, primero y normandos, después, sean quizá responsables de esa organización británica tan eficaz en tanto que sajones y vikingos proporcionen la inventiva y la exigente individualidad. Un buen maridaje en el que el rechazo al DNI acepta hipócrita e inteligentemente la tiranía democrática reforzada recientemente por unas cámaras orwelianas que salvaguardan la seguridad pública y desprecian la intimidad.

Remontando el curso del Wye, precioso paisaje verde, aparecen los vestigios muy bien conservados de una impresionante abadía gótica, testimonio de los benedictinos continentales. El río y un arisco acantilado del lado inglés marcan la frontera hasta que los barrancos calizos quedan absorbidos por una paramera de arenas rojas: Gales central. En Abergtavenny, St. Mary´s prior Church, también benedictinos normandos. Solo cuatro monjes supervivientes cuando en 1536 se promulga la Ley de Disolución de los Monasterios.

La parroquia y sus espléndidas tumbas de alabastro se salvan gracias a la creación de una escuela pública, comentarios del prior a los que añade un encendido elogio por el juego del equipo español ante Portugal -el vicario acaba de regresar de Cascaes, donde sufrió la ruidosa celebración de la victoria portuguesa sobre Corea del Norte- y también quizá por aquello de ser españoles una reflexión sobre sus buenas relaciones con el párroco católico. A la pregunta de si la iglesia era "Church of England" la respuesta es: "Sí y no, pero más bien Church of Wales"

Regreso hacia Cardiff a través de sierras de 700 metros de altura con vegetación de alta montaña en sus cimas; sierras que delimitan los valles carboníferos, minas abandonadas y ciudades mineras semejantes a las del norte de España. Sorpresa: los coches aparcados en las calzadas sin duda porque los urbanistas nunca pensaron que un minero dispondría de un garaje. Recuerdos de tragedias en los pozos y galerías y la desolación por el abandono de las minas. Miserias familiares y una crisis sin contemplaciones hasta que los laboristas organizaron el seguro de desempleo.

Regreso a Inglaterra vía Gloucester, ruta sentimentalmente obligada. Año 1952, mis dos primeros meses en esas colinas de los Costwolds; campos para estudiantes y trabajadores organizados ante la escasez de mano de obra para la recogida de remolacha, fresas, patatas o manzanas. El paisaje mantiene su belleza pero ahora hay muchos mas coches y mucho mas ruido. Sin embargo Gloucester Cathidral resulta todavía atractiva con sus vidrieras del ala este y el claustro de abanicos góticos escenario del primer Harry Potter cinematográfico.

Londres oriental. Farrington y St. John Gate como punto de partida - no olvidar "The Modern Pantry" un restaurante exquisito con un verdejo blanco- hacia el marcado de aves y carnes "Smithfield" salvado de un incendio y rodeado de Pubs tan pintorescos como atractivos. Llegamos a ese gran agujero que provocaron las bombas alemanas en busca de las fábricas de armas en el que se ha levantado Barbican: unas Torres Blancas, como las Sanz de Oiza, pero multiplicadas por 20 o 40. Una arquitectura en busca de la conjunción de la privacidad y la socialización de la vecindad. Bertrand Russell y sus aspiraciones sociales. Espacios comunes atractivos pero vacíos. La ambición de la intimidad he prevalecido y la frialdad de las utopías ha sido derrotada por todas las iniciativas que han aparecido en sus alrededores.

Al norte Silington Green, barrios laboristas universitarios con Tony Blair a la cabeza. Hacia el este vía Brican Lane y Spitalfieldsartmarket y todo el enorme batiburrillo de Liverpool Station. Fábricas reconvertidas en apartamentos, una algarabía de ofertas, creatividad y diseño británico aunque a veces el creador sea un vietnamita para el que cosen mujeres pakistaníes. Muchísima originalidad, muchísima excelencia, pocos extranjeros y muchos británicos que también hacen cola ante la pastelería turca súper sofisticada de Otolenghi. El mercado como punto de reunión ha salido victorioso.

Octavos y cuartos de final ante el televisor festejado con cavas y vinos españoles adquiridos en el supermercado de la esquina. La oficina comercial de España y el ICEX han conseguido atraer a nuestros productores que se desenvuelven con gran desenvoltura. Las cerezas del Jerte son las nuevas naranjas españolas.

Regreso a la madre patria. El calor madrileño es tan genuino que renuncio a mi banco del Retiro para trasladarme a las estribaciones de la Maliciosa. Se quedan cosas en el tintero que quizá habría que volver sobre ellas, pero vamos a esperar a ver que ocurre con los alemanes y más allá.